Artesanías
Nuevamente visité este año, la Feria Nacional de Artesanías realizada en el Centro de Convenciones ATLAPA, y otra vez tuve el agrado de disfrutar de un evento lleno de colorido, donde no sólo los objetos, sino la música, la danza, comidas y bebidas eran expresión de la labor incesante de artesanas y artesanos panameños.
La Feria, que cuenta con el apoyo de diversas entidades, es un muestrario de diversas regiones, etnias y comunidades del país que llevan anualmente a este lugar de encuentro sus productos, pero también sus necesidades. A pesar de lo intenso de la muestra ferial, es necesario señalar que los artesanos y artesanas necesitan de mucho más apoyo del que ahora cuentan.
Hacen falta mucha más promoción y publicidad de actividades de este tipo, pues mucha gente no participa porque no conoce que se celebra la actividad. Los medios de comunicación deberían apoyar decididamente y sin costo las actividades artesanales, no sólo en la noticia sino con el comentario, la entrevista, las transmisiones en vivo y otras formas de comunicación.
Aunque el Ministerio de Comercio e Industrias, apoya directamente la actividad, con excelentes promotores como Ramiro González, por ejemplo, debería facilitarse y apoyarse decididamente desde otras instancias, como es el caso de la Asociación de Artesanos de Chiriquí, que tiene un año esperando la firma de su personería jurídica en el Ministerio de Gobierno y Justicia, lo que le afecta enormemente.
El sector privado debería abrir sus mercados a precios justos a la artesanía nacional y promoverla efectivamente. La ciudadanía debe sensibilizarse, en torno a la necesidad de apreciar y adquirir estos productos, por sobre la masificación consumista de productos elaborados importados, y la necesidad de reconocer el trabajo que significa la confección de estos productos culturales.
Los gobiernos locales podrían estimular en las diversas regiones del país, versiones distritales, municipales y provinciales de las ferias artesanales, sumando a la convocatoria a la sociedad civil y sector privado.
Los artesanos y artesanas, por su parte, les es muy importante asociarse cada vez con mayor cohesión, al mismo tiempo que promueven la cultura popular en sus trabajos, con originalidad y calidad.
La cultura hoy es una sopa de muchos ingredientes, contradictorios entre ellos. En esta realidad podemos impulsar la revalorización o recuperación del seno de la cultura del pueblo de los contenidos transformadores y de afirmación que contribuyen a la construcción de identidad.
La dimensión afirmativa de la cultura popular radica en la existencia de formas y códigos populares que afirman por su sola presencia el sentido de identidad colectiva. Tales son los objetos artesanales, creencias, producción literaria o musical, vestidos, hábitos alimenticios, comportamientos, lenguajes, etc. La revalorización de lo cotidiano, el reconocimiento de la cultura del pueblo que lucha por la sobrevivencia, recuperación de la cultura popular no riñen con la cultura universal, ni con el arte como expresión humana. Por el contrario se complementan y potencian, pero en la perspectiva de construir la cultura nacional y latinoamericana desde las riquezas del archipiélago de las culturas populares.
Los medios de comunicación, en su mayoría, persiguen convertirnos en consumidores más que creadores o partícipes de la creación. La identidad necesita mucho de la creación, pues la identidad debe ser creada y recreada continuamente para poder existir y poder ser. Por ello, la identidad es el corazón del proyecto democrático real e integral que nuestros países anhelan. El alma de la identidad es la cultura. Debemos afirmar la creación cultural y compartirla intensamente, amorosamente.
La Feria, que cuenta con el apoyo de diversas entidades, es un muestrario de diversas regiones, etnias y comunidades del país que llevan anualmente a este lugar de encuentro sus productos, pero también sus necesidades. A pesar de lo intenso de la muestra ferial, es necesario señalar que los artesanos y artesanas necesitan de mucho más apoyo del que ahora cuentan.
Hacen falta mucha más promoción y publicidad de actividades de este tipo, pues mucha gente no participa porque no conoce que se celebra la actividad. Los medios de comunicación deberían apoyar decididamente y sin costo las actividades artesanales, no sólo en la noticia sino con el comentario, la entrevista, las transmisiones en vivo y otras formas de comunicación.
Aunque el Ministerio de Comercio e Industrias, apoya directamente la actividad, con excelentes promotores como Ramiro González, por ejemplo, debería facilitarse y apoyarse decididamente desde otras instancias, como es el caso de la Asociación de Artesanos de Chiriquí, que tiene un año esperando la firma de su personería jurídica en el Ministerio de Gobierno y Justicia, lo que le afecta enormemente.
El sector privado debería abrir sus mercados a precios justos a la artesanía nacional y promoverla efectivamente. La ciudadanía debe sensibilizarse, en torno a la necesidad de apreciar y adquirir estos productos, por sobre la masificación consumista de productos elaborados importados, y la necesidad de reconocer el trabajo que significa la confección de estos productos culturales.
Los gobiernos locales podrían estimular en las diversas regiones del país, versiones distritales, municipales y provinciales de las ferias artesanales, sumando a la convocatoria a la sociedad civil y sector privado.
Los artesanos y artesanas, por su parte, les es muy importante asociarse cada vez con mayor cohesión, al mismo tiempo que promueven la cultura popular en sus trabajos, con originalidad y calidad.
La cultura hoy es una sopa de muchos ingredientes, contradictorios entre ellos. En esta realidad podemos impulsar la revalorización o recuperación del seno de la cultura del pueblo de los contenidos transformadores y de afirmación que contribuyen a la construcción de identidad.
La dimensión afirmativa de la cultura popular radica en la existencia de formas y códigos populares que afirman por su sola presencia el sentido de identidad colectiva. Tales son los objetos artesanales, creencias, producción literaria o musical, vestidos, hábitos alimenticios, comportamientos, lenguajes, etc. La revalorización de lo cotidiano, el reconocimiento de la cultura del pueblo que lucha por la sobrevivencia, recuperación de la cultura popular no riñen con la cultura universal, ni con el arte como expresión humana. Por el contrario se complementan y potencian, pero en la perspectiva de construir la cultura nacional y latinoamericana desde las riquezas del archipiélago de las culturas populares.
Los medios de comunicación, en su mayoría, persiguen convertirnos en consumidores más que creadores o partícipes de la creación. La identidad necesita mucho de la creación, pues la identidad debe ser creada y recreada continuamente para poder existir y poder ser. Por ello, la identidad es el corazón del proyecto democrático real e integral que nuestros países anhelan. El alma de la identidad es la cultura. Debemos afirmar la creación cultural y compartirla intensamente, amorosamente.