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Asesinato de mujeres


Este país ha perdido su esencia. Antaño, meterse con una mujer, así fuera la hermanita, era motivo de burla que cuestionaba la condición del varón. El hecho era castigado en casa, en la escuela y en sociedad. Repugnaban las noticias de Estados Unidos, donde pegarle a la mujer era el deporte favorito del hombre. Ya sabemos por dónde caminamos ahora. Una señora indefensa fue secuestrada y acuchillada cobardemente por su marido en Colón, delante de sus hijos, dizque en protesta por una orden de separación de su hogar. ¿Dónde quedaron la hombría de bien y la elegancia de antaño, propia de todos los estratos sociales?
El deterioro empezó en los buses. Un día, un cualquiera decidió no ceder su asiento a una dama, quien de pie se agarraba precariamente. Después se convirtió en regla, producto de la igualdad, decían. Excusa pobre de la pérdida de la caballerosidad y elegancia. Es el triunfo de los groseros y vulgares, de los "rakatakas" de hoy. Atrás quedaron los poemas, las canciones y el arte en general, que idealizaban a la mujer, indudable proyección de la madre y de la virgen María.
El asesinato de mujeres causaba antes repulsión y desprecio máximo. Hoy es un crimen más. De tres meses para acá, han asesinado a dos mujeres trabajadoras y humildes, emboscadas cobardemente por delincuentes armados, que hacían la función de guardias de seguridad encargados de protegerlas. Ahora una fue asaltada en su casa, por quienes se introdujeron en su ausencia y aguardaron agazapados a que llegara desprevenida para robarle y luego asesinarla cruelmente, quemándola viva. ¿Son humanos o monstruos?
Hay que analizar la posibilidad de incluir la pena de cadena perpetua para algunos delitos atroces, para que se mantenga a esas alimañas presas de por vida, sacándolas definitivamente de circulación.

101 años de Panamá América

 
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