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Asistir a los debates, un mal necesario


Desde la campaña electoral de 1994 se puso en boga la costumbre de escuchar a los candidatos presidenciales, tanto en pequeñas audiencias como en grandes escenarios; en grupos empresariales y gremiales como en debates televisados y radiales. Por primera vez el pueblo quiso escuchar a los candidatos con su propia versión de sus planes de gobierno y sus inclinaciones hacia el pueblo que esperaban gobernar.
Igualmente sucede en este 1999 cuando los debates están a la orden del día. Hasta ahora han habido presentaciones individuales de los candidatos presidenciales, las que han despertado la curiosidad de la gente por ver y ponderar la actuación de cada uno.
No crean que es fácil ser el centro de un interrogatorio y de la atención de una gran audiencia de televisión. Es como si llevaran a un cordero al degüello porque, además, ellos piensan que los puntos que pueden ganar o perder dependen de su actuación en ese programa. Cuando los entrevistadores son imparciales se facilita la entrevista y se equilibran las respuestas tranquilizando a los participantes. Si esos entrevistadores son sus admiradores, tratan de ayudarlos, a veces sin disimulo y dándole confianza al candidato. Pero, si esas personas no son simpatizantes de los candidatos "mejor prefiero la muerte"... como decía el chiste del lorito. Así es que, tomar la decisión de asistir, es duro.
Sin embargo, el pueblo, sus potenciales votantes, desean verlos a los tres juntos para que les facilite la decisión al votar; los candidatos no pueden negarse a complacerlos, bajo ningún concepto. No hay excusas posibles y pierde puntos el que se niega a concurrir a los debates.
Miren; la señora Mireya dice que no irá a un debate con Alberto porque él es un perdedor y no lleva chance de ganar las elecciones. Creo que escogió mala excusa porque ninguna de las dos pueden asegurarse como predestinación. Martín dice que no asistirá sin la presencia de Mireya, como si su presencia fuera indispensable para él; otra excusa pueril. El uno no va a sabiendas de que la otra tampoco irá y se hace un círculo vicioso. Alberto dice que irá de todos modos aunque sea solo, como si fuera al matadero con resignación. Quisiera saber qué van a hacer ahora que Justicia y Paz dice que tienen que asistir a los debates.
Quiero sólo sugerirles a los candidatos que se comporten como lo que son: potenciales presidentes de Panamá. El público que votará por ellos este 1999 es un público diferente, más maduro, más detallista, que quiere ser complacido en algo tan sencillo como es la presentación en un debate para responder sin cortapisas las preguntas que el pueblo quiere saber. La madurez que debe tener un gobernante la demostrará contestando el requerimiento de su pueblo.
No será el debate el que determinará el triunfo de uno u otro candidato presidencial; pero sí puede beneficiarlos o perjudicarlos de acuerdo al comportamiento que tengan los mismos. No es cierto que tal o cual ganará puntos a expensas de los otros. Sólo será que muestren su capacidad de conocer los problemas que aquejan al país, sus posibles soluciones, su seriedad y formalidad y su forma de llegarles a los electores.
Asistiendo a los debates mostrarán estar con su pueblo y que él decida por cuál votará de acuerdo a lo que les respondan.
¡Animo muchachos!

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