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Asamblea General de Panama, S.A.


La impresión inicial fue muy clara: Por los personajes presentes, se trataba de una reunión más de empresarios preocupados por la crisis de Wall Street; discutiendo medidas a tomar o los nuevos negocios a emprender. Presentes: ex presidente de poderoso, pero clausurado banco, un distribuidor de alimentos, jerarcas de la construcción, herederos de las grandes promotoras urbanas y de la comunicación; alguno que otro secretario. Deduje, por la ausencia de extranjeros, que se trataba de negocio reservado a panameños o, que si los había, era mejor no enseñarlos; después de todo, la Casa del Marisco no es cualquier sitio público. Imagínense qué comentarios se hubiesen suscitado en detectarse allí alguno de los magnates chavistas que hacen "bisnes" en Panamá, que de seguro apostarán a alguna campaña presidencial.

Al reparar en la foto, precisé que Balbina Herrera, cual CEO, encabezaba la mesa. No precisamente para pagar la cuenta de semejantes comensales, sino para dirigir la Asamblea General de Accionistas de la sociedad anónima Panamá, S.A., pronto a vencerse el periodo de su actual representante legal, Martín Torrijos. Más que ex batallonera o ex norieguista, esos "compinches" son los que generan más temor.

Y no es que la gente adinerada no tenga derecho a apoyar a uno de los dos candidatos que se disputarán las elecciones del 2009 sino, como he señalado antes, ¿cuáles serán las condiciones que le impondrán a su escogida para que, al igual ha hecho Torrijos, reciban durante su gestión patente de corso para: nombrar procuradores, recomendar magistrados, pasar por encima de fallos de la Corte, ganarse los negocios de construcción estatales; en fin, tener el ábrete Sésamo que es contar con un adlátere en Palacio.

Cuando a Balbina Herrera le endilgan el cabestrillo de "Candidata de los ricos", no es algo traído por los cabellos; ella se lo buscó. Primero, declarando ser millonaria en una extemporánea como falsa declaración notarial aseverando "que sólo tenía poco más de dos millones", cuando acumula muchísimo más que eso. Luego, cada vez que puede, revelando que depende económicamente para su campaña de una serie de ricachones que no se caracterizan por hacer nada gratis y nunca antes han militado en partido político alguno.

La campaña presidencial está comenzando, pero las cosas se nivelen en forma extraña: ¿Quién hubiera pensado que la "humilde" Balbina, con la extracción popular que nadie le puede quitar, sería la candidata de los ricos? Afortunadamente, faltando seis meses para las elecciones, el pudiente empresario Ricardo Martinelli se ha convertido en la única alternativa viable para todos esos pobres panameños que desean un verdadero cambio en las estructuras de poder de Panamá.

gcochez@cableonda.net

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