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Arte, nacionalismo y feria del libro


Una de las grandes fallas que son notorias en Panamá, es la de una escandalosa dejadez por los factores intelectuales, que merecen la atención estatal y privada. Todas las artes clásicas deberían merecer un fuerte apoyo de parte de quienes tienen alguna responsabilidad en el ámbito intelectual del país, siempre herido de muerte y muy poco destacado. El folclor, el cultivo de las letras, artes como la música, la pintura, etc., no se les presta atención, casi siempre por ignorancia general. Pero hay otras actividades de mucha menos categoría e importancia, más recogidas por la opinión ciudadana. Limitémonos al caso del deporte en sus varias manifestaciones, que por su categoría limitada y sus pocos esfuerzos para celebrarlo, se llevan las palmas, como sucedió con el boxeo años atrás, y la prueba de la actividad del "caso de la mancha roja" (fútbol). Nosotros no somos enemigos acérrimos del deporte, ni partidarios fanáticos de ningun expresión artística o intelectual.
Lo mismo acontece con ciertas características nativas que son muy importantes y poco es lo que hacemos por destacarlas, cultivarlas o apoyarlas. En particular, ahora nos referimos al nacionalismo, que es un modo ideológico muy necesario, sobre todo en los países pequeños y débiles como el nuestro. Nos limitamos al día de la mejorana, a las luchas por la bandera en la Zona del Canal, a los fastos de enero de 1964 y maquinalmente los símbolos patrios (himno, bandera, idioma, etc.).
Consideramos un grave error de nuestra política internacional el ubicarnos a la cola de los países guerreristas y genocidas, y no nos percatamos de que estamos siendo víctimas ni siquiera de amenazas de guerras del terrorismo mundial. Aquí el pretexto es el del Canal, y acabamos de ver cómo soldados panameños concurren a supuestos ejercicios y preparativos, contra grupos terroristas, que están dispuestos a atacar a quienes los atacan. Bien sabemos que si permanecemos neutrales, muy difícilmente seremos atacados por el terrorismo internacional.
A propósito de los últimos apuntes, debemos destacar un ángulo de la última Feria Internacional del Libro, aquí celebrada hace un par de semanas. Nos llamó la atención que se dio mucho espacio y propaganda al libro extranjero. No creemos en la propaganda interesada que le reconoce mucha mayor importancia al libro extranjero, que al nacional. Más debería motivarnos el libro nacional y las informaciones de nuestra realidad y del nacionalismo panameño. Pero esa gran cantidad de los libros extranjeros nos perjudica por la escasa venta de la obra panameña, y el libro nacional debería venderse más.
Para concluir, nos referimos a la sorpresa que nos dieron ciertos libros colombianos, esta vez interesados por los temas de la nacionalidad y del nacionalismo patrio. Por ejemplo, en el libro denominado Colombia y Panamá nos encontramos con importantes monográficas históricas referentes a fundamentales aspectos de las influencias recíprocas de los siglos XIX y XX de ambos países. Esa nueva generación de historiadores colombianos, ya no está interesada en atacarnos, porque "nos vendimos al oro yanky", como decía la generación crítica de la época. Incluso esos nuevos autores colombianos, no discutieron la "historia negra" de la Independencia dominada por Norteamérica, sino cómo los problemas panameños dieron la tónica en la vida colombiana de esa época. Los historiadores colombianos de hoy destacan la influencia de factores panameños insertos en la historia colombiana de los siglos XIX y XX, y no debemos pasar por alto esa más objetiva posición.

101 años de Panamá América

 
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