Atentado contra el ambiente
En alrededor de 50 años Panamá ha perdido 2, 192, 696 hectáreas de área verde. La traducción de esta cifra a un español más sencillo es que en medio centenario ha desaparecido la provincia de mayor superficie en el territorio nacional: Darién (16,803 Km2 ), Colón (4,890.01 Km2) y un poquito más...
Peor aún, al paso que vamos los ambientalistas prevén que la generación de panameños a los que les corresponda celebrar el segundo centenario de la República lo harán en medio de una fría ciudad de cemento. No habrá un árbol.
Sin embargo, a pesar de la seriedad del asunto, poco o nada han dicho los cuatro aspirantes a la presidencia sobre el tema ambiental.
Unos, se han arriesgado apenas a prometer la derogación del decreto sobre la carretera ecológica, mientras otros simplemente han puesto énfasis en "otros asuntos". ¿Desconocimiento?, ¿temor político?, ¿descuido?... las opiniones son muchas.
Lo cierto es que el término ambiente rebasó el límite de los "pajaritos, árboles o bosques", como explica el biólogo Ariel Rodríguez del Centro de Recursos Bióticos de la Universidad de Panamá, para adentrarse en un plano más amplio.
La condición social de un país, en este caso el nuestro, la pobreza y hasta la densidad de población inciden directamente en el aspecto ambiental, es más, lo determinan, ya que significan el uso adecuado o no de suelos, agua y recursos naturales.
Sin duda es delicado, pero parece no haber conciencia real de lo que ocurre. Y en este punto, sociedad civil y políticos se dan la mano.
A la fecha y a sólo 12 días de la elección del presidente de la República, "ningún candidato ha prometido que pondrá a cocinar una receta que fue dada. Ellos no tienen una visión integral del ambiente", asegura drásticamente Rodríguez.
Esos ingredientes a los que alude el ambientalista fueron puestos en la mesa el 31 de mayo de 1999 por una resolución de Gabinete donde se definió la Estrategia Nacional del Ambiente como política de Estado. De eso hacen ya cinco años.
Se trata de un programa que está planteado a 20 años, lo que significa que en el 2020 deberían verse resultados claros y un funcionamiento riguroso de lo acordado.
Pero, el panorama no pinta alentador. Del contenido de ese documento apenas "el funcionariato" de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y las personas de "nivel medio para arriba tienen conocimiento".
A manos de Rodríguez, por ejemplo, llegó por casualidad, porque muy poco se divulgó al respecto.
Y resulta que con estas pautas sólo se requeriría "sofreír lo necesario y poner en agua otro tanto".
Un candidato presidencial, en opinión del biólogo, únicamente tendría que plantear algo tan sencillo como la continuación de un proyecto que ya fue creado, aunque hay pocas esperanzas de que lo haga porque "al desconocerlo, sus acciones dependerán de si tienen buena asesoría o no y dentro de los partidos políticos no hay suficientes elementos con formación ambiental".
¿De qué estamos hablando?. De un diagnóstico completo sobre calidad del agua, del aire, suelos, agua, riqueza biológico, recursos forestales, definición de territorios prioritarios para la conservación, sistema nacional de áreas protegidas y de frontera agrícola, comarcas y territorios indígenas, cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, la minería, sector forestal, pesca, actividades ganaderas y turismo, entre otras tantas.
No obstante, ese desconocimiento al que hace referencia Rodríguez empieza a dejar de ser tal. Cada día es más el fragmento de la sociedad civil que justamente se involucra en la gestión ambiental.
Mayté González, de la Organización No Gubernamental MARVIVA, asegura que en la actualidad existe "un consenso" sobre la necesidad de que del trabajo de protección del ambiente formen parte todos los estamentos de la sociedad, incluyendo las autoridades públicas, las empresas y la sociedad organizada.
Las razones parecerían obvias, sobre todo si se asocian a un discurso casi obligatorio que reza "es necesario proteger el medio ambiente para garantizar la calidad de vida en tantos años"...
Así es, en principio. Los números dan visos claros de que esos "muchos años" ya no son tales.
Para 1947, desde donde se tienen registros más fieles, el 70% del país estaba cubierto de bosques. Ello representaba 5 millones 245 mil hectáreas de bosque.
Ya para 1970, se había reducido a 53%, unas 4 millones 81 mil 600 hectáreas, mientras que cuatro años después la cifra había descendido otro 3%.
En 1986, la alerta se dio a nivel mundial y se marcaron los primeros pasos de conservación.
El porcentaje era 48.5%, es decir 3 millones 654 mil 771 hectáreas. Para 1992, cuando se hizo la primera evaluación con imágenes satelitales se estimó en 44.4%, 3 millones 358 mil 304 hectáreas.
El último de estos estudios fue efectuado en 1998 y los resultados fueron de 40.4% lo que se traduce en 3 millones 52 mil 304 hectáreas.
Rodríguez sostiene que sobre las estadísticas que "al ritmo de concesiones oficiales sobre áreas protegidas que se están dando, para el segundo centenario de la República, no habrá área verde".
