Apatía
Apatía e indiferencia es todo un mecanismo humano con el que nos defendemos a diario frente a situaciones a las cuales debiéramos ponerle toda nuestra atención. Según aquello de "hoy por ti, mañana por mí". Aludo a la reacción comunitaria frente a la última catástrofe hídrica ocurrida en las regiones de Capira y la Costa de Colón, con motivo de nuestra estación lluviosa.
Fuera de las publicaciones en los medios y de la organización dedicada de SINAPROC, el MIVI, el MINSA, de la cooperación de la Embajada de los EE.UU., de las ayudas de los gobiernos japonés y español, Pastoral Social Cáritas, y de otros estamentos gubernamentales, de repente se habla de los próximos carnavales, de la trifulca de las bandas independientes, de otras diversiones por venir y de las festividades navideñas, lo cual es pura apatía e indiferencia. Si existiera una verdadera solidaridad bajaríamos el tono de esas celebraciones por venir y no sumariamos a la acción. No podemos admirar la belleza de la flor mientras existan las espinas.
10 muertos , más 4,000 damnificados y otras cifras más de residencias arrasadas por la fuerza ciega de la naturaleza. Se esperan cifras finales que han de presentar los evaluadores oficiales que han acudido a justipreciar in situ los daños.
En estos días cuando contemplamos de repente que se oscurece el día o la tarde o percibimos que cae incesantemente la lluvia, columbramos y pensamos: bueno, en alguna parte están ocurriendo inundaciones , o algún deslave de terrenos altos estará bajo la presión del agua acumulada sorprendiendo alguna residencia; o lo que es peor, cuando vemos la cordillera totalmente nublada nos imaginamos y no nos equivocamos, por lógica que algún caudal de agua extra vendrá hacia abajo saliéndose los ríos de madre, o que la famosa quebradita de antaño con su arroyito usual, ahora se salió del cauce y socava imponentes residencias donde con grandes ahorros y sacrificios algún parroquiano vio cristalizados sus deseos de tener una casa, la obtuvo, pero que tras cortos años de goce, ahora se ve que se le ha llenado de grietas que de un momento a otro amenaza con venirse abajo.
Y vienen a la mente toda clase de especulaciones. Primero, lo que dice la palabra de Dios de aquel que fundó su casa sobre arena o su casa sobre arena el otro que fundó su casa sobre piedra. Luego la historia de casos anteriores ocurridos en la comunidad como cuando el mes de noviembre del año 1966, que mientras marchaban por las calles céntricas de la ciudad y en las cabeceras de provincia, las noticias irrumpieron en la televisión en blanco y negro, anunciando que había ocurrido un desbordamiento de los ríos Mamoní y Cabobré, y que habían arrasado con varias comunidades o parte de ellas como Carriazo, Juan Gil o Hill, y otras más.
En esa ocasión también pasaba por esa apatía engolfado en los exámenes finales de las materias que leía en el Colegio Javier, cuando de repente me llamó una persona de profunda sensibilidad social y humana que siempre ha rehuido el protagonismo y la publicidad, pero quienes la conocen y la trataron tienen que reconocer que estaba dotada de un sentido de solidaridad y de responsabilidad incomparable, Doña Peggy C. Janson. En ese entonces, me informó de la catástrofe que estaba ocurriendo y de los muertos que se había llevado el torrencial aguacero y me dijo y "¿qué hacemos los cristianos?" . Me quedé mudo y me escudé en la Institución y en la Jerarquía, con el "hay que esperar que se pronuncie", con lo cual me añadió que le parecía que por lo menos deberíamos hacer acto de presencia y ofrecerles nuestra ayuda, y salimos a comprar martillos y clavos para ofrecerles a esos campesinos afectados para que pudieran reconstruir sus viviendas destruidas. Al llegar aquellos parajes a pie en medio de un lodazal intransitable y encontrarnos con los afectados nos decían tristes "Lo que moja el río, es del río". Hoy se repite la historia en otros sitios, aunque esta vez siento que con menos apatía gubernamental, pero con mucha de la comunidad.
Fuera de las publicaciones en los medios y de la organización dedicada de SINAPROC, el MIVI, el MINSA, de la cooperación de la Embajada de los EE.UU., de las ayudas de los gobiernos japonés y español, Pastoral Social Cáritas, y de otros estamentos gubernamentales, de repente se habla de los próximos carnavales, de la trifulca de las bandas independientes, de otras diversiones por venir y de las festividades navideñas, lo cual es pura apatía e indiferencia. Si existiera una verdadera solidaridad bajaríamos el tono de esas celebraciones por venir y no sumariamos a la acción. No podemos admirar la belleza de la flor mientras existan las espinas.
10 muertos , más 4,000 damnificados y otras cifras más de residencias arrasadas por la fuerza ciega de la naturaleza. Se esperan cifras finales que han de presentar los evaluadores oficiales que han acudido a justipreciar in situ los daños.
En estos días cuando contemplamos de repente que se oscurece el día o la tarde o percibimos que cae incesantemente la lluvia, columbramos y pensamos: bueno, en alguna parte están ocurriendo inundaciones , o algún deslave de terrenos altos estará bajo la presión del agua acumulada sorprendiendo alguna residencia; o lo que es peor, cuando vemos la cordillera totalmente nublada nos imaginamos y no nos equivocamos, por lógica que algún caudal de agua extra vendrá hacia abajo saliéndose los ríos de madre, o que la famosa quebradita de antaño con su arroyito usual, ahora se salió del cauce y socava imponentes residencias donde con grandes ahorros y sacrificios algún parroquiano vio cristalizados sus deseos de tener una casa, la obtuvo, pero que tras cortos años de goce, ahora se ve que se le ha llenado de grietas que de un momento a otro amenaza con venirse abajo.
Y vienen a la mente toda clase de especulaciones. Primero, lo que dice la palabra de Dios de aquel que fundó su casa sobre arena o su casa sobre arena el otro que fundó su casa sobre piedra. Luego la historia de casos anteriores ocurridos en la comunidad como cuando el mes de noviembre del año 1966, que mientras marchaban por las calles céntricas de la ciudad y en las cabeceras de provincia, las noticias irrumpieron en la televisión en blanco y negro, anunciando que había ocurrido un desbordamiento de los ríos Mamoní y Cabobré, y que habían arrasado con varias comunidades o parte de ellas como Carriazo, Juan Gil o Hill, y otras más.
En esa ocasión también pasaba por esa apatía engolfado en los exámenes finales de las materias que leía en el Colegio Javier, cuando de repente me llamó una persona de profunda sensibilidad social y humana que siempre ha rehuido el protagonismo y la publicidad, pero quienes la conocen y la trataron tienen que reconocer que estaba dotada de un sentido de solidaridad y de responsabilidad incomparable, Doña Peggy C. Janson. En ese entonces, me informó de la catástrofe que estaba ocurriendo y de los muertos que se había llevado el torrencial aguacero y me dijo y "¿qué hacemos los cristianos?" . Me quedé mudo y me escudé en la Institución y en la Jerarquía, con el "hay que esperar que se pronuncie", con lo cual me añadió que le parecía que por lo menos deberíamos hacer acto de presencia y ofrecerles nuestra ayuda, y salimos a comprar martillos y clavos para ofrecerles a esos campesinos afectados para que pudieran reconstruir sus viviendas destruidas. Al llegar aquellos parajes a pie en medio de un lodazal intransitable y encontrarnos con los afectados nos decían tristes "Lo que moja el río, es del río". Hoy se repite la historia en otros sitios, aunque esta vez siento que con menos apatía gubernamental, pero con mucha de la comunidad.