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Auge en Santa Fe y el Tute



Algún día algún émulo de Juan David Morgan, maestro nacional de la novela histórica, escribirá sobre Cerro Tute, distrito de Santa Fe, provincia de Veraguas, y tendrá que narrar la gesta de Urracá, quien rechazó una y otra vez a los conquistadores españoles; y el levantamiento, cuatro siglos después, no menos heroico y mil veces más desigual, del joven Polidoro Pinzón, quien al mando de una veintena de estudiantes se hizo a las armas contra las injusticias sociales, abonando con su sangre los nobles ideales de la muchachada, derramados ladera abajo por los agrestes parajes. Igual deberá narrar el martirologio del padre Héctor Gallego, pagando con su vida su apostolado cristiano, al servicio de los campesinos más pobres de Santa Fe.
Ni Urracá, ni Polidoro Pinzón con los suyos, ni Héctor Gallego, lucharon en vano. Hoy, el Tute y Santa Fe viven mejores días. Una regia carretera que parte desde Santiago, serpentea por sus colinas, buscando el frescor del clima y la dulzura de sus frutos. Es el paraíso desconocido de la naranja dulce que dobla los árboles y madura sobre el suelo, sin que nadie la coseche. Cuesta más llevarla al mercado, que el precio que pagan por ella. Allí se pierde esperando alguna mente inteligente que extraiga su jugo y su cáscara, que lo almacene o lo convierta en jarabe, té o licor y, más que eso, que enseñe a los lugareños a industrializarla y a mercadearla en Panamá o en el extranjero.
Un gran proyecto de parque eólico promete sumar otro impacto positivo en la región. Se pretende iniciar el año próximo la construcción en Santa Fe, de una treintena de molinos de viento que haría crecer, por sí sola en 30%, la capacidad de generación eléctrica de todo el país, empezando por la gente de Santa Fe, con la ventaja de ser energía limpia y barata. La región está plena de potencial y esperanza.

101 años de Panamá América

 
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