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Aportemos algo al tema de la constituyente


Muy poco nos hemos referido al origen de la Constitución de 1972, de allí que en esta segunda parte nos propongamos hacer algunos comentarios de índole política a la citada Carta.
Ya expresamos en nuestra primera parte que, la Constitución de 1972, no emergió del derecho de libertad primitiva (poder público) ya que ésta fue suplantada por los cuarteles, imponiendo una Constitución con nombre propio, que nació con el pecado original de ser producto de minorías absolutas como fue el caso de los 505.
Dicho lo anterior agregamos: la "gran mayoría de los 505 Representantes de Corregimientos que integraron la Asamblea "Constituyente" fueron elegidos por la "inmensa minoría" del pueblo panameño".
Digámoslo de otra manera, el 92% del electorado panameño eligió al 8% de los representantes de corregimientos y el 8% de la población electoral eligió al 92% de los representantes de corregimientos, es decir que las grandes mayorías de los panameños eligieron a 41 representantes y las grandes minorías, eligieron a 464 representantes (más o menos) con derecho todos a un voto por corregimiento.
Del análisis que antecede se concluye que la Constitución de 1972 fue desde su nacimiento un instrumento espurio, al margen del derecho de libertad primitiva de la nación (poder público) por cuanto que se dictó de espaldas al querer de las mayorías nacionales, perpetrado por los cuarteles.
Así fue como surgió la Constitución de 1972, con vicios y normas caprichosas para satisfacer el ego del dictador que a más de ello, tenía incrustado su nombre en el texto "constitucional" del que se han derivado profundas perturbaciones en el devenir histórico de la República.
Como quiera que vivimos momentos histórico-políticos en donde se siente ya la erupción revolucionaria del derecho de libertad primitiva (poder público), es oportuno una vez más ilustrarnos con el pensamiento visionario del Dr. Eusebio A. Morales: "una Constitución, como el nombre mismo lo indica, es la traducción, en preceptos obligatorios, del modo de ser, de las costumbres, de las aspiraciones y de los ideales políticos de un pueblo; los pueblos no se modelan a la obra caprichosa de los ensayadores de sistemas y pretenderlo causa siempre graves y profundas perturbaciones que a veces no se reparan sino después de crueles y terribles pruebas".
Cuánta sabiduría y cuánta clarividencia, el Dr. Morales, en ese pensamiento, nos dejó para la eternidad una radiografía anticipada en el tiempo de los peligros a los que nos conducirían los ensayadores de sistemas. Basta cotejar todas sus advertencias con los hechos que tienen origen en la "Constitución" de los militares para percatarnos de que todo ha decurrido con precisión matemática.
Era preciso, tal es el pensamiento del Dr. Morales que pasáramos "crueles y terribles pruebas" para cambiar de rumbo y ha llegado ese momento.
A la luz del pensamiento del Dr. Morales -para que quede más claro- es de observar, que fueron pisoteadas las aspiraciones de al menos dos generaciones, cuyos ideales se vieron frustrados; se pretendió modelar la mente de toda una nación al capricho del dictador, se intentó borrar la historia de los gestores de nuestra República, se ensayó un sistema que nos condujo a la bancarrota fiscal, a la ruina de las empresas, al desasosiego colectivo y por último fuimos expuestos a la abyección de la invasión del 89. A más de lo expuesto, dicha Constitución era camisa a la medida del dictador, otorgándole poderes omnímodos sin precedentes en nuestra historia republicana.
Es oportuno destacar que el derecho de libertad primitiva (poder público) para salvaguardar el derecho y la igualdad primitiva otorga su consentimiento para que emerja la sociedad política que finalmente produce el nacimiento del gobierno legítimo. Con la imposición de la Constitución de 1972 se deslegitimó el acto por medio del cual se creó el Estado panameño, que sí fue legítimo por mandato del poder público delegado en el Acto Constituyente de 1946.
Ha llegado como en 1946, la hora de que todos los estamentos de la sociedad panameña sumen sus fuerzas para que en una comunión de ideales, a la luz del derecho de libertad primitiva (poder público) nos demos una Constitución progresiva, moderna, respetuosa del derecho ajeno, con el equilibrio, separación y colaboración que debe existir entre los tres órganos constitucionales.
Una Constitución en donde se establezca una norma en el sentido de que el programa de gobierno de determinado candidato sea avalado mediante el voto popular al momento de resultar electo dicho candidato, y que ha de convertirse automáticamente en ley de la República de impositivo cumplimiento. Con disposiciones tales, estaríamos contribuyendo a que la voluntad popular esté salvaguardada al librarla de exageraciones y mentiras como es frecuente en los torneos electorales, inyectándole credibilidad a los programas.
Una Constitución para determinar la cantidad de diputados que han de integrar la Asamblea Nacional estableciendo un mecanismo porcentual en lugar de cantidades fijas que hoy contribuyen a que cada diez años, después del censo de población, ésta crezca desmesuradamente. Ejemplo. Un circuito que tenga hoy una población de 100,000 habitantes al aplicar un factor de 30% encontraremos que dicho circuito tendrá derecho a tres diputados más uno por el residuo que no baje de 10,000 ó 15,000 habitantes. Cuando ese mismo circuito alcance una población de 150,000 habitantes al aplicarle el factor del 30%, encontraremos que la cantidad de diputados continúa igual (3+1) y cuando ese mismo circuito alcance una población de 200,000 encontraremos que al aplicarle el factor del 30%, la cantidad de diputados sigue igual. Desde luego que las disposiciones en lugares o circuitos con poblaciones inferiores el mecanismo se ajustaría en términos de que se de la representación para dichos circuitos.
Una Constitución en donde exista la iniciativa popular bien reglamentada desde luego, pero sin las cortapisas que la hagan ineficaz.
Abogamos por una constituyente para enrumbar los destinos nacionales por mejores senderos, para lo cual pedimos a la señora presidenta vuelva la mirada a intelectuales de la talla y la experiencia de César A. Quintero, tanto como de Miguel Antonio Bernal, Carlos Iván Zúñiga, Humberto Ricord, Carlos Bolívar Pedrechi, Italo Antinori, Donatilo Ballesteros y Mario Galindo, para que integren la Comisión de Notables y le entreguen al país un primer borrador de una Constitución que por su calidad borre el lastre que nos produjo la de 1972.
Quiera Dios que los panameños de todos los partidos, de todos los credos, de todas las condiciones sociales piensen sólo en Panamá, para salir esta vez, como en 1946, con pie derecho en la búsqueda de mejores destinos.

101 años de Panamá América

 
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