Antidoping escolar
La posibilidad planteada por el director del colegio Artes y Oficios, de aplicar un examen antidoping al alumnado de su centro escolar es novedosa e interesante, aunque al final prevaleciera el criterio contrario de su superiora, la ministra de Educación, Doris Rosas de Mata. Es interesante incluso en el remoto escenario de que superara esa oposición, porque de seguro, con el correr de los años y superadas las pasiones, el sector educativo tendrá que volver a plantearse la bondad o no de esa medida.
Claro que lo más probable es que algún juez u organismo defensor de los derechos humanos terminará frustrando la curiosa iniciativa. El Código Judicial prevé exámenes personales semejantes, con los de ADN para determinar la paternidad, pero tales no pueden practicarse si se niega el sujeto. Indicios en contra puede deducir el juzgador frente a la negativa, pero tal no es determinante para una decisión judicial.
En el caso del antidoping planteado en el Artes y Oficios no hablamos de juicio alguno. Hablamos de estudiantes problemáticos, que arrastran un historial infinito de violencia sin sentido. Acuchillados, baleados, apedreados de otros colegios, agresiones a transportistas públicos y particulares, saqueos, cierre de calles - porque le da la gana, no por altruistas reivindicaciones y luchas sociales - Aquello es de no acabar. El año pasado, llegaron al extremo de sitiar al director de su plantel en su despacho, con palos, piedras y antorchas encendidas.
En otras escuelas oficiales se han dado también casos muy graves de baleados, asesinados, agresiones a docentes y educadores, pandillerismo y amenazas. No hay duda que el fenómeno es reflejo del acelerado deterioro que ha sufrido la sociedad y la familia panameña en los últimos años, en gran medida agravada por las drogas. En las escuelas hay bandas que se disputan el mercado de narcóticos; y los padres de familia y centros escolares se ven precisados a extremar la vigilancia a un alto costo. La guerra contra las drogas se está perdiendo. En ese escenario, el examen antidoping al alumnado, que debiera hacerse extensivo - a manera de ejemplo- a todo el personal docente, educando y directivo del colegio, es positivo.
No se trata de negarle acceso a nadie a la educación sino todo lo contrario, de poder identificar el problema y prestarle asistencia especializada. La drogadicción es una enfermedad y el drogadicto es una víctima, no necesariamente el victimario. Y poder prestar ayuda a los estudiantes en etapas tempranas hace la diferencia entre la vida y la muerte, entre un buen ciudadano y una piltrafa humana.
(jacoboquintanilla@hotmail.com)
Claro que lo más probable es que algún juez u organismo defensor de los derechos humanos terminará frustrando la curiosa iniciativa. El Código Judicial prevé exámenes personales semejantes, con los de ADN para determinar la paternidad, pero tales no pueden practicarse si se niega el sujeto. Indicios en contra puede deducir el juzgador frente a la negativa, pero tal no es determinante para una decisión judicial.
En el caso del antidoping planteado en el Artes y Oficios no hablamos de juicio alguno. Hablamos de estudiantes problemáticos, que arrastran un historial infinito de violencia sin sentido. Acuchillados, baleados, apedreados de otros colegios, agresiones a transportistas públicos y particulares, saqueos, cierre de calles - porque le da la gana, no por altruistas reivindicaciones y luchas sociales - Aquello es de no acabar. El año pasado, llegaron al extremo de sitiar al director de su plantel en su despacho, con palos, piedras y antorchas encendidas.
En otras escuelas oficiales se han dado también casos muy graves de baleados, asesinados, agresiones a docentes y educadores, pandillerismo y amenazas. No hay duda que el fenómeno es reflejo del acelerado deterioro que ha sufrido la sociedad y la familia panameña en los últimos años, en gran medida agravada por las drogas. En las escuelas hay bandas que se disputan el mercado de narcóticos; y los padres de familia y centros escolares se ven precisados a extremar la vigilancia a un alto costo. La guerra contra las drogas se está perdiendo. En ese escenario, el examen antidoping al alumnado, que debiera hacerse extensivo - a manera de ejemplo- a todo el personal docente, educando y directivo del colegio, es positivo.
No se trata de negarle acceso a nadie a la educación sino todo lo contrario, de poder identificar el problema y prestarle asistencia especializada. La drogadicción es una enfermedad y el drogadicto es una víctima, no necesariamente el victimario. Y poder prestar ayuda a los estudiantes en etapas tempranas hace la diferencia entre la vida y la muerte, entre un buen ciudadano y una piltrafa humana.
(jacoboquintanilla@hotmail.com)