Antes que sea demasiado tarde
DESDE HACE tiempo venía renqueando... Herida casi de muerte y zaherida por las circunstancias, el maltrato y la estudiada indiferencia de una sociedad que la colocaba en segundo plano... Ella, con una responsabilidad inmensa, abrazaba a todos sus hijos, sin poder, cómo quisiera, arroparlos y preservarlos... Trataba de formarlos con las limitaciones que le imponían las circunstancias... Una madre sin ayuda, una madre-padre, un tronco cuyas ramas quizás no conocerían lo que significa la esperanza...
Ensimismada en las cifras que acababa de ver en la presentación hecha a actores de la sociedad panameña, sobre los escalofriantes resultados de las pruebas nacionales aplicadas a niños de 3°, 6°, 9° y duodécimo grado, me decía, "si la educación fuera persona, tendría alma de mujer" al tiempo que me interrogaba, "¿cómo se sentiría una madre si le dijeran que más de la mitad de sus hijos están mal y que probablemente nunca sepan lo que significa otear las mieles del éxito y el camino de la autorrealización?".
Cifras escalofriantes fueron acompañadas de una posición transparente y sorprendentemente humilde sobre el estado de cosas en la educación por parte del Ministerio de Educación. El mea culpa público cuya génesis para algunos era hacer frente a una reivindicación coyuntural de índole salarial por parte de los educadores, tenía un sentido más profundo: se trataba de la primera admisión oficial basada en un diagnóstico técnico científico a nivel nacional que indicaba que en educación, Estamos Mal.
Con anterioridad, los diagnósticos eran hechos a través de auditorías externas de instituciones internacionales, ONG´s o "think tanks". En esta ocasión, la realidad luchó por hacerse presente luego que fueran aplicadas a finales de 2005 pruebas muestrales a 29 mil estudiantes de 535 colegios del país en las diferentes regiones educativas. Se trataba, además, de una asignatura pendiente: los únicos países de América Latina que no tenían de una manera formal un sistema de medición de la calidad de la educación eran Haití y Panamá.
En el caso de Haití, uno de los países más pobres del mundo con inmensas carencias y graves desafíos de institucionalidad, esta situación era claramente entendible. Lamentablemente, en el caso panameño, no: desde hace años nos preguntamos cómo si invertimos más que respetables sumas de dinero en educación -6% del Producto Interno Bruto-, los resultados son absolutamente mediocres y con un evidente sesgo de inequidad ya que nadie puede negar que son los más pobres quienes reciben educación de menor calidad- Hasta ahora, no se habían echado mano a herramientas técnicas como las pruebas diagnósticas a fin de orientar la acción educativa.
Al aplicarse las pruebas y evaluar los resultados, aún sin comparar el rendimiento entre centros educativos y estudiantes según su perfil socioeconómico, la evidencia es demoledora: sumar y restar e inclusive escribir y hablar se convierten en competencias difíciles de lograr en porcentajes alarmantes de niños y jóvenes del país. Las dificultades son de tal magnitud que en ciertos casos abarcan las ¾ partes de los niños panameños que demostraron tener deficiencias en el tercer grado en español, nuestra lengua materna. "¿Cómo poder aprender si tienen dificultades para entender?", me interrogaba. Retumbaban en mi cabeza los números desnudos y descarnados: un 58.9% de deficiencias en matemáticas, un 57.4% en ciencias naturales y un 50.8% en ciencias sociales en tercer grado. Un 43.7% de los estudiantes de sexto grado demostraron tener serias dificultades para leer y escribir; el 51.7% tiene problemas para sumar y restar, un 44% es deficiente en ciencias naturales y el 75.6% en ciencias sociales. El 71.2% de los alumnos de noveno grado tienen graves limitaciones en español, el 85.3% en matemáticas, el 74% en ciencias naturales y el 72.7% en ciencias sociales. De los estudiantes de duodécimo grado, el 73.5% es deficiente en español, el 84.2% en matemáticas y el 68.1% en inglés.
"No manejan ni el español ni el inglés, ni mucho menos el idioma de la tecnología... ¿Qué esperanza tienen de aspirar a insertarse en el mundo productivo?" me pregunté... Por un momento pensé "qué más quisiera yo que esto fuera una exageración, pero la realidad es que todo apunta en esa dirección". Los resultados en las pruebas universitarias, el grado de repitencia y mediocridad en todo el sistema educativo, las serias deficiencias formativas que se reflejan en las enormes limitaciones de los jóvenes para hacerse parte del mundo del trabajo son evidencia dura que los resultados de las pruebas reflejan un panorama que aunque no nos guste e, incluso lo neguemos, es la realidad.
"No hay tiempo para buscar culpables o exculpar responsabilidades: urge que todos nos comprometamos a actuar ya... antes que sea, en realidad, demasiado tarde", me repetía al tiempo que miraba, aprehensiva, el reloj..
(*) La autora es Presidenta de la Unión Nacional de Centros Educativos Particulares.
El representante de Pedregal, Javier Líder, participó del cierre de calle a mediados de 2005 cuando estudiantes, docentes y padres de familia de la Escuela Cirilo J. Martínez protestaron por la ola de robos y en demanda del nombramiento de un celador.
En declaraciones al Panamá América, Líder calificó la seguridad en el corregimiento como "deplorable, terrible y catastrófica".
Para el concejal de Pedregal, los moradores tienen que maniobrar entre lo bueno y lo malo, por lo que el nombramiento de Alina Rujano, como nueva corregidora, es un paso positivo para que se tomen las riendas en momentos que la delincuencia parece estar ganado la batalla.
