Asamblea legislativa
¿Cuánto ganan?¿Qué hacen?, ¿Qué deberían hacer?, éstas son preguntas que nos hacemos todos, pero nunca encontramos quién las responda. Panamá tiene un poder legislativo, cuyos integrantes reciben un sueldo que es el segundo mayor del mundo, atendiendo al nivel de vida del país, esto sin contar otros ingresos, gastos de representación, sueldo por comisiones y privilegios que poseen. ¿En qué leyes se norman sus ingresos?¿Por qué no se publican y se hacen de conocimientos públicos sus honorarios?
Al ver por televisión, escuchar por radio, o mejor aún asistir personalmente a alguna de las sesiones de la Asamblea Legislativa se nota primero la falta de orden, de interés en las sesiones, por parte de los siempre, aunque en la mayoría de las veces injustamente autotitulados "Honorables Legisladores", además de ser la mayoría de las intervenciones un total "hablar por hablar", de expresarse con una total demagogia, sobre todo al usar el término "pueblo" y parecer más un debate político y expresión de intereses particulares, que la discusión de leyes que van a normar y regir un país. Pero recordando que no son todos los legisladores los que tienen esta actitud, algunos también hacen aportaciones inteligentes a los debates, y son respetuosos, aunque no estén de acuerdo con las opiniones de sus colegas sin tratar de ridiculizarlos o burlarse de su opinión o ideas, o peor aún, por su forma de expresarse, sexo o aspecto físico.
La función del legislador, como su misma palabra lo indica, es legislar, es decir dar, hacer o establecer leyes para lograr un mejor funcionamiento del Estado y lograr un bienestar social y económico que llegue a la mayoría de los panameños. No entendemos el porqué de las Partidas Circuitales, las cuales en realidad son campañas políticas con dinero del Estado, utilizándose para cosas de poca importancia, en vez de ser atendidos los problemas sociales del país.
Por último, quisiera establecer una base de soluciones para un cambio, sobre todo de actitud, en la Asamblea Legislativa. Lo primero sería permitir la libre postulación, que no sea obligatorio pertenecer a un partido político, o si se pertenece, el legislador posea independencia propia al dar su voto. En segundo lugar, que el Reglamento Orgánico de su régimen interno y resto de reglamentaciones, sobre salario y otras materias, no sean dictadas por ellos mismos sino por otro órgano, estamento o comisión creada "ad hoc", es decir, solo para este tema. Partiendo de esta base quizás algún día, en vez de ser los segundos que más cobran, los legisladores panameños ejerzan el mejor y más íntegro poder legislativo. Soñar no cuesta nada.
Al ver por televisión, escuchar por radio, o mejor aún asistir personalmente a alguna de las sesiones de la Asamblea Legislativa se nota primero la falta de orden, de interés en las sesiones, por parte de los siempre, aunque en la mayoría de las veces injustamente autotitulados "Honorables Legisladores", además de ser la mayoría de las intervenciones un total "hablar por hablar", de expresarse con una total demagogia, sobre todo al usar el término "pueblo" y parecer más un debate político y expresión de intereses particulares, que la discusión de leyes que van a normar y regir un país. Pero recordando que no son todos los legisladores los que tienen esta actitud, algunos también hacen aportaciones inteligentes a los debates, y son respetuosos, aunque no estén de acuerdo con las opiniones de sus colegas sin tratar de ridiculizarlos o burlarse de su opinión o ideas, o peor aún, por su forma de expresarse, sexo o aspecto físico.
La función del legislador, como su misma palabra lo indica, es legislar, es decir dar, hacer o establecer leyes para lograr un mejor funcionamiento del Estado y lograr un bienestar social y económico que llegue a la mayoría de los panameños. No entendemos el porqué de las Partidas Circuitales, las cuales en realidad son campañas políticas con dinero del Estado, utilizándose para cosas de poca importancia, en vez de ser atendidos los problemas sociales del país.
Por último, quisiera establecer una base de soluciones para un cambio, sobre todo de actitud, en la Asamblea Legislativa. Lo primero sería permitir la libre postulación, que no sea obligatorio pertenecer a un partido político, o si se pertenece, el legislador posea independencia propia al dar su voto. En segundo lugar, que el Reglamento Orgánico de su régimen interno y resto de reglamentaciones, sobre salario y otras materias, no sean dictadas por ellos mismos sino por otro órgano, estamento o comisión creada "ad hoc", es decir, solo para este tema. Partiendo de esta base quizás algún día, en vez de ser los segundos que más cobran, los legisladores panameños ejerzan el mejor y más íntegro poder legislativo. Soñar no cuesta nada.