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Aquilino Boyd


Los días 9 y 15 de octubre de 2002, este diario publicó dos extensos escritos míos titulados "Experiencias canaleras (I)" y "Experiencias canaleras (II)". En los mismos me referí a unas pocas instancias relativas a las intervenciones dinámicas que tuvo el Lic. Aquilino E. Boyd, político y hombre público, para lograr que se cumpliera el principio de igualdad de salarios a los trabajadores del Canal de Panamá. Y digo pocas instancias porque dichos artículos no incluyeron todas las gestiones que al respecto hizo mi estimado amigo Aquilino.
Escribo esto porque con motivo del sensible fallecimiento del Lic. Boyd, no tengo que arrepentirme, como me ha pasado en otras ocasiones, por no haberle hecho el reconocimiento de sus sinceros y constantes empeños por mejorar la calidad de vida de los trabajadores, principalmente, del canal pero no exclusivamente, mientras estuvo entre nosotros.
Eso sí, recalco que me referí a unas pocas instancias porque junto con muchos amigos fui testigo de muchas otras ocasiones en que el Lic. Boyd demostró con acciones su sincera disposición por coadyuvar en lo que pudiera, no importa qué posición pública ocupara, para impulsar el cumplimiento de los Tratados Remón-Eisenhower en beneficio de los trabajadores canaleros.
Desafortunadamente, me temo que esas ejecutorias no son conocidas por muchos de estos trabajadores.
Aquilino fue una figura política respetada y a veces envidiada.
Recuerdo una anécdota de que estando en una reunión social uno de sus mejores amigos le dijo: "Cuando tú mueras, tu epitafio rezará "Aquí yace el perenne candidato a la presidencia de la República". Y hago referencia a esto no para ser jocoso en momentos de tragedia, sino para hacer constar que a mí me hubiera gustado ver al Lic. Boyd en la Presidencia de la República, puesto que fui testigo de su vocación de servicio, de actuación, de ejecución, y no sólo de retórica, como muchos funcionarios anteriores y presentes.
Sólo me resta extender mi más sentido pésame a su amantísima esposa, Doña Dorita, y a todos sus hijos, nietos y familiares.
Descansa en paz, amigo Aquilino; que Dios te acoja en su seno. Aunque nuestros encuentros fueron esporádicos y espaciados, siempre conservé el espíritu de amistad hacia ti porque sé que fuiste un hacedor de patria.

101 años de Panamá América

 
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