Asamblea en receso y reelección
Esta semana tal vez pueda justificarse el ausentismo, pero no las previas, considerando lo mucho que cuesta a los contribuyentes el mantenimiento de la Asamblea Legislativa, la cual en los últimos cuatro años ha duplicado su presupuesto, mientras numerosos proyectos de leyes duermen el sueño de los justos y el país sigue sumido en los problemas sociales.
El organismo lleva varias semanas de haberse declarado en receso para que los legisladores reeleccionistas se dediquen a sus campañas electorales con el tiempo pagado para que cumplan sus funciones. Allí no se conoce la "licencia sin sueldo" o el empleo de las vacaciones para hacer política. El tiempo que invierten en proselitismo es pagado por nosotros.
Los lectores observan perplejos el espectáculo del congelamiento parlamentario que, aunado al ausentismo crónico y a la postergación premeditada de leyes trascendentes, contribuye al deterioro del que debería ser uno de los poderes fundamentales del sistema democrático.
Por este insólito asueto legislativo quedan sin debate proyectos tales como el de la carrera diplomática; la transferencia al Ente Regulador de los Servicios Públicos de la supervisión técnica de las frecuencias de emisoras radiales y estaciones de televisión y la creación de una nueva sala de la Corte Suprema dedicada a la resolución de demandas por supuestas medidas inconstitucionales.
La actual situación se extiende hasta ingresar a la recta final del proceso electoral con un Poder Ejecutivo que el pueblo rechazó reelegir; con un Poder Legislativo que deserta de sus obligaciones puntuales y, cuando no, las pasa al Ejecutivo. El marasmo del sistema permite a los ciudadanos apreciar, entre otras cosas, cuán importante es la necesidad del principio de la independencia de los poderes del Estado y cómo su voto podría ser un instrumento de selección rigurosa de sus representantes.
La Asamblea que se va, está conformada en gran parte por elementos que se han perpetuado en el poder, al amparo de las maquinarias partidistas. Este es el momento apropiado para analizar el rendimiento de cada uno de los legisladores que pretenden la reelección, no para servir a los electores sino para favorecerse del salario y las canonjías tributarias que favorecen el puesto.
El abandono de sus deberes institucionales los pinta de cuerpo entero, ubicándolos como políticos impulsados por sus ambiciones personales. El humilde elector, cual juez supremo, les ajustará cuentas el 2 de mayo a la hora de nombrar a los legisladores del nuevo período.
El organismo lleva varias semanas de haberse declarado en receso para que los legisladores reeleccionistas se dediquen a sus campañas electorales con el tiempo pagado para que cumplan sus funciones. Allí no se conoce la "licencia sin sueldo" o el empleo de las vacaciones para hacer política. El tiempo que invierten en proselitismo es pagado por nosotros.
Los lectores observan perplejos el espectáculo del congelamiento parlamentario que, aunado al ausentismo crónico y a la postergación premeditada de leyes trascendentes, contribuye al deterioro del que debería ser uno de los poderes fundamentales del sistema democrático.
Por este insólito asueto legislativo quedan sin debate proyectos tales como el de la carrera diplomática; la transferencia al Ente Regulador de los Servicios Públicos de la supervisión técnica de las frecuencias de emisoras radiales y estaciones de televisión y la creación de una nueva sala de la Corte Suprema dedicada a la resolución de demandas por supuestas medidas inconstitucionales.
La actual situación se extiende hasta ingresar a la recta final del proceso electoral con un Poder Ejecutivo que el pueblo rechazó reelegir; con un Poder Legislativo que deserta de sus obligaciones puntuales y, cuando no, las pasa al Ejecutivo. El marasmo del sistema permite a los ciudadanos apreciar, entre otras cosas, cuán importante es la necesidad del principio de la independencia de los poderes del Estado y cómo su voto podría ser un instrumento de selección rigurosa de sus representantes.
La Asamblea que se va, está conformada en gran parte por elementos que se han perpetuado en el poder, al amparo de las maquinarias partidistas. Este es el momento apropiado para analizar el rendimiento de cada uno de los legisladores que pretenden la reelección, no para servir a los electores sino para favorecerse del salario y las canonjías tributarias que favorecen el puesto.
El abandono de sus deberes institucionales los pinta de cuerpo entero, ubicándolos como políticos impulsados por sus ambiciones personales. El humilde elector, cual juez supremo, les ajustará cuentas el 2 de mayo a la hora de nombrar a los legisladores del nuevo período.