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¿Apoyo o cortesía hacia la nueva causa panameña?


Es casi un sueño para cualquier gobierno, que bajo su gestión se lleve a cabo una Cumbre de jefes de Estado. Lograrlo es tan complicado, que cuando se decidió llevar a cabo la X Cumbre en Panamá, ningún panameño podía adivinar quiénes serían nuestros candidatos para mayo del 1999. Sin embargo, por el principio de la continuidad permanente de los estados, al designarse a Panamá, se escogió a su pueblo y por lo tanto, al gobierno que estaría de turno en noviembre del 2000 para cumplir la responsabilidad y lograr para el país lo máximo de tan magno evento.
Una vez llegado al poder, cada gobierno designa su equipo diplomático, el cual hace énfasis y crea nuevos temas de interés nacional, mientras resuelve o archiva algunos pendientes. Cuáles y cómo lo hace, es algo que queda a su arbitrio, con lo que va mostrando su eficacia y su experiencia. A la postre sus actos y logros serán analizados dentro del contexto de la continuidad permanente de los estados y se le evalúa en una perspectiva histórica e inevitablemente, en relación con equipos anteriores y futuros. No hay alternativa.
Si hago esta correlación, es porque el momento histórico que nos ofreció la X Cumbre Iberoamericana, no se volverá a repetir en mucho años. En esta ocasión, el equipo diplomático actual marcó claramente que su objetivo diplomático principal es obligar que los Estados Unidos terminen de cumplir con los Tratados Torrijos-Carter y limpien o hagan limpiar los antiguos polígonos de tiro. Este problema no es nuevo, pero sí lo es el convertirlo en una nueva lucha nacional. Tiene su génesis en el texto de los Tratados Torrijos-Carter, que establecen que: Los Estados Unidos se comprometen a llevar a cabo la limpieza de (los) polígonos hasta donde sea viable. La "viabilidad" es un término que tiene varias acepciones, dependiendo de quién tiene que cumplirla. Para un país como el nuestro, es obvio que la viabilidad de tal limpieza, tiene sus límites en el presupuesto nacional esquelético al contrario de los Estados Unidos, para quienes el solo límite está en la voluntad política y de cooperación hacia Panamá, ya que cuentan con un presupuesto de gastos que prevé este tipo de limpiezas en las tantas bases que abren y cierran mundialmente.
La viabilidad es pues ilimitada para los Estados Unidos y sólo requiere de nuestra parte una diplomacia efectiva para que cumplan. Pero esa diplomacia debe ser amplia y profesional. Debe incluir en su seno, a intelectuales de todos los partidos políticos, nacionalistas, universitarios y profesionales, para darle a esta lucha una concepción nacional en lo interno, lo cual le permitirá ser más efectiva internacionalmente.
Pero paradójicamente, nuestro equipo diplomático todavía no ha tomado en cuenta estos elementos, ni utiliza algunos de los parámetros diplomáticos útiles de los que usó Panamá para negociar con éxito los Tratados Torrijos Carter, obteniendo primero el apoyo de cada presidente vecino, después el de los otros latinoamericanos, luego el de foros pequeños y grandes, para terminar con la introducción del tema ante la OEA y la ONU y en donde los países de América Latina y tercermundistas nos apoyarán.
Nuestra diplomacia nos parece un poco incierta y a veces incoherente, como al haber enviado a nuestra presidenta a tocar el tema de la limpieza directamente con Clinton, cuando ya sabían que la esperaba una negativa envuelta en promesas de diálogos. Es imperdonable haber dejado quemar ese cartucho atómico. Igualmente la convencieron de que presentara una denuncia ante la ONU para que se incluya éste como uno de los temas de la Asamblea General, sin hacerlo ante la OEA y sin saber siquiera qué países hablarán en favor nuestro. Una denuncia internacional, requiere, a priori, de una serie de acciones diplomáticas concatenadas y bien esbozadas. Ahora ante la Décima Cumbre Iberoamericana, nuestro equipo obtuvo una frase que dice: "Respaldamos las acciones (sic) de Panamá para garantizar la limpieza de las zonas adyacentes al Canal, a fin de eliminar el riesgo a la vida, salud y ambiente, causado por explosivos no detonados y materiales contaminantes que permanecen en las áreas devueltas". Esta frase tan tímida más bien parece respaldar las acciones de nuestros diplomáticos, porque no respalda nuestra causa ni le pide a los gringos que limpien los polígonos.
Para una presidenta con un espíritu de hierro valioso y carismática, es una lástima que su equipo diplomático no le haya sabido estructurar todavía una diplomacia coordinada. Cuando leemos detalladamente la declaración de la X Cumbre, nos parece poco el apoyo internacional que obtendremos para nuestra nueva causa, a menos que nos mostremos antes más decisivos y le demos algo más de calor nacional.

101 años de Panamá América

 
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