Antropólogo panameño en México
Nuestra decisión de ingresar a la Universidad mexicana de la capital de ese gran país de Latinoamérica, a fin de hacer estudios de postgrado, entre 1968 y 1972, fue un paso importante en nuestra vida, por razones obvias. Tal circunstancia nos permitió conocer y admirar más la historia y vida social mexicanas, así como la presencia de panameños que estudiaban o vivían en la Patria de Benito Juárez. En vista de que conocíamos, desde nuestros días del Instituto Nacional de Panamá, al hoy antropólogo César Huerta Ríos, aquella estancia mexicana nos permitió renovar nuestra amistad con César, avecindado en la gran urbe, y estudiante de Antropología en aquella ciudad.
Algunos artículos periodísticos los hemos dedicado a panameños, cuya residencia extranjera nos enorgullece como personas de extraordinarios méritos intelectuales, cosa que no nos parece extraña, pero sí digna de tomarla en consideración. Hace unas semanas debimos hacer un corto viaje a la capital mexicana y reanudamos lo que siempre han sido interesantes y luengas conversaciones con César Huerta. Aquel joven ex institutor, como nosotros, que decidió llegar a México años atrás, haciendo estancia en varios países de Centroamérica, entre ellos Guatemala, casi pone su vida en riesgo de muerte, en los últimos días del gobierno revolucionario guatemalteco de Arbens, y pudo salvarla con la ayuda de amigos, y que pudo llegar a México, con escasas pertenencias y también escaso dinero. Pronto inició sus estudios universitarios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Capital azteca, al mismo tiempo que daba cauce a su avidez de conocimientos socio-políticos, dedicándose también a la lectura seria de eminentes autores originarios de Europa y de América Latina.
Sus estudios y su predilección por la vida indígena mexicana, en aquellos años de su juventud, le llevaron a descubrir ciertas relaciones parentales que antropólogos expertos consideraban desaparecidas mucho tiempo atrás. César mantuvo y explicó sus puntos de vista sobre ese particular, porque sus viajes a la Tribu Triques, en compañía de estudiantes indígenas que eran también sus amigos, fueron oportunidad para que hiciera ese descubrimiento y hasta escribió su tesis de graduación sobre el particular, con la que un Jurado de la Escuela de Antropología no estuvo de acuerdo. Su tenacidad dio lugar a que otro jurado revisara el caso y aceptara la tesis de César. Era lógico que nuestro compatriota ingresara al profesorado de la Escuela y posteriormente ha sido profesor de tiempo completo en la misma. También es un investigador requerido por departamentos oficiales que se benefician de sus conocimientos y de los resultados de sus tenaces investigaciones antropológicas y sociales, en diferentes sectores de la actividad estatal. Aficionado estudioso de la política nacional e internacional, se transformó desde su temprana edad en un lector infatigable y penetrante de obras complejas.
No hace un año que César Huerta Ríos fue homenajeado, por espacio de dos días, en un cónclave de su Escuela, en que participaron distinguidos profesores, que trataron de diversos aspectos, en cuatro Mesas, de número plural de expositores. En la clausura del acto se hizo un solemne brindis de honor, actividad a la que César dio fin, con palabras de responsabilidad y aseguramientos científicos.
Desde los años iniciales de su prolongada estadía en México, César contrajo matrimonio con su novia mexicana Ester, del cual nacieron varios hijos y de éstos cierto número de nietos, grupo familiar que siempre le ha acompañado con la solidaridad que merecían sus duros esfuerzos de investigador, y ahora, de acreditado profesor de su Alma Mater. Desde aquí, saludamos a César Huerta Ríos, panameño-mexicano muy meritorio, que ha hecho varios viajes a Panamá. Quienes lo conocemos, lo mismo que a sus familiares mexicanos, especialmente a su esposa Ester, soporte hogareño de toda la familia y principalmente de César, les enviamos un gran abrazo, ya que los méritos y el talento de César han sido valorados justificadamente.
