Aprenda a motivar
ES USTED padre de familia, maestro, líder en su comunidad o entrenador de un equipo deportivo En cualquier cargo en el que usted trabaje con otras personas, debe aprender a motivar. Santo Tomás de Aquino no sabía mucho sobre educación o motivación, pero dijo que cuando se quiere cambiar a alguien hacia otro punto de vista, se debe comenzar a trabajar desde la perspectiva de ese individuo. Toda persona tiene una serie de creencias depositadas en su conciencia. Mientras no se conozca lo que la gente valoriza y desea obtener en la vida, no se puede elaborar un plan exitoso para motivarla.
Para lograr esto, hay que observar cuidadosamente las necesidades de las personas y tratar de ponerse en su lugar para saber lo que piensan, desean y sienten. Se dará cuenta que toda conducta tiene una causa y el ser humano es llevado a actuar por sus intereses. Si se piensa bien cómo se puede apelar mejor a sus deseos, se pueden evitar muchos fracasos y frustraciones. Si al comerciante no le interesan en lo más mínimo las necesidades de sus clientes, no logrará vender mucho. Si al maestro no le interesan las necesidades de sus alumnos, no los podrá motivar para estudiar.
Un buen plan de motivación tiene que ser estructurado como ropa hecha a la medida. Usted no podrá motivar a nadie con un plan que sólo obedece a su propio bien o al de su empresa. No es fácil motivar a un empleado diciéndole que debe trabajar por el bien de la compañía, si lo que él desea es su propio beneficio que consiste en sentirse bien y contento en su trabajo, tener un salario adecuado, saber que está trabajando por el bienestar de su familia. Hay que llegar a sus fibras más profundas haciendo que amen su trabajo, porque lo realizan ellos, brindándoles las mejores oportunidades y medios para lograrlo y formándolos integralmente para que obtengan una nueva visión de la vida con valores más profundos. Hay que tratar de hacerles ver que su trabajo no beneficia nada más a ellos y a la empresa, sino que, en definitiva, trasciende esas fronteras y repercute en el bien común para el progreso de su comunidad y de su patria.
Para algunos ejecutivos o gerentes, el ver que sus empleados están insatisfechos es un constante motivo de irritación. En vez de sentirse enojado, un buen motivador aprovecha esas insatisfacciones para canalizar los descontentos y convertirlos en fuerza y energía. Motiva a sus empleados para luchar, aunando esfuerzos, puliendo sus potencialidades y haciendo que sus necesidades trabajen como un impulso.
Si quiere ser buen motivador o líder, es esencial demostrar a las personas que son importantes. Una forma de hacerlo es conocer sus problemas, inquietudes, preferencias, ideas y creencias. Un buen líder permite que sus subordinados hablen y expresen sus ideas con total libertad. Si los escucha lo suficiente, entenderá cómo deben ser motivados.
Un verdadero líder no sacrifica la eficacia para ser popular o simpático ante todos. No hay nada menos eficiente que un superior que trata de complacer a todo el mundo o pretende favorecer sólo a determinadas personas. Un jefe muy blando o despreocupado no es respetado, porque --no se preocupa por la excelencia de su empresa ni de las personas que trabajan para él. Igualmente, aquel que siempre cede ante el que más grita por evitar conflictos y peleas, no será un motivador auténtico, porque permite que las personas agresivas hagan lo que les da la gana. Por hacerse simpático y agradable, no mantiene una postura firme y auténtica en defensa de los ideales y valores de la sociedad, empresa o grupo. Los líderes auténticos están suficientemente convencidos de la importancia de sus metas, exigen calidad y la ofrecen en todo lo que hacen. El líder debe ser una persona firme y auténtica, no opresiva ni grosera que utiliza su puesto para aprovecharse ni para exhibir o humillar a la gente.
Para ser un buen motivador, algunas veces tendrá que beber del cáliz del sufrimiento y experimentar ciertas amarguras por el bien de otros. Para ser eficaz y eficiente, debe amar la excelencia y exigir calidad, sin caer en perfeccionismos neuróticos. Sea un convencido de lo que está haciendo y defienda los valores y metas del grupo, ya sea su empresa, partido político o movimiento de apostolado. Las personas necesitan y desean tener un motivo por el que vivir, luchar y hasta morir. Nada puede sustituir el poder motivador de una gran causa. Cuando Jesús llamó a sus discípulos, no les ofreció nada fácil ni cómodo. Por el contrario, les dijo que tomaran su cruz y lo siguieran, que el camino sería angosto y difícil. Con Dios logramos perseverar para superar dificultades, vencer y ser exitosos en la vida. No importa lo que venga, con Dios seremos, ¡Invencibles
(*) Analista política uruguaya.
www.aipenet.com
El Censo de Población del 2000 de la Contraloría General de la República registró unos 53 mil discapacitados.
