Apuesta por una vida mejor
Julius Warren escribió que "La adolescencia es como una casa en tiempo de mudanza: un desorden temporal". Pero en ese aparente caos de encuentros y desencuentros está presente ese niño o niña haciendo camino hacia la construcción plena de la persona humana. La sociedad en que vivimos es asimétrica y la familia muchas veces está astillada, el entorno de camino, pues, no es fácil. Allí, la educación (en el hogar, los medios, la comunidad y la escuela) aparece como uno de los grandes orientadores de la vida cuando es integral, equitativa y de calidad.
Es ya un lugar común el comentario que afirma que los hijos deberían venir con un manual, especialmente para la etapa de la adolescencia. Después de leer el libro "El despertar en el mundo del adolescente" del Dr. Gilberto Abood Guillén, me convenzo que es una de las propuestas que llena ese vacío de forma diáfana y efectiva.
El autor logra su propósito a través del aporte de capítulos donde relaciona la adolescencia con la comunicación, los sentimientos, el grupo, la sexualidad, la autoridad, la familia, la educación, la sociedad y con reflexiones que permiten abordar las diversas aristas de este especial período de la vida. Por ello que no es extraño que este libro esté también dirigido a los/las educadores/as.
Algo muy importante transpira este libro. Más allá de ver a los/las adolescentes sólo como objeto de estudio, el Dr. Abood muestra un intenso compromiso con ellos y ellas, que provoca que el libro sea llano y sencillo, impregnado de motivación y cariño.
Como me comentó mi hija María del Pilar, psicóloga en proceso, que compartió la lectura del texto: "Recordemos que todos fuimos adolescentes una vez. Hay que darle voz y voto para que ellos/ellas se sientan escuchados, pues una palabra clave en su mundo es la búsqueda de la identidad".
Uno de los desafío más difíciles y complejos de la política social es la reconstitución de la trama social y familiar. Al aumentar la presión económica y social incrementa la capacidad asociativa; pero cuando la presión llega a ciertos límites, las redes se recargan y los sistemas sociales dejan de funcionar, con consecuencias desastrosas para familias y comunidades. La violencia gestada en la anomia social y en una escasa capacidad asociativa, debilita gradualmente las organizaciones comunitarias y conspira contra ellas. Cuando la trama social es fuerte a través de una red densa de organizaciones y asociaciones (cívicas, reivindicativas, iglesias, grupos de padres de familia y maestros, ligas deportivas y clubes sociales, entre otros), o cuando los valores familiares se mantienen y fortalecen se abren más posibilidades de equidad y producen las condiciones para reducir la vulnerabilidad.
Nunca es tarde para prescindir de nuestros prejuicios, afirmó Henry David Thoreau.
Este libro ayuda en la tarea de cambiar prejuicios por apuestas de comprensión, respeto y amor con esa juventud que merece todo eso y más, y con ello a fortalecer la trama social.
raulleisr@hotmail.com