Apostemos por más y mejor educación
EN EL PLAYÓN que dejó la bajamar encontré a un grupo de niños y jóvenes de un pueblo de pescadores que dibujaban sobre la arena enormes figuras de peces y barcos, corazones, fechas y nombres. Al frente estaba el edificio de la escuela cerrado por las vacaciones. Uno de los jóvenes me contó cómo nunca en su escuela habían utilizado la playa como un gran cuaderno lleno de posibilidades pedagógicas, pues para él la educación era sinónimo de aburrimiento y monotonía, y al aula sólo le faltaba la jota para expresar lo que en verdad es: una jaula que hace prisioneros a los estudiantes y profesores, a través de una educación repetitiva, memorística y desprovista de participación.
Es difícil encontrarse con alguna persona que niegue esta verdad irrefutable. La educación necesita una profunda renovación y reestructuración. El quid del asunto es cómo reformarla y cuales son los objetivos fundamentales de esos necesarios cambios.
Definitivamente al sistema educativo le urgen cambios profundos y faltan propuestas educativas renovadoras que fortalezcan la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propio desarrollo. Debe desencadenarse un proceso de búsqueda de alternativas a la crisis de un sistema educativo, el cual debe tener capacidad para responder con la calidad y evolución necesaria a sus actuales y futuros educandos, y que carece de capacidad inclusiva para lograr sumar a segmentos de la población que quedan al margen de la instrucción, o que reciben una educación de baja calidad.
Las propuestas debe basarse en un pensamiento innovador y proyectar la necesidad de una reconceptualización del modelo pedagógico desde una visión del cambio educativo, haciendo énfasis la metodología que aporta elementos tan vitales como la revalorización del saber del educando, y su relación con el contexto; lo que le otorgaría una potencialidad transformadora, puesto que es fundamental que el proceso educativo exprese nuestra cultura, capacidad de interculturalidad, idiosincrasia, historia, perspectivas e identidad.
La propuesta de educación integral implica la combinación de modalidades formales y no formales en ofertas educativas en una íntima relación con las realidades, aspiraciones y necesidades de los sectores sociales con los que se trabaja. Calidad y equidad se ligan como principios infaltables de un proceso que debe abarcar la integralidad de los ejes temáticos, la diversidad de género, cultura, edad, situación socioeconómica, capacidad física o mental; y la pluralidad de las formas educativas ligadas a la máxima calidad posible. Debe propiciar la creación de ambientes educativos en los espacios de la cotidianidad, estimulando la construcción y diálogo de saberes. Redefiniendo los proceso educativos en función de una visión diferente del conocimiento y de la participación de la gente en su extensión, producción, aplicación y apropiación.
Se trata de valorar los procesos de socialización dirigidos a acrecentar y consolidar las capacidades individuales, grupales y colectivas de los sectores (en especial marginales), a través de la recuperación y recreación de valores; la revalorización de la memoria histórica; y la producción, apropiación y aplicación de conocimientos que permitan la participación activa en las propuestas de desarrollo en el ámbito local, regional y nacional.
La educación debe ser parte activa de los procesos sociales que generen o reconstruyan intereses, aspiraciones, cultura e identidades que apunten al desarrollo humano. Debe aportar al crecimiento y consolidación tanto en la conciencia como en la práctica, de los valores de solidaridad, participación, laboriosidad, honestidad, creatividad, criticidad y el compromiso de la acción transformadora.
La descentralización es un elemento fundamental de toda reforma auténtica, no sólo de la educación sino del sistema económico, político y social de un país, y que la dificultad estriba en como se desarrolla esa idea y su necesaria aplicación en forma consultada, gradual y participativa. Además, la descentralización verdadera no es desconcentración, sino el estímulo real a la autonomía a través no sólo de delegar competencias, sino también de los recursos necesarios para que funcione adecuadamente en el marco de un planteamiento integral.
Es importante desarrollar la producción y apropiación colectiva del conocimiento. Se trata de capacitar a la gente para construir conocimiento, y apropiarse críticamente del conocimiento universal acumulado, en lugar de sólo transmitirlo unidireccionalmente. En este proceso, el punto de partida y de llegada es la práctica, constituyendo lo acumulado el momento de profundización que permita a la práctica existente dar el salto de calidad hacia una práctica mejorada, en un proceso siempre ascendente. En este sentido, la propuesta educativa debe estar atravesada por el énfasis participativo, la coherencia entre métodos y técnicas. No hay proceso de educación si no se propicia la relación estrecha entre la educación y la vida, visualizando a la gente no solamente como beneficiarias, sino como actores principales del proceso.