Para lograr esto, hay que observar cuidadosamente las necesidades de las personas y tratar de ponerse en su lugar para saber lo que piensan, desean y sienten. Se dará cuenta que toda conducta tiene una causa y el ser humano es llevado a actuar por sus intereses. Si se piensa bien cómo se puede apelar mejor a sus deseos, se pueden evitar muchos fracasos y frustraciones. Si al comerciante no le interesan en lo más mínimo las necesidades de sus clientes, no logrará vender mucho. Si al maestro no le interesan las necesidades de sus alumnos, no los podrá motivar para estudiar.
Un buen plan de motivación tiene que ser estructurado como ropa hecha a la medida. Usted no podrá motivar a nadie con un plan que sólo obedece a su propio bien o al de su empresa. No es fácil motivar a un empleado diciéndole que debe trabajar por el bien de la compañía, si lo que él desea es su propio beneficio que consiste en sentirse bien y contento en su trabajo, tener un salario adecuado, saber que está trabajando por el bienestar de su familia. Hay que llegar a sus fibras más profundas haciendo que amen su trabajo, porque lo realizan ellos, brindándoles las mejores oportunidades y medios para lograrlo y formándolos integralmente para que obtengan una nueva visión de la vida con valores más profundos. Hay que tratar de hacerles ver que su trabajo no beneficia nada más a ellos y a la empresa, sino que, en definitiva, trasciende esas fronteras y repercute en el bien común para el progreso de su comunidad y de su patria.
Para algunos ejecutivos o gerentes, el ver que sus empleados están insatisfechos es un constante motivo de irritación. En vez de sentirse enojado, un buen motivador aprovecha esas insatisfacciones para canalizar los descontentos y convertirlos en fuerza y energía. Motiva a sus empleados para luchar, aunando esfuerzos, puliendo sus potencialidades y haciendo que sus necesidades trabajen como un impulso.
Si quiere ser buen motivador o líder, es esencial demostrar a las personas que son importantes. Una forma de hacerlo es conocer sus problemas, inquietudes, preferencias, ideas y creencias. Un buen líder permite que sus subordinados hablen y expresen sus ideas con total libertad. Si los escucha lo suficiente, entenderá cómo deben ser motivados.
Un verdadero líder no sacrifica la eficacia para ser popular o simpático ante todos. No hay nada menos eficiente que un superior que trata de complacer a todo el mundo o pretende favorecer sólo a determinadas personas. Un jefe muy blando o despreocupado no es respetado, porque --no se preocupa por la excelencia de su empresa ni de las personas que trabajan para él. Igualmente, aquel que siempre cede ante el que más grita por evitar conflictos y peleas, no será un motivador auténtico, porque permite que las personas agresivas hagan lo que les da la gana. Por hacerse simpático y agradable, no mantiene una postura firme y auténtica en defensa de los ideales y valores de la sociedad, empresa o grupo. Los líderes auténticos están suficientemente convencidos de la importancia de sus metas, exigen calidad y la ofrecen en todo lo que hacen. El líder debe ser una persona firme y auténtica, no opresiva ni grosera que utiliza su puesto para aprovecharse ni para exhibir o humillar a la gente.
Para ser un buen motivador, algunas veces tendrá que beber del cáliz del sufrimiento y experimentar ciertas amarguras por el bien de otros. Para ser eficaz y eficiente, debe amar la excelencia y exigir calidad, sin caer en perfeccionismos neuróticos. Sea un convencido de lo que está haciendo y defienda los valores y metas del grupo, ya sea su empresa, partido político o movimiento de apostolado. Las personas necesitan y desean tener un motivo por el que vivir, luchar y hasta morir. Nada puede sustituir el poder motivador de una gran causa. Cuando Jesús llamó a sus discípulos, no les ofreció nada fácil ni cómodo. Por el contrario, les dijo que tomaran su cruz y lo siguieran, que el camino sería angosto y difícil. Con Dios logramos perseverar para superar dificultades, vencer y ser exitosos en la vida. No importa lo que venga, con Dios seremos, ¡Invencibles
(*) Analista política uruguaya.
www.aipenet.com
El Censo de Población del 2000 de la Contraloría General de la República registró unos 53 mil discapacitados.
La Ley 42 establece que "todo empleador que tenga 50 o más trabajadores contratará trabajadores con discapacidad debidamente calificados en una proporción de 2% de su personal con igual salario al de cualquier otro que desempeñe la misma tarea dentro de la institución o empresa".
Se cree que la cifra de discapacitados supera esos 53 mil registrados por la Contraloría de la República.