El Ministerio de Relaciones Exteriores nacional debería organizar un archivo para recoger los triunfos de panameños que se han distinguido en países extranjeros, poniendo en alto su origen de panameños, distinguidos, lo que sería una cúspide para los nombres de su Patria de nacimiento y de la Patria que los acogió, en donde su inteligencia y dedicación les abrieron cabida a sus importantes esfuerzos y triunfos personales.
Algunos artículos periodísticos los hemos dedicado a panameños, cuya residencia extranjera nos enorgullece como personas de extraordinarios méritos intelectuales, cosa que no nos parece extraña, pero sí digna de tomarla en consideración. Hace unas semanas debimos hacer un corto viaje a la capital mexicana y reanudamos lo que siempre han sido interesantes y luengas conversaciones con César Huerta. Aquel joven ex institutor, como nosotros, que decidió llegar a México años atrás, haciendo estancia en varios países de Centroamérica, entre ellos Guatemala, casi pone su vida en riesgo de muerte, en los últimos días del gobierno revolucionario guatemalteco de Arbens, y pudo salvarla con la ayuda de amigos, y que pudo llegar a México, con escasas pertenencias y también escaso dinero. Pronto inició sus estudios universitarios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Capital azteca, al mismo tiempo que daba cauce a su avidez de conocimientos socio-políticos, dedicándose también a la lectura seria de eminentes autores originarios de Europa y de América Latina.
Sus estudios y su predilección por la vida indígena mexicana, en aquellos años de su juventud, le llevaron a descubrir ciertas relaciones parentales que antropólogos expertos consideraban desaparecidas mucho tiempo atrás. César mantuvo y explicó sus puntos de vista sobre ese particular, porque sus viajes a la Tribu Triques, en compañía de estudiantes indígenas que eran también sus amigos, fueron oportunidad para que hiciera ese descubrimiento y hasta escribió su tesis de graduación sobre el particular, con la que un Jurado de la Escuela de Antropología no estuvo de acuerdo. Su tenacidad dio lugar a que otro jurado revisara el caso y aceptara la tesis de César. Era lógico que nuestro compatriota ingresara al profesorado de la Escuela y posteriormente ha sido profesor de tiempo completo en la misma. También es un investigador requerido por departamentos oficiales que se benefician de sus conocimientos y de los resultados de sus tenaces investigaciones antropológicas y sociales, en diferentes sectores de la actividad estatal. Aficionado estudioso de la política nacional e internacional, se transformó desde su temprana edad en un lector infatigable y penetrante de obras complejas.
No hace un año que César Huerta Ríos fue homenajeado, por espacio de dos días, en un cónclave de su Escuela, en que participaron distinguidos profesores, que trataron de diversos aspectos, en cuatro Mesas, de número plural de expositores. En la clausura del acto se hizo un solemne brindis de honor, actividad a la que César dio fin, con palabras de responsabilidad y aseguramientos científicos.
Desde los años iniciales de su prolongada estadía en México, César contrajo matrimonio con su novia mexicana Ester, del cual nacieron varios hijos y de éstos cierto número de nietos, grupo familiar que siempre le ha acompañado con la solidaridad que merecían sus duros esfuerzos de investigador, y ahora, de acreditado profesor de su Alma Mater. Desde aquí, saludamos a César Huerta Ríos, panameño-mexicano muy meritorio, que ha hecho varios viajes a Panamá. Quienes lo conocemos, lo mismo que a sus familiares mexicanos, especialmente a su esposa Ester, soporte hogareño de toda la familia y principalmente de César, les enviamos un gran abrazo, ya que los méritos y el talento de César han sido valorados justificadamente.
El Ministerio de Relaciones Exteriores nacional debería organizar un archivo para recoger los triunfos de panameños que se han distinguido en países extranjeros, poniendo en alto su origen de panameños, distinguidos, lo que sería una cúspide para los nombres de su Patria de nacimiento y de la Patria que los acogió, en donde su inteligencia y dedicación les abrieron cabida a sus importantes esfuerzos y triunfos personales.