Aquilatar el momento
Nadie niega el derecho que asiste al gobierno colombiano de garantizar y hacer cumplir sus acciones soberanas. En los últimos años nadie como Álvaro Uribe ha logrado devolver a Colombia un grado de estabilidad, llevando las instituciones y la presencia del Estado a los rincones más apartados, desplazando a la guerrilla que actuaba impune en esas áreas. Además de la reactivación económica en la construcción y el turismo, y la estabilidad de ciudades que otrora vivían acosadas por acciones insurgentes. Sin duda, la política de seguridad democrática ha sido la piedra angular de esta nueva realidad.
No se puede desconocer la forma como se ha incrementado la moral en el ejército tras exitosas acciones contra guerrilleros. Pero ese es un escenario y el que corresponde al canje humanitario es otro, dada la activa participación de la comunidad internacional. Puede resultar inoportuno e imprudente reclamar ahora el derecho que asiste al Estado para rescatar por la fuerza a los rehenes que mantiene las FARC en su poder, sobre todo por las gestiones que han adelantado hasta ahora gobiernos como el de Francia, y en el que se prevé la próxima entrada de la presidencia argentina. ¿Existen garantías para intentar un rescate por la fuerza sin que mueran los rehenes? ¿Qué consecuencias se producirían? El Palacio de Nariño debería sopesar estos factores antes de lanzarse en una acción cuyos resultados, de no ser los deseados, podrían afectar los logros obtenidos hasta ahora por Uribe.