Todos debemos aportar a este esfuerzo. La reciente constitución del Consejo Nacional de Educación es una oportunidad para aportar a la mejoría de la educación, y debe ser puerta abierta para que se expresen y circulen las buenas propuestas que la sociedad construya y que el país necesita.
(raulleisr@hotmail.com)
Es difícil encontrarse con alguna persona que niegue esta verdad irrefutable. La educación necesita una profunda renovación y reestructuración. El quid del asunto es cómo reformarla y cuales son los objetivos fundamentales de esos necesarios cambios.
Definitivamente al sistema educativo le urgen cambios profundos y faltan propuestas educativas renovadoras que fortalezcan la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propio desarrollo. Debe desencadenarse un proceso de búsqueda de alternativas a la crisis de un sistema educativo, el cual debe tener capacidad para responder con la calidad y evolución necesaria a sus actuales y futuros educandos, y que carece de capacidad inclusiva para lograr sumar a segmentos de la población que quedan al margen de la instrucción, o que reciben una educación de baja calidad.
Las propuestas debe basarse en un pensamiento innovador y proyectar la necesidad de una reconceptualización del modelo pedagógico desde una visión del cambio educativo, haciendo énfasis la metodología que aporta elementos tan vitales como la revalorización del saber del educando, y su relación con el contexto; lo que le otorgaría una potencialidad transformadora, puesto que es fundamental que el proceso educativo exprese nuestra cultura, capacidad de interculturalidad, idiosincrasia, historia, perspectivas e identidad.
La propuesta de educación integral implica la combinación de modalidades formales y no formales en ofertas educativas en una íntima relación con las realidades, aspiraciones y necesidades de los sectores sociales con los que se trabaja. Calidad y equidad se ligan como principios infaltables de un proceso que debe abarcar la integralidad de los ejes temáticos, la diversidad de género, cultura, edad, situación socioeconómica, capacidad física o mental; y la pluralidad de las formas educativas ligadas a la máxima calidad posible. Debe propiciar la creación de ambientes educativos en los espacios de la cotidianidad, estimulando la construcción y diálogo de saberes. Redefiniendo los proceso educativos en función de una visión diferente del conocimiento y de la participación de la gente en su extensión, producción, aplicación y apropiación.
Se trata de valorar los procesos de socialización dirigidos a acrecentar y consolidar las capacidades individuales, grupales y colectivas de los sectores (en especial marginales), a través de la recuperación y recreación de valores; la revalorización de la memoria histórica; y la producción, apropiación y aplicación de conocimientos que permitan la participación activa en las propuestas de desarrollo en el ámbito local, regional y nacional.
La educación debe ser parte activa de los procesos sociales que generen o reconstruyan intereses, aspiraciones, cultura e identidades que apunten al desarrollo humano. Debe aportar al crecimiento y consolidación tanto en la conciencia como en la práctica, de los valores de solidaridad, participación, laboriosidad, honestidad, creatividad, criticidad y el compromiso de la acción transformadora.
La descentralización es un elemento fundamental de toda reforma auténtica, no sólo de la educación sino del sistema económico, político y social de un país, y que la dificultad estriba en como se desarrolla esa idea y su necesaria aplicación en forma consultada, gradual y participativa. Además, la descentralización verdadera no es desconcentración, sino el estímulo real a la autonomía a través no sólo de delegar competencias, sino también de los recursos necesarios para que funcione adecuadamente en el marco de un planteamiento integral.
Es importante desarrollar la producción y apropiación colectiva del conocimiento. Se trata de capacitar a la gente para construir conocimiento, y apropiarse críticamente del conocimiento universal acumulado, en lugar de sólo transmitirlo unidireccionalmente. En este proceso, el punto de partida y de llegada es la práctica, constituyendo lo acumulado el momento de profundización que permita a la práctica existente dar el salto de calidad hacia una práctica mejorada, en un proceso siempre ascendente. En este sentido, la propuesta educativa debe estar atravesada por el énfasis participativo, la coherencia entre métodos y técnicas. No hay proceso de educación si no se propicia la relación estrecha entre la educación y la vida, visualizando a la gente no solamente como beneficiarias, sino como actores principales del proceso.
Todos debemos aportar a este esfuerzo. La reciente constitución del Consejo Nacional de Educación es una oportunidad para aportar a la mejoría de la educación, y debe ser puerta abierta para que se expresen y circulen las buenas propuestas que la sociedad construya y que el país necesita.
(raulleisr@hotmail.com)