¿Y qué pasaría entonces?. Fin de la historia: pérdida de recurso genético, biológico, calidad y cantidad de agua dulce, sitios de recreación, calidad de vida total, extinción de especies, calidad de aire, de los suelos y otra larga lista de calamidades.
Peor aún, al paso que vamos los ambientalistas prevén que la generación de panameños a los que les corresponda celebrar el segundo centenario de la República lo harán en medio de una fría ciudad de cemento. No habrá un árbol.
Sin embargo, a pesar de la seriedad del asunto, poco o nada han dicho los cuatro aspirantes a la presidencia sobre el tema ambiental.
Unos, se han arriesgado apenas a prometer la derogación del decreto sobre la carretera ecológica, mientras otros simplemente han puesto énfasis en "otros asuntos". ¿Desconocimiento?, ¿temor político?, ¿descuido?... las opiniones son muchas.
Lo cierto es que el término ambiente rebasó el límite de los "pajaritos, árboles o bosques", como explica el biólogo Ariel Rodríguez del Centro de Recursos Bióticos de la Universidad de Panamá, para adentrarse en un plano más amplio.
La condición social de un país, en este caso el nuestro, la pobreza y hasta la densidad de población inciden directamente en el aspecto ambiental, es más, lo determinan, ya que significan el uso adecuado o no de suelos, agua y recursos naturales.
Sin duda es delicado, pero parece no haber conciencia real de lo que ocurre. Y en este punto, sociedad civil y políticos se dan la mano.
A la fecha y a sólo 12 días de la elección del presidente de la República, "ningún candidato ha prometido que pondrá a cocinar una receta que fue dada. Ellos no tienen una visión integral del ambiente", asegura drásticamente Rodríguez.
Esos ingredientes a los que alude el ambientalista fueron puestos en la mesa el 31 de mayo de 1999 por una resolución de Gabinete donde se definió la Estrategia Nacional del Ambiente como política de Estado. De eso hacen ya cinco años.
Se trata de un programa que está planteado a 20 años, lo que significa que en el 2020 deberían verse resultados claros y un funcionamiento riguroso de lo acordado.
Pero, el panorama no pinta alentador. Del contenido de ese documento apenas "el funcionariato" de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y las personas de "nivel medio para arriba tienen conocimiento".
A manos de Rodríguez, por ejemplo, llegó por casualidad, porque muy poco se divulgó al respecto.
Y resulta que con estas pautas sólo se requeriría "sofreír lo necesario y poner en agua otro tanto".
Un candidato presidencial, en opinión del biólogo, únicamente tendría que plantear algo tan sencillo como la continuación de un proyecto que ya fue creado, aunque hay pocas esperanzas de que lo haga porque "al desconocerlo, sus acciones dependerán de si tienen buena asesoría o no y dentro de los partidos políticos no hay suficientes elementos con formación ambiental".
¿De qué estamos hablando?. De un diagnóstico completo sobre calidad del agua, del aire, suelos, agua, riqueza biológico, recursos forestales, definición de territorios prioritarios para la conservación, sistema nacional de áreas protegidas y de frontera agrícola, comarcas y territorios indígenas, cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, la minería, sector forestal, pesca, actividades ganaderas y turismo, entre otras tantas.
No obstante, ese desconocimiento al que hace referencia Rodríguez empieza a dejar de ser tal. Cada día es más el fragmento de la sociedad civil que justamente se involucra en la gestión ambiental.
Mayté González, de la Organización No Gubernamental MARVIVA, asegura que en la actualidad existe "un consenso" sobre la necesidad de que del trabajo de protección del ambiente formen parte todos los estamentos de la sociedad, incluyendo las autoridades públicas, las empresas y la sociedad organizada.
Las razones parecerían obvias, sobre todo si se asocian a un discurso casi obligatorio que reza "es necesario proteger el medio ambiente para garantizar la calidad de vida en tantos años"...
Así es, en principio. Los números dan visos claros de que esos "muchos años" ya no son tales.
Para 1947, desde donde se tienen registros más fieles, el 70% del país estaba cubierto de bosques. Ello representaba 5 millones 245 mil hectáreas de bosque.
Ya para 1970, se había reducido a 53%, unas 4 millones 81 mil 600 hectáreas, mientras que cuatro años después la cifra había descendido otro 3%.
En 1986, la alerta se dio a nivel mundial y se marcaron los primeros pasos de conservación.
El porcentaje era 48.5%, es decir 3 millones 654 mil 771 hectáreas. Para 1992, cuando se hizo la primera evaluación con imágenes satelitales se estimó en 44.4%, 3 millones 358 mil 304 hectáreas.
El último de estos estudios fue efectuado en 1998 y los resultados fueron de 40.4% lo que se traduce en 3 millones 52 mil 304 hectáreas.
Rodríguez sostiene que sobre las estadísticas que "al ritmo de concesiones oficiales sobre áreas protegidas que se están dando, para el segundo centenario de la República, no habrá área verde".
¿Y qué pasaría entonces?. Fin de la historia: pérdida de recurso genético, biológico, calidad y cantidad de agua dulce, sitios de recreación, calidad de vida total, extinción de especies, calidad de aire, de los suelos y otra larga lista de calamidades.