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Anticuadas leyes de impuestos


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Colaborador

Washington (AIPE)- Pronto vamos a comenzar a oír mucho más sobre depreciación. La depreciación es la deducción de los impuestos que las empresas reciben por el desgaste de sus plantas, maquinarias y equipos, de manera que puedan reemplazar esos activos al final de su vida útil. Es muy probable que la nueva e importante ley que el Congreso considere respecto a impuestos altere significativamente el tratamiento que se le da a la depreciación, lo cual tendrá implicaciones muy importantes para los inversionistas y para la economía en general.
El concepto mismo de la depreciación no es muy viejo. No existía antes del siglo XIX. La contabilidad no diferenciaba entre gastos de capital y gastos de operación. Fueron las grandes inversiones hechas en los ferrocarriles lo que condujo a los gerentes a tomar en cuenta la depreciación. Se dieron cuenta que los rieles durarían mucho tiempo, pero no para siempre y ello tendría que reflejarse en los estados de ganancias y pérdidas; de otra manera se reportarían utilidades exageradas, lo cual causaría presiones para aumentar los dividendos, cuando esos fondos se requerirían más tarde para reemplazar las inversiones de capital.
Por eso los contadores desarrollaron la noción de la depreciación. Es un cargo a las ganancias corrientes que no requieren desembolsos en efectivo, sino que tiene el objeto de mostrar una reducción del capital invertido.
Así, el concepto de la depreciación ocurrió bastante antes de que tuviese consideraciones impositivas. El objetivo era mostrarle al inversionista un retrato real de la situación de la empresa. Lamentablemente, el estudio del asunto no estaba muy avanzado cuando se impuso el impuesto sobre la renta a las empresas en 1909 y el personal en 1913.
La oficina del Impuesto Sobre la Renta siempre ha preferido la depreciación en "línea recta". Es decir, si una máquina tiene una vida útil de 10 años, se permite la depreciación a razón de 10% cada año. En la economía tradicional, a los tornos, las prensas, etc. se le podía aplicar la depreciación como resultado del desgaste. En la nueva economía de la Internet y el software, ese concepto ya no es aplicable. En un programa de computación no hay nada que se desgaste, simplemente se torna obsoleto.
Tal distinción está llevando a los expertos en impuestos a concluir que el concepto de la depreciación ha perdido su significado. La obsolescencia más que el desgaste es lo realmente relevante en el valor de las inversiones de capital. Cualquiera que haya comprado una computadora o software en años recientes sabe que la obsolescencia sucede muy rápidamente. Y, sin embargo, las leyes de impuestos se siguen basando en la vieja noción del desgaste físico. El resultado es que a las inversiones de la nueva economía en computadoras y software se le pecha exageradamente, ya que la depreciación aplicada no es tan rápida como para compensar su obsolescencia. Entre 1991 y 2000, las inversiones empresariales en computadoras y software en Estados Unidos se dispararon de 23,4% del total de inversiones de capital a 47,9%.
Bajo la nueva ley que se estudia, el costo de los equipos de alta tecnología podrá ser cargado a gastos de
inmediato, en lugar de ser depreciados. Eso reducirá considerablemente el peso de los impuestos en las inversiones
tecnológicas, lo cual aumentará la productividad laboral, acelerará el crecimiento económico y provocará un auge
en las acciones del sector tecnológico.
(c)* Economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA). www.aipenet.com


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