Los moradores de Pedregal expresaron su preocupación por la ola de delincuencia.
Aseguraron que las rondas policiales son escaszas.
A mediados de 2005 la escuela fue escenario de robos, que iban desde materiales de construcción, aires acondiciones hasta materiales escolares.
Ensimismada en las cifras que acababa de ver en la presentación hecha a actores de la sociedad panameña, sobre los escalofriantes resultados de las pruebas nacionales aplicadas a niños de 3°, 6°, 9° y duodécimo grado, me decía, "si la educación fuera persona, tendría alma de mujer" al tiempo que me interrogaba, "¿cómo se sentiría una madre si le dijeran que más de la mitad de sus hijos están mal y que probablemente nunca sepan lo que significa otear las mieles del éxito y el camino de la autorrealización?".
Cifras escalofriantes fueron acompañadas de una posición transparente y sorprendentemente humilde sobre el estado de cosas en la educación por parte del Ministerio de Educación. El mea culpa público cuya génesis para algunos era hacer frente a una reivindicación coyuntural de índole salarial por parte de los educadores, tenía un sentido más profundo: se trataba de la primera admisión oficial basada en un diagnóstico técnico científico a nivel nacional que indicaba que en educación, Estamos Mal.
Con anterioridad, los diagnósticos eran hechos a través de auditorías externas de instituciones internacionales, ONG´s o "think tanks". En esta ocasión, la realidad luchó por hacerse presente luego que fueran aplicadas a finales de 2005 pruebas muestrales a 29 mil estudiantes de 535 colegios del país en las diferentes regiones educativas. Se trataba, además, de una asignatura pendiente: los únicos países de América Latina que no tenían de una manera formal un sistema de medición de la calidad de la educación eran Haití y Panamá.
En el caso de Haití, uno de los países más pobres del mundo con inmensas carencias y graves desafíos de institucionalidad, esta situación era claramente entendible. Lamentablemente, en el caso panameño, no: desde hace años nos preguntamos cómo si invertimos más que respetables sumas de dinero en educación -6% del Producto Interno Bruto-, los resultados son absolutamente mediocres y con un evidente sesgo de inequidad ya que nadie puede negar que son los más pobres quienes reciben educación de menor calidad- Hasta ahora, no se habían echado mano a herramientas técnicas como las pruebas diagnósticas a fin de orientar la acción educativa.
Al aplicarse las pruebas y evaluar los resultados, aún sin comparar el rendimiento entre centros educativos y estudiantes según su perfil socioeconómico, la evidencia es demoledora: sumar y restar e inclusive escribir y hablar se convierten en competencias difíciles de lograr en porcentajes alarmantes de niños y jóvenes del país. Las dificultades son de tal magnitud que en ciertos casos abarcan las ¾ partes de los niños panameños que demostraron tener deficiencias en el tercer grado en español, nuestra lengua materna. "¿Cómo poder aprender si tienen dificultades para entender?", me interrogaba. Retumbaban en mi cabeza los números desnudos y descarnados: un 58.9% de deficiencias en matemáticas, un 57.4% en ciencias naturales y un 50.8% en ciencias sociales en tercer grado. Un 43.7% de los estudiantes de sexto grado demostraron tener serias dificultades para leer y escribir; el 51.7% tiene problemas para sumar y restar, un 44% es deficiente en ciencias naturales y el 75.6% en ciencias sociales. El 71.2% de los alumnos de noveno grado tienen graves limitaciones en español, el 85.3% en matemáticas, el 74% en ciencias naturales y el 72.7% en ciencias sociales. De los estudiantes de duodécimo grado, el 73.5% es deficiente en español, el 84.2% en matemáticas y el 68.1% en inglés.
"No manejan ni el español ni el inglés, ni mucho menos el idioma de la tecnología... ¿Qué esperanza tienen de aspirar a insertarse en el mundo productivo?" me pregunté... Por un momento pensé "qué más quisiera yo que esto fuera una exageración, pero la realidad es que todo apunta en esa dirección". Los resultados en las pruebas universitarias, el grado de repitencia y mediocridad en todo el sistema educativo, las serias deficiencias formativas que se reflejan en las enormes limitaciones de los jóvenes para hacerse parte del mundo del trabajo son evidencia dura que los resultados de las pruebas reflejan un panorama que aunque no nos guste e, incluso lo neguemos, es la realidad.
"No hay tiempo para buscar culpables o exculpar responsabilidades: urge que todos nos comprometamos a actuar ya... antes que sea, en realidad, demasiado tarde", me repetía al tiempo que miraba, aprehensiva, el reloj..
(*) La autora es Presidenta de la Unión Nacional de Centros Educativos Particulares.
El representante de Pedregal, Javier Líder, participó del cierre de calle a mediados de 2005 cuando estudiantes, docentes y padres de familia de la Escuela Cirilo J. Martínez protestaron por la ola de robos y en demanda del nombramiento de un celador.
En declaraciones al Panamá América, Líder calificó la seguridad en el corregimiento como "deplorable, terrible y catastrófica".
Para el concejal de Pedregal, los moradores tienen que maniobrar entre lo bueno y lo malo, por lo que el nombramiento de Alina Rujano, como nueva corregidora, es un paso positivo para que se tomen las riendas en momentos que la delincuencia parece estar ganado la batalla.
Los moradores de Pedregal expresaron su preocupación por la ola de delincuencia.
Aseguraron que las rondas policiales son escaszas.
A mediados de 2005 la escuela fue escenario de robos, que iban desde materiales de construcción, aires acondiciones hasta materiales escolares.