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Arquitectura, urbanismo y ecología


La arquitectura moderna, cuyo período se inicia después del siglo XIX, comparte con la arquitectura de épocas previas factores de eficiencia, resistencia a cargas estructurales y de estética. Las estructuras respondían a las características de las sociedades, y los avances tecnológicos contribuyeron a la solución de problemas de la manufactura, distribución, transporte y comunicaciones, clima y confort. De allí que el arquitecto, más que cualquier otro artista, es el que más íntimamente se relaciona con la provisión de las comodidades esenciales del hábitat del hombre. La funcionalidad y la estética han sido siempre componentes importantes de sus proyectos, y los requerimientos dictados por los progresos fueron ampliando las oportunidades.
La nueva arquitectura del siglo XX, denominada también estilo internacional por sus protagonistas Le Corbusier, Mallet Stevens, Walter Gropius, Mies Van Der Rohe y Eric Mandelsohn, introdujo obras arquitectónicas de formas simples, paredes de superficies planas, amplios ventanales con marcos de metal, techos planos, y una ausencia de ornamentales. El estilo se diseminó por todo el mundo, y en Panamá, durante los años 40, con el inicio de la escuela de arquitectura en la Universidad de Panamá.
El invento del acero representó gran importancia para la industria de la construcción y para aquel movimiento. Unido al cemento -concreto reforzado- posibilitó la construcción de altas estructuras y el elevador se hizo práctico. Más tarde los progresos introdujeron la calefacción, el aire acondicionado, y la iluminación, entre otros. El continuo desarrollo de nuevos materiales hizo que la función social de la arquitectura se reafirmara a través de los años.
Aquella arquitectura nunca suplantó los estilos tradicionales; el que predominó en un sector del barrio Bella Vista en Panamá, ya destruido para dar paso a la modernidad con algunas excepciones, es de cuestionable valor para este movimiento. Los méritos, de ese estilo, al igual que los ejemplos salientes de las "Casas de Inquilinato", respondieron a una necesidad socio-cultural y económica de su época. Independientemente de nuestra formación moderna, se está obligado a reconocer la importancia histórica de los hechos socio económicos y culturales que contribuyeron a dar forma al desarrollo del tejido del hábitat urbano.
Las ciudades crecieron vertiginosamente a partir de la Revolución Industrial, y la arquitectura enmarcada dentro de los entornos urbanos, dio paso al urbanismo, con propósitos de ordenamiento territorial y de satisfacción a las necesidades socio-económicas y culturales de sus habitantes. Los estudios de la morfología urbana reconocieron la influencia que ejercían estos centros sobre los territorios circundantes, lo que introdujo el concepto metropolitano para hacer prácticas las propuestas de desarrollo.
Hoy más que ayer, la necesidad de procurar equilibrio en el desarrollo de los territorios nacionales, por razones de protección ecológica, explotación racional de los recursos naturales, promoción del turismo como actividad multisectorial, y sobre todo orientación a las migraciones de población, constituyen insumos vitales para los programas de generación de empleos en áreas estratégicas y los proyectos específicamente diseñados para erradicar la pobreza. Más así en las economías emergentes, cuyos progresos económicos se ven amenazados por el fenómeno de las migraciones.
Las propuestas del urbanismo, como profesión técnica, se derivan de la investigación, análisis, proyecciones, diseño y evaluación como progreso continuo que se retroalimenta para su actualización. Como función de gobierno son las leyes y las disposiciones reglamentarias, administradas con justicia y transparencia, las que dan fuerza de ley a las propuestas. Los cambios frecuentes, por motivos políticos u otros oscuros, son formas seguras de acelerar la inoperancia de los costosos planes.
Los seres vivos de un entorno y su relación con el clima, suelo y aire forman un ecosistema. La ecología, como ciencia moderna, estudia la relación de los fenómenos naturales, las causas y efectos de la degradación del medio ambiente y la búsqueda de soluciones para su conservación en beneficio del hombre, especie de mayor concentración en el hábitat urbano.
La conducta del hombre es lo que más afecta los ecosistemas -contaminación del aire, suelo y agua- deficiente disposición de la basura, generación del polvo, humo, ruidos, malos olores y el consumo exagerado de energía, son factores que impactan negativamente sobre la ecología. Las edificaciones físicas y la estética en sus arreglos -individual y colectivo- en definitiva inciden sobre los entornos y pueden tener efectos directos e indirectos sobre la salud -física y mental- del ser humano. Es por ello que en la arquitectura y el urbanismo descansa una enorme responsabilidad social con las comunidades que son en realidad su principal cliente. El arreglo de los espacios urbanos, la densidad de población -en estructuras y sectores- la interdependencia entre la flora, la fauna y la vida humana, los parques (apunto mi recomendación de un complejo paralelo a la Ave. Balboa entre el Mercado de Mariscos y la Urbanización Punta Patilla, de unos 150 metros de ancho -El Panamá América: abril 12/95, abril 14/96 y mayo 7/97, incluido en el Plan Metropolitano y reiterada por obras fuentes), las zonas verdes y mayor atención a la circulación de peatones, contribuyen a preservar mejor los ambientes ecológicos. Esa preservación no descansa solamente e las propuestas de los planes, sino también en el respeto a los procesos y disposiciones vigentes para procurar el sano desarrollo del hábitat urbano. El caso del Edificio Millenium denunciado por Eloy Grimaldos, quien ha tenido que recurrir a la Comisión de los Derechos Humanos de la OEA, a pesar de las decisiones internas condenatorias de esa construcción, cuya ejecución continúa no obstante (El Panamá América, enero 9, 2,000) es lamentable y culturalmente decepcionante. Informó además, que son numerosos los que se perjudican por cambios ilegales en los usos del suelo urbano. Esta información no es alentadora, y pone en evidencia un interés mercantilista marcado que está dictando las pautas en el desarrollo de la ciudad de Panamá, donde se vienen anunciando rellenos ilegales de la Bahía. Sin duda esta práctica se consolidó durante los 40 años de interinidad que transcurrieron sin contar con un plan, situación que se ha prestado para cometer actos de corrupción que beneficia a unos pocos, en perjuicio económico, social y ecológico de la sociedad.

101 años de Panamá América

 
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