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Aprovechar los primeros años


Cuentan los historiadores que Aníbal decidió atacar a los romanos en su propio terreno, en Italia, y después de cruzar los Pirineos y los Alpes los venció en Cannes, produciendo unos 70 mil muertos de ellos; pero, en vez de seguir hasta Roma, se quedó en Capua descansando y entregándose, con su ejército, a la diversión y a los placeres. Entretanto, los romanos se reorganizaron y lo derrotaron. Cuenta la historia que este caudillo dijo: "¡Cuando podía, no quise; ahora que querría, no puedo!"
Con la educación de los niños sucede algo parecido: cuando se puede actuar y sentar las bases de una buena formación, con escolares de menos de diez años, los padres se inhiben al ver a sus hijos activos, despreocupados y sin problemas aparentes. Pero cuando se quiere actuar con los hijos de 17 ó 20 años, resulta que ya es tarde. "Lo que se hace o deja de hacer en la infancia influye directamente en la mayor o menor resistencia de los chicos al ataque de todos los agentes negativos que van a tener que soportar." (Alfonso Aguiló).
Igual sucede con la adquisición de ciertas habilidades, como la natación o tocar un instrumento musical o aprender inglés. Si no se adquieren estas destrezas en la edad escolar, es difícil que se dominen en la edad adulta. Por eso hay que aprovechar los diez primeros años del niño para vencer el egocentrismo propio de su edad y el egoísmo que busca la satisfacción de sus gustos y caprichos en todos los ámbitos de la vida familiar y escolar. Además procuran los infantes imponer sus deseos a quienes les rodean en todos sus caprichos.
El archivar los asuntos y dejar pasar el tiempo no resuelve el problema, sino que lo agrava. Si el niño no adquiere en los primeros años los hábitos para el orden, el trabajo, la ayuda en casa, respetar y obedecer a los mayores, etc., esto lo llevará a un progresivo deterioro personal en el futuro.

101 años de Panamá América

 
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