Aumenta el costo de la vida
LA EXPERIENCIA diaria de todos los habitantes del país ha sido, en el último semestre, la de una gran alarma por el incremento de los precios en todas las esferas de la necesidad práctica de compras de toda índole. Nosotros consideramos que la situación se inició al terminar el plazo legal de dos años, en que se ordenó un congelamiento de precios de productos medicinales. La medida parecía tener las trazas de un buen paso, tentativamente, pero hubo quiénes se preguntaban qué sucedería después del plazo de control bianual. Era fácilmente previsible que los productos medicinales experimentarían un bárbaro incremento de precios pasado el tiempo de dos años, y que las razones de una drástica subida de precios las daba la misma medida de restricción. El beneficio de los consumidores se esfumaría en la ola de aumentos que se iniciaría, como se inició, con el fin de los dos años de la veda.
Pero la ola de aumentos fue expansiva, puesto que partió de los nuevos precios de combustible de automóviles (gasolina y diesel) que fue el tono de arrebato para la subida calculada de todos los demás precios. El bolsillo del habitante común no resistiría las nuevas exacciones o aumentos totalitarios. Es decir, en todos los productos. Mal anda hoy el bolsillo, tanto de los pobres como de los ricos (aunque con menor fuerza en éstos), pues se ha generalizado ya la evidencia de que los gastos semanales y mensuales que toda persona debe hacer, a menos que esté idiotizado, ya no resisten los cálculos de lo que diariamente gastamos o gastaremos, por la sencilla razón de que el aumento sigue siendo general. Y estamos sufriendo la realidad de que todo sube y nada baja, en materia de precios que sufre el consumidor, el ciudadano corriente. El resultado fantástico es el de que en la mayoría de los casos, el sueldo o la jubilación, ya no resisten para las oleadas de aumentos de precios que continuamos experimentando en carne viva.
Añoramos el control de precios, que todavía figura en la Constitución, y que un Presidente eliminó de un plumazo (cosa insólita frente a una Carta Magna), porque llegó a pensar que cuando ya era un hecho la objeción popular a su reelección, él se dedicaría a comprar "juguetitos" (un helicóptero, un yate, etc.), y que con sus medidas de precios al consumidor, él mismo estaría libre de controles. Sin embargo, la verdad es la de que por lo menos tratándose de la canasta diaria, el control de precios sí cumplía, aunque en parte, su función y era valladar para los aumentos, pesas alteradas, etc., de los mercaderes del templo, que ahora están de plácemes, en razón de la orgía de aumentos.
Volviendo al bolsillo de cada cual, ya estamos sufriendo la realidad de que no nos alcanzan las partidas de nuestro gasto mensual, y nos encontramos gastando más, mucho más de lo que gastábamos algunos meses antes. Como nuestro ingreso es fijo (jubilación), ya comenzamos a experimentar la medida de hacer recortes de gastos, para no sufrir una crisis catastrófica, consistente en que no nos alcanzará el chequecito quincenal. Y ojalá que no lleguemos a tal extremo, aunque no acostumbramos a comprar "juguetitos" y otros artículos suntuarios.
Gastamos en comidas y en medicinas, cuando necesitamos estas últimas. Pero sus precios en alza nos hacen preguntarnos qué harán los jubilados que "gozan" de una estrecha jubilación, cuando deben satisfacer los aumentos a cada rato, de las medicinas que les son indispensables. Mejor ni pensar en lo que debe hacer próximamente, porque la cosa no se detiene, sino que la flecha de los gastos sigue disparándose. Otra confrontación difícil de una enfermedad, que exige la visita a un hospital. No sabemos qué harán los que padecen más bien de ingresos reducidos. Creemos que, incluso en vida, experimentarán las torturas de un verdadero infierno dantesco personal.
Algunos ilusos creen en los argumentos propagandísticos de la Autoridad del Canal, en cuanto a los miles de empleos que traerán las nuevas esclusas. Pero ya la prensa diaria viene señalando que para trabajos propios de esa "tabla de salvación", en Panamá no hay técnicos preparados.
Y como este último párrafo comienza a pisar por otros rumbos, mejor dejamos en paz al bolígrafo (antes era pluma), para que próximamente podamos escribir en forma un tanto más halagüeña y esperanzadora.
Podemos, con nuestras atenciones y cariño, hacerle más llevadera su enfermedad a la tía anciana, al abuelo inválido, al hermanito retrasado...
Podemos curar muchas angustias, muