Ante todo, madre
LA CASUALIDAD me ha dado el día preciso de la madre para la publicación de mi columna en este periódico. Lógicamente no puedo evitar decir mis palabras correspondientes a este día tan celebrado en Panamá y en el que, mal o bien, se nos dicen palabras bonitas y nos hacen sentir más amor por las madres. Hay quienes dicen que existen malas madres y, hasta conozco una mata que lleva ese nombre. No creo que las haya. Las vemos irresponsables, despegadas, algunas prefieren pasar muchas horas en sus trabajos más que en sus casas; pero todas tenemos instinto de madres, de querer, en primera instancia a nuestros hijos y darles, de ser necesario, la vida.
Estamos conscientes del problema existente en Centroamérica, Caribe y toda Latinoamérica con los miles y miles de hogares que sólo cuentan con madres sin la presencia de los hombres que fungían como padres y apoyo en el hogar. No sólo abundan sino que creo, son los más. Nuestra cultura lleva a los hombres a ver en las mujeres tan solo un objeto sexual donde satisfacer sus instintos animales. No les importa cuál sea con tal de hacerlo a su manera, sin prevención, sin importarles que estén engendrando un hijo que luego ni reconocen. A veces lo hacen y conviven con ellos mientras sienta que esa mujer los satisface sexualmente, luego, sin decir ni una palabra, las dejan en la indigencia y sin el apoyo moral y económico. Como la madre se ocupa de la crianza de ese o esos hijos, ellos sólo la conocen a ella como quien los ama y les da manutención. Así se levantan, únicamente con el amor y la enseñanza de esa madre que dan la vida por los hijos.
Estos retoños crecen; ella los educa con su esfuerzo y cuando son profesionales, aparecen los padres "orgullosos" de ellos, sólo para aprovecharse. A veces, ni siquiera aparecen más y esos niños llevan el apellido de sus madres. Cuando crecen los escuchamos decir: cuando me case quisiera ser tan buen padre como lo fue mi madre.
A la larga, esos hijos le dan a sus madres todas las satisfacciones que puedan; les dan una vida digna y las aman en recompensan por lo hecho por ellos. Observen que, de los indigentes, olvidados, viejos que no tienen ni que comer, el 95% son hombres que no atendieron sus hijos antes y ahora la soledad es su compañera. No sucede igual con las mujeres, sobre todo si fueron madres. Y esas madres encuentran en los buenos hijos lo que de jóvenes no encontraron en sus maridos.
Esto no sólo lo vemos en hogares que fueron pobres; lo vemos también en cualquier clase porque los divorcios privan en nuestra sociedad y también esas mujeres profesionales que se cansan de la vagancia de sus esposos mientras ellas se superan, deciden mandarlos a freír espárragos y quedarse solas con sus hijos. Desde luego que no son todos los hombres los malos padres. Conozco muchos que dan la vida por sus hijos, los atienden, los llevan y los traen; hacen sus tareas con ellos, les dan esparcimiento y hacen sentir su autoridad cuando es necesario. También los conozco que viven en el hogar, pero como figuras decorativas ya que es la madre quien atiende, hace tareas, lleva las riendas y toma decisiones.
Por esto las Madres son veneradas en el mundo entero, no importa el día, pero es el Día de la Madre y el más grande del año.
Hace poco viaje fuera del país en el hotel que me hospedaba vi el tráfico de niños más increíble. Me tocó presenciar una señora (la posible abuela) con una niña como de cinco años (la posible hermanita), entregar una niñita como de un año a una mujer extranjera. La señora salió seria y la hermanita sólo miraba hacia atrás como en señal de despedida. La que dejaron lloraba. Ese día se me atragantó el almuerzo y lloré ante la situación imaginado el trauma permanente de esa hermanita. También se ven esos casos y, supongo, lo hacen por necesidad. Pero es horrible. De todos modos quiero dar a las madres panameñas todo mi cariño y reconocimiento por lo buena que son; por lo verdaderamente madres que se comportan y por ser nuestras madres.
Estamos conscientes del problema existente en Centroamérica, Caribe y toda Latinoamérica con los miles y miles de hogares que sólo cuentan con madres sin la presencia de los hombres que fungían como padres y apoyo en el hogar. No sólo abundan sino que creo, son los más. Nuestra cultura lleva a los hombres a ver en las mujeres tan solo un objeto sexual donde satisfacer sus instintos animales. No les importa cuál sea con tal de hacerlo a su manera, sin prevención, sin importarles que estén engendrando un hijo que luego ni reconocen. A veces lo hacen y conviven con ellos mientras sienta que esa mujer los satisface sexualmente, luego, sin decir ni una palabra, las dejan en la indigencia y sin el apoyo moral y económico. Como la madre se ocupa de la crianza de ese o esos hijos, ellos sólo la conocen a ella como quien los ama y les da manutención. Así se levantan, únicamente con el amor y la enseñanza de esa madre que dan la vida por los hijos.
Estos retoños crecen; ella los educa con su esfuerzo y cuando son profesionales, aparecen los padres "orgullosos" de ellos, sólo para aprovecharse. A veces, ni siquiera aparecen más y esos niños llevan el apellido de sus madres. Cuando crecen los escuchamos decir: cuando me case quisiera ser tan buen padre como lo fue mi madre.
A la larga, esos hijos le dan a sus madres todas las satisfacciones que puedan; les dan una vida digna y las aman en recompensan por lo hecho por ellos. Observen que, de los indigentes, olvidados, viejos que no tienen ni que comer, el 95% son hombres que no atendieron sus hijos antes y ahora la soledad es su compañera. No sucede igual con las mujeres, sobre todo si fueron madres. Y esas madres encuentran en los buenos hijos lo que de jóvenes no encontraron en sus maridos.
Esto no sólo lo vemos en hogares que fueron pobres; lo vemos también en cualquier clase porque los divorcios privan en nuestra sociedad y también esas mujeres profesionales que se cansan de la vagancia de sus esposos mientras ellas se superan, deciden mandarlos a freír espárragos y quedarse solas con sus hijos. Desde luego que no son todos los hombres los malos padres. Conozco muchos que dan la vida por sus hijos, los atienden, los llevan y los traen; hacen sus tareas con ellos, les dan esparcimiento y hacen sentir su autoridad cuando es necesario. También los conozco que viven en el hogar, pero como figuras decorativas ya que es la madre quien atiende, hace tareas, lleva las riendas y toma decisiones.
Por esto las Madres son veneradas en el mundo entero, no importa el día, pero es el Día de la Madre y el más grande del año.
Hace poco viaje fuera del país en el hotel que me hospedaba vi el tráfico de niños más increíble. Me tocó presenciar una señora (la posible abuela) con una niña como de cinco años (la posible hermanita), entregar una niñita como de un año a una mujer extranjera. La señora salió seria y la hermanita sólo miraba hacia atrás como en señal de despedida. La que dejaron lloraba. Ese día se me atragantó el almuerzo y lloré ante la situación imaginado el trauma permanente de esa hermanita. También se ven esos casos y, supongo, lo hacen por necesidad. Pero es horrible. De todos modos quiero dar a las madres panameñas todo mi cariño y reconocimiento por lo buena que son; por lo verdaderamente madres que se comportan y por ser nuestras madres.