Arena del mar: Problema que requiere firme decisión
Periodista
Los más de 7 millones de dólares que se iban a invertir en una segunda parte del proyecto turístico Decameron en las playas de Farallón, fue suspendido como consecuencia de la intención de cuatro compañías de extraer arena del mar frente a las costas de ese proyecto, a pesar que repetidamente los ecologistas han hecho público el daño que ello puede causar a la ecología, a las actividades pesqueras y proyectos turísticos, tanto en la plataforma continental, como en los ríos Chagres y Pacora, lo que ha afectado ya la calidad del agua que se toma en la ciudad capital. De esta forma, mientras la conciencia ecológica y ambiental busca una mayor seguridad y garantía de un alto nivel de vida, otros insisten en "explotar irracionalmente los recursos naturales del país". Estas nuevas solicitudes de concesiones la hacen esas empresas, que poseen la misma Junta Directiva, para extraer arena submarina y usarla en el relleno del proyecto del Puerto Balboa-Panamá Ports, en las riberas del Canal.
Consultado John Maduro, del Desarrollo de Punta Chame, el estudio realizado en 1973 por Eloin McDonald para la Dirección de Minas del Ministerio de Comercio e Industrias, ya indicaba la peligrosidad de dicha actividad en los alrededores de isla Taborcillo para el futuro de las áreas aledañas. Según él, la extracción ha continuado y ha afectado sus playas y aquellas otras del área de Capira, las cuales ahora muestran un deterioro galopante. Manifestó Maduro que "el problema es a futuro, porque antes se sacaba arena de Punta Chame para la construcción de las esclusas del Canal, y no es sino hasta ahora que vemos cómo el mar ha ido avanzando y destruyendo propiedades que desaparecen en sus aguas".
De acuerdo a John Maduro, fue el Dr. Harmodio Arias uno de los primeros abogados en debatir jurídicamente sobre el problema, ganando el caso y la extracción de arena se detuvo. Como consecuencia de dicha acción, Punta Chame disminuyó su tamaño, con el paso del tiempo volvió a crecer y en este momento está volviendo atrás. Agregó que las áreas de Punta Chame y Gorgona tienen el mismo problema "porque cuando se saca arena de un lado, el mar rellena ese hueco con arena de otro lado". Consultados al respecto diversos técnicos, éstos señalaron que el oleaje que mueve arenas afecta la plataforma submarina hasta unos 170 pies, unos 52 metros, y el plan de extracción actual pretende sacar arena a una profundidad de 8 a 10 metros.
El Poligueto, una lombriz de arena que es la base del sustento alimenticio de peces, camarones y otras especies, desaparece con la extracción de arena, constituyéndose en un peligro para el ecosistema, especialmente para las recién nacidas. Para John Maduro, la extracción de arena "podrá convertirse en una adivinanza educada con fundamento en teorías, pero adivinanza al fin".
En Cuba se calificó dicha actividad como "trágica", porque representó una verdadera catástrofe ecológica e irreparable. Al norte de la provincia de Holguín y en las playas de Varadero, considerada una de las más hermosas del mundo, se había extraído alrededor de 1 millón de metros cúbicos en un año. El costo económico fue enorme para el gobierno cubano. Grecia también ha manifestado su desacuerdo, y allí han prohibido tomar del mar siquiera una pequeña bolsa de arena. En España y Estados Unidos se aplican las mismas regulaciones, confirmando sus informes ecológicos que la extracción de arena rompe la cadena alimentaria de organismos y microorganismos marinos.
En Panamá, dichas empresas pretenden extraer dos millones de metros cúbicos de arena. A esta actividad se ha opuesto el IPAT, porque según su directora general Liriola Pitty, "éstas atentan contra el desarrollo sostenible, contra el Plan Maestro de Turismo y contra la declaratoria de esa área de Farallón como Zona de Interés Turístico. Lo lamentable de todo ello es que a pesar de que diversos técnicos de la ANAM manifestaron estar en contra de la extracción de arena en playas de Antón porque ellas sufrirían una degradación casi irreversible, su director general, Ricardo Anguizola, declara que "no se ve nada malo en los estudios de impacto ambiental presentado por las empresas extractoras de dicho mineral".
Panamá ya conoce la alternativa que existe para detener la extracción de arena de mar, y que es utilizar la arena procedente de reservas continentales, lejos de playas y ríos para que no afecte sus vertientes o las cuencas. Y ésta es la responsabilidad que hoy recae sobre la presente generación. La presidenta Mireya Moscoso se ha comprometido a dejar sin efecto esas concesiones, y el ministro de Comercio, Joaquín Jácome anunció la "suspensión indefinida de las concesiones para playas y ríos". Así, el problema del balance y preservación ecológica está en manos del Estado panameño. La decisión debe ser firme, de mano dura y definitiva, evitando la posposición del problema de un gobierno a otro.
Aquí debe predominar la conciencia general frente a un problema que afecta a todos, cuyo efecto negativo podríamos no sufrirlo de inmediato. Serían las futuras generaciones quienes cargarían con sus consecuencias. ¿Está usted dispuesto a llevar esta carga sobre su conciencia?