Antesala para el carnaval
La ciudad refleja un panorama triste. Unas obras por aquí y otras por allá. Por estos días, la capital panameña parece un atomizado campo de batalla, donde los que van se enfrentan con los que vienen. De momento las obras, los cambios en los giros de tráfico, uno que otro choque, un tranque de calle por reivindicaciones postergadas, o la larga espera que suponen estos hechos.
Con un escenario así, cómo puede sentirse el usuario, de cuya movilización por estas vías depende su negocio, un trámite inevitable, la asistencia a un familiar, el salvamento de una vida o, simple y sencillamente, la realización de una diligencia por insignificante que sea. Pareciera que todo ha sido servido a la misma hora para la colisión simultánea y espectacular de muchos factores. Algo así como "es hora de revolver la olla" y… sálvese quien pueda. Es como si alguien hubiese puesto a todo el mundo a coincidir en horarios, en aspiraciones y hasta en locuras. Por donde se transite, la ciudad exhibe largas colas de autos, intensos ruidos de rompedoras de concretos, cláxones al unísono y una que otra discusión entre conductores.
De telón de fondo, la cuestión electoral con sus carteles, bocinas anunciando candidatos y las emisoras de radio sazonando las angustias, incrementando los temores o ensayando análisis con temas recurrentes, alentando a unos y derramando odios contra otros. Una antesala perfecta para el carnaval. Claro, la pregunta final es, ¿quién será el demonio creador?