Arrojar basura desde vehículos
Una de las costumbres más odiosas y que peor nos caracteriza a los panameños de todos los niveles económicos, es la de arrojar basura a las calles desde los vehículos. Y si bien no podemos achacarlo a la mayoría, es innegable que la deleznable práctica es lo bastante frecuente como para generalizarla y dar la impresión de que el nuestro es un país de marranos.
Basta transitar por cualquier calle de la capital y del interior. A simple vista se advierte por doquier gran cantidad de desperdicios. Las trabajadoras de las brigadas celestes, encargadas de limpiar las calles a cargo del Municipio de Panamá son testigos. Cada mañana, tras dura faena, a las nueve de la mañana dejan todo limpio; pero a las doce del mediodía, tienen que empezar de cero, porque todo está peor que al inicio. Frustradas contemplan desde la acera cómo desde vehículos en marcha, sus ocupantes toman las calles de basurero. Y de nuevo, tienen que empezar en una competencia desigual, entre quién ensucia y limpia más.
Pero no sólo es eso. El mismo recorrido y, en especial, por las largas filas de espera de los semáforos, permitirá observar, cómo desde buses se extiende una mano aquí y otra allá, a arrojar latas y hasta botellas sobre las calles. Algunos ni siquiera se esconden. Lo hacen de la manera más natural, sin conciencia de que cometen una falta. Incluso en las narices de los policías. Con un poco de suerte, uno puede ver cómo desde un auto de lujo se vacía igual el contenido de una bolsa de desperdicios de algún pedido de comida rápida, con papitas, vasos de cartón medio llenos, carrizo y todo, y hasta algún pedazo de pizza o hamburguesa. Con no tan buena suerte, alguien tirará una lata que rebotará del pavimento y golpeará nuestro automóvil, rompiendo quizás el parabrisas o causándonos peor daño.
Las brigadas celestes no están en todas partes, ni son tan numerosas como quisiéramos y, al final del día, pierden siempre la batalla. Y nuestra ciudad, de la que la mayoría estamos orgullosos, no es tan bella como debiera, por culpa de los cochinos que arrojan basura desde los autos y que la convierten en una de las más sucias del continente.