APERTURA Y SALVAGUARDA
El efecto provocado en la economía mundial por la crisis asiática ha puesto de manifiesto los riesgos que conlleva el proceso de apertura de mercados que permite la libre circulación de mercaderías y capitales. Como resultado de la misma han disminuído dramáticamente los precios de los productos fabricados en esa región y con ello obligado a devaluar la moneda en algunos países para poder mantener sus mercancías en el mercado internacional a niveles competitivos.
Panamá no cuenta con esa alternativa que permite paliar el efecto de la crisis aunque sea temporalmente, lo que conlleva consecuencias posteriores aún más graves. Solamente nos queda reducir nuestros presupuestos y con ello nuestras aspiraciones de bienestar. Las exportaciones de Panamá disminuirán al no poder bajar los precios y las importaciones más baratas aumentarán reemplazando de las estanterías comerciales los productos nacionales por mercancía extranjera.
Sin embargo, el sistema de libre mercado tiene sus correctivos que, de ser aplicados a tiempo y con valor e inteligencia, pueden evitar estos males.
Cuando nos integramos al grupo de países que forman parte de la Organización Mundial de Comercio, no solamente adquirimos el compromiso de ir reduciendo nuestras barreras al comercio internacional, sino también recibimos el derecho de aplicar salvaguardas que protejan la producción nacional ante estas situaciones extraordinarias.
La OMC establece claramente que cuando ocurra un incremento imprevisto y significativo de las importaciones, que sea causal de amenaza de daño o grave daño al país, es adecuado elevar los aranceles de productos sensibles más allá de los límites acordados. De esta manera se evitaría el desmantelamiento del aparato productivo y con ello el aumento de desempleo que en nuestro caso no solamente es injusto sino que provocaría situaciones sociales insostenibles.
Nuestros gobernantes están en la obligación de aplicar estas medidas de manera valiente y expedita para proteger a los productores locales de un daño irreparable. La situación lo exige y el compromiso adquirido con la OMC lo permite. Evitemos a tiempo mayores perjuicios sociales durante la crisis asiática y aseguremos que al final de la misma tendremos los mismos productores locales que nos conduzcan y nos acompañen en el camino hacia el desarrollo.
Panamá no cuenta con esa alternativa que permite paliar el efecto de la crisis aunque sea temporalmente, lo que conlleva consecuencias posteriores aún más graves. Solamente nos queda reducir nuestros presupuestos y con ello nuestras aspiraciones de bienestar. Las exportaciones de Panamá disminuirán al no poder bajar los precios y las importaciones más baratas aumentarán reemplazando de las estanterías comerciales los productos nacionales por mercancía extranjera.
Sin embargo, el sistema de libre mercado tiene sus correctivos que, de ser aplicados a tiempo y con valor e inteligencia, pueden evitar estos males.
Cuando nos integramos al grupo de países que forman parte de la Organización Mundial de Comercio, no solamente adquirimos el compromiso de ir reduciendo nuestras barreras al comercio internacional, sino también recibimos el derecho de aplicar salvaguardas que protejan la producción nacional ante estas situaciones extraordinarias.
La OMC establece claramente que cuando ocurra un incremento imprevisto y significativo de las importaciones, que sea causal de amenaza de daño o grave daño al país, es adecuado elevar los aranceles de productos sensibles más allá de los límites acordados. De esta manera se evitaría el desmantelamiento del aparato productivo y con ello el aumento de desempleo que en nuestro caso no solamente es injusto sino que provocaría situaciones sociales insostenibles.
Nuestros gobernantes están en la obligación de aplicar estas medidas de manera valiente y expedita para proteger a los productores locales de un daño irreparable. La situación lo exige y el compromiso adquirido con la OMC lo permite. Evitemos a tiempo mayores perjuicios sociales durante la crisis asiática y aseguremos que al final de la misma tendremos los mismos productores locales que nos conduzcan y nos acompañen en el camino hacia el desarrollo.