Aspectos críticos de la escuela panameña
Panamá tiene un sistema educativo que ha logrado una considerable expansión y diversificación de sus instituciones y recursos, para ofrecer oportunidades de estudios a sectores de población cada vez mayores. Este sistema ha sido forjado a lo largo de la historia nacional, en donde se entrelazaron períodos de incubación del sistema, crecimiento, innovación y los procesos económicos sociales y políticos que ha vivido la nación.
Hoy nos toca vivir una etapa especial de la historia panameña, en donde se ha cumplido muchos postulados de institucionalización y democratización, pero al mismo tiempo han surgido nuevas necesidades y requerimientos. Situaciones criticas, que son necesarios enfrentar de cara al futuro y que demandan una atención urgente e integral.
Una visión global a los problemas sustantivos, que presenta la educación panameña, permite identificar una serie de problemas de cierta gravedad: la falta de correspondencia entre la escuela y la sociedad, el descuido del rol protagónico que la educación debe asumir en el mundo globalizado, en la falta de equidad en las oportunidades de acceso, permanencia y culminación exitosa de la trayectoria escolar, la existencia de un modelo de conducción educativo centralizado, burocrático y verticalista que limita la participación y no privilegia la escuela como núcleo básico y sustantivo del cambio, la mala distribución y aprovechamiento de los recursos disponibles y la escasa participación de la comunidad en la gestión educativa.
La educación y la escuela han permanecido inmóviles, en medio de una sociedad que se hace cada vez más acelerada. Hoy se vive una época de cambios acelerados y exigencias que afectan todas las dimensiones de la vida. En dicha vorágine la escuela panameña responde a patrones políticos, económicos y culturales de hace más de cuarenta años. Los conocimientos y concepciones pedagógicas que la sustentan se corresponden con esos tiempos pasados, que han perdido vigencia. El sistema educativo no ha sido capaz de transformarse en simultaneidad con su entorno. Se trata de una escuela divorciada de la sociedad, con una débil articulación con su entorno, sin nexos reales con la comunidad de la que es parte integrante. Es una institución educativa que solo busca cumplir una obligación, sin preocuparse por su desarrollo integral como centro y por el progreso del proceso de enseñanza y aprendizaje. Uno de los principales efectos de la globalización ha consistido en ubicar a la escuela entre una de sus más importantes prioridades. Dicha priorización responde a la alta valorización económica asignada al conocimiento, al igual que a todos los mecanismos que permiten su progreso y diseminación.
En este contexto se hace evidente que urge en Panamá una escuela que sea capaz de preparar a todas nuestras generaciones, para enfrentarse con éxito a los retos de un mundo cada vez más complejo y competitivo.
Así, pues, en esta Navidad, considerando que la vida del hombre como dice la Palabra de Dios "no consiste en comidas y bebidas sino en poder, gozo, paz y amor en el espíritu", hagamos un espacio dentro de nuestra agenda para acercarnos confiadamente a Dios con plena conciencia de lo que representa esta celebración y operar así un cambio en la humanidad.
Hoy nos toca vivir una etapa especial de la historia panameña, en donde se ha cumplido muchos postulados de institucionalización y democratización, pero al mismo tiempo han surgido nuevas necesidades y requerimientos. Situaciones criticas, que son necesarios enfrentar de cara al futuro y que demandan una atención urgente e integral.
Una visión global a los problemas sustantivos, que presenta la educación panameña, permite identificar una serie de problemas de cierta gravedad: la falta de correspondencia entre la escuela y la sociedad, el descuido del rol protagónico que la educación debe asumir en el mundo globalizado, en la falta de equidad en las oportunidades de acceso, permanencia y culminación exitosa de la trayectoria escolar, la existencia de un modelo de conducción educativo centralizado, burocrático y verticalista que limita la participación y no privilegia la escuela como núcleo básico y sustantivo del cambio, la mala distribución y aprovechamiento de los recursos disponibles y la escasa participación de la comunidad en la gestión educativa.
La educación y la escuela han permanecido inmóviles, en medio de una sociedad que se hace cada vez más acelerada. Hoy se vive una época de cambios acelerados y exigencias que afectan todas las dimensiones de la vida. En dicha vorágine la escuela panameña responde a patrones políticos, económicos y culturales de hace más de cuarenta años. Los conocimientos y concepciones pedagógicas que la sustentan se corresponden con esos tiempos pasados, que han perdido vigencia. El sistema educativo no ha sido capaz de transformarse en simultaneidad con su entorno. Se trata de una escuela divorciada de la sociedad, con una débil articulación con su entorno, sin nexos reales con la comunidad de la que es parte integrante. Es una institución educativa que solo busca cumplir una obligación, sin preocuparse por su desarrollo integral como centro y por el progreso del proceso de enseñanza y aprendizaje. Uno de los principales efectos de la globalización ha consistido en ubicar a la escuela entre una de sus más importantes prioridades. Dicha priorización responde a la alta valorización económica asignada al conocimiento, al igual que a todos los mecanismos que permiten su progreso y diseminación.
En este contexto se hace evidente que urge en Panamá una escuela que sea capaz de preparar a todas nuestras generaciones, para enfrentarse con éxito a los retos de un mundo cada vez más complejo y competitivo.
Así, pues, en esta Navidad, considerando que la vida del hombre como dice la Palabra de Dios "no consiste en comidas y bebidas sino en poder, gozo, paz y amor en el espíritu", hagamos un espacio dentro de nuestra agenda para acercarnos confiadamente a Dios con plena conciencia de lo que representa esta celebración y operar así un cambio en la humanidad.