Aparecida: Hito de esperanza
Hoy, 13 de mayo, 6º domingo de Pascua y fiesta de Nuestra Señora, el Papa Benedicto XVI dará inicio a la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con una Eucaristía celebrada en este santuario mariano ubicado a 170 kilómetros de São Paulo, en el sudeste de Brasil. Por la tarde se abrirán las sesiones con un discurso del Santo Padre en el salón de conferencias.
Los 266 participantes (miembros, invitados, observadores y expertos) trabajarán a lo largo de 18 días, hasta el 31 de mayo, los temas que previamente fueron examinados en las iglesias locales, en las conferencias nacionales y en varias comisiones de trabajo. A estas horas, ya el Sumo Pontifice ha tendido varias participaciones populares con multitudes sobre todo con los jóvenes en el Estadio Pacaembú, con cerca de 40 mil asistentes. Decididamente les habló de la castidad a una cultura juvenil posmoderna, en el sentido que está totalmente genitalizada y al mismo tiempo condenó el aborto, práctica ya casi usualmente establecida a pesar de las prohibiciones y amenazas dentro del mundo católico. Están programadas otras intervenciones y contactos con las autoridades del país y diferentes grupos antes de iniciar su retorno a Roma.
No ha sido fácil llegar hasta aquí. La idea de organizar la V Conferencia germina estando aún vivo, pero enfermo, Juan Pablo II, razón que esgrimieron algunos para que la reunión se desarrollase en Roma. Benedicto XVI, a los pocos meses de ser elegido Papa, decide el lugar y completa el lema: Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. ´Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida´ (Jn 14, 6).
En setiembre del 2005 se publica el "Documento de Participación", propuesto a las Conferencias Episcopales de América Latina y del Caribe como documento abierto para recibir muchas proposiciones de todos los países (n. 169). Era un texto con claras lagunas y muchos límites, desnivelado en la calidad de sus diversas partes, pero que cumplió su objetivo: provocar las reacciones de sus destinatarios, las iglesias locales. Veintiuna de las 22 Conferencias Episcopales de la región enviaron sus aportes.
Estamos ahora ante un nuevo documento, esta vez de "Síntesis de los aportes recibidos", publicado recientemente por el CELAM. Teniendo en cuenta las circunstancias de todo proceso de redacción de un texto, más aún procediendo de fuentes tan diversas, se puede decir que ha habido un avance respecto al "Documento de Participación", tanto en el esquema que lo estructura como en los temas que contiene.
En primer lugar, el texto sitúa con mayor claridad esta V Conferencia en continuidad con las otras cuatro y con el Sínodo para América (n. 18-26). Todos estos encuentros, incluidos Medellín y Puebla, fueron verdaderos acontecimientos de gracia (n. 19). En esa línea, esperamos que la V Conferencia ratifique y profundice, en fidelidad creativa, las opciones tomadas por la Iglesia de América Latina y el Caribe en los encuentros anteriores.
Vemos reaparecer, además, el "ver, juzgar, actuar", que ha adquirido ya "carta de ciudadanía" en la Iglesia. El documento lo explica así: muchas voces venidas de todo el continente [en realidad, 17 de las 21 Conferencias Episcopales, la gran mayoría por tanto] ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral y, en general, ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente (n. 35). Sabemos bien que no todos coinciden en esta manera de pensar la fe y, por ello, podemos suponer que no ha sido fácil esta opción. Da esperanza, sin embargo, saber que ésta ha sido fruto de "muchas voces", esta vez sí escuchadas.
Es significativa también la vinculación que el texto establece entre el método y las personas de la Trinidad. El ver del Padre lleva al cristiano a juzgar según los criterios del Hijo siendo su Espíritu el que nos impulsa a actuar y nos indica los rumbos del querer de Dios expresados en las líneas dinamizadoras coherentes con los clamores de nuestros pueblos y con la caridad de Cristo que nos apremia (n. 37).
Los 266 participantes (miembros, invitados, observadores y expertos) trabajarán a lo largo de 18 días, hasta el 31 de mayo, los temas que previamente fueron examinados en las iglesias locales, en las conferencias nacionales y en varias comisiones de trabajo. A estas horas, ya el Sumo Pontifice ha tendido varias participaciones populares con multitudes sobre todo con los jóvenes en el Estadio Pacaembú, con cerca de 40 mil asistentes. Decididamente les habló de la castidad a una cultura juvenil posmoderna, en el sentido que está totalmente genitalizada y al mismo tiempo condenó el aborto, práctica ya casi usualmente establecida a pesar de las prohibiciones y amenazas dentro del mundo católico. Están programadas otras intervenciones y contactos con las autoridades del país y diferentes grupos antes de iniciar su retorno a Roma.
No ha sido fácil llegar hasta aquí. La idea de organizar la V Conferencia germina estando aún vivo, pero enfermo, Juan Pablo II, razón que esgrimieron algunos para que la reunión se desarrollase en Roma. Benedicto XVI, a los pocos meses de ser elegido Papa, decide el lugar y completa el lema: Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. ´Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida´ (Jn 14, 6).
En setiembre del 2005 se publica el "Documento de Participación", propuesto a las Conferencias Episcopales de América Latina y del Caribe como documento abierto para recibir muchas proposiciones de todos los países (n. 169). Era un texto con claras lagunas y muchos límites, desnivelado en la calidad de sus diversas partes, pero que cumplió su objetivo: provocar las reacciones de sus destinatarios, las iglesias locales. Veintiuna de las 22 Conferencias Episcopales de la región enviaron sus aportes.
Estamos ahora ante un nuevo documento, esta vez de "Síntesis de los aportes recibidos", publicado recientemente por el CELAM. Teniendo en cuenta las circunstancias de todo proceso de redacción de un texto, más aún procediendo de fuentes tan diversas, se puede decir que ha habido un avance respecto al "Documento de Participación", tanto en el esquema que lo estructura como en los temas que contiene.
En primer lugar, el texto sitúa con mayor claridad esta V Conferencia en continuidad con las otras cuatro y con el Sínodo para América (n. 18-26). Todos estos encuentros, incluidos Medellín y Puebla, fueron verdaderos acontecimientos de gracia (n. 19). En esa línea, esperamos que la V Conferencia ratifique y profundice, en fidelidad creativa, las opciones tomadas por la Iglesia de América Latina y el Caribe en los encuentros anteriores.
Vemos reaparecer, además, el "ver, juzgar, actuar", que ha adquirido ya "carta de ciudadanía" en la Iglesia. El documento lo explica así: muchas voces venidas de todo el continente [en realidad, 17 de las 21 Conferencias Episcopales, la gran mayoría por tanto] ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral y, en general, ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente (n. 35). Sabemos bien que no todos coinciden en esta manera de pensar la fe y, por ello, podemos suponer que no ha sido fácil esta opción. Da esperanza, sin embargo, saber que ésta ha sido fruto de "muchas voces", esta vez sí escuchadas.
Es significativa también la vinculación que el texto establece entre el método y las personas de la Trinidad. El ver del Padre lleva al cristiano a juzgar según los criterios del Hijo siendo su Espíritu el que nos impulsa a actuar y nos indica los rumbos del querer de Dios expresados en las líneas dinamizadoras coherentes con los clamores de nuestros pueblos y con la caridad de Cristo que nos apremia (n. 37).