default

Apoyemos al fiscal electoral


Todo el mundo vaticina o se queja de que se ha iniciado una guerra sucia y que nadie respeta el pacto de ética y moral que se supone se ha acordado entre los partidos políticos (léase politiqueros). Pues a mí se me ocurre que la desvergüenza, la insolencia, el descaro, la falta de respeto al pueblo, que es el soberano son, en efecto, guerra sucia.
Esto me vino a la mente cuando se observa que el fiscal electoral, Gerardo Solís, procederá legalmente ante la negativa del gobierno de informar acerca de las partidas secretas. Está bueno ya de denominarlas discrecionales. Y también se reporta que Solís fue "invitado" a la presidencia de la república.
Tal invitación, o será citación, fue para reiterar la renuencia gubernamental a proporcionar la información señalada. Pero la presidenta se hizo acompañar del Contralor, los ministros de Economía y Finanzas y Gobierno y Justicia, el viceministro de la Presidencia y la ex, pero que parece todavía es, ministra Ivonne Young.
Entiendo que le cayeron en pandilla al fiscal electoral. Para mí esto evidencia el descaro con que el mireyismo trata de controlar el ente electoral.
No sé cuál es el siguiente paso, pero se debe apoyar al fiscal para que cumpla con sus funciones y no permita que el control del Ejecutivo de los tres poderes del Estado se amplíe, más de lo que ya parece, al Tribunal Electoral.
Los que acompañaron a la presidenta me recuerdan a los que acompañan a Martincito. Ahí lo dejo. En "Se escucha por ahí" de Crítica (10/3/04), citan a Martincito diciendo que no va a nombrar a ningún militar jubilado y comentan que se fregó triple D. Este es el mismo militar que lamía las escalinatas del Cuartel Central de la Avenida A cuando aparecía Noriega con aires de triunfo después que había sofocado los intentos de destronarlo. El cumplimiento de esta promesa sería un poroto para Martincito.
En la misma columna reportan que Martincito también dijo que el mireyismo acabó con la Ley de Transparencia y cuestionó la decisión de no dar a conocer el uso de la partida secreta de la presidenta. Agrego yo, que debió haber exigido la divulgación de los detalles de las partidas secretas post-invasión. A lo mejor no le da el cobre. No hablo de partidas secretas de la narcodictadura, porque parece que esto nunca se hará y sería cuestión de nunca acabar.
Me llamó mucho la atención que en El Siglo, 10/3/04, llamasen semillanto la defensa que hizo Pichulo de mano de piedra de las críticas de Martincito. Lo que debían destacar es que Pichulo ha afirmado su voluntad de investigar los casos de corrupción, incluyendo el del CEMIS.
Y hablando del CEMIS, parece que la Corte Suprema de Justicia va a darle un corte definitivo a las indagaciones en este caso. Sólo hay que fijarse quiénes votan a favor y en contra de este corte para constatar aquello del control de los tres poderes del Estado.
Los órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial quieren darle corte final al caso CEMIS y todos los cabos parecen atados, pero el pueblo no lo cerrará ni mucho menos olvidará.
Todo lo expuesto puede denominarse desvergüenza, descaro, insolencia, o guerra sucia. Usted escoja, caro lector. Es evidente que muchos politiqueros andan asustados de que el nuevo presidente decida combatir sin cuartel la corrupción y esté dispuesto a convocar a una Constituyente como uno de los primeros pasos de esa batalla.
Ahora bien, para muchos todo lo antedicho es guerra sucia, para mí sería luchar por los más altos intereses de la nación. Panamá y su pueblo son lo que cuenta, la partidocracia que se jo...robe. ¿O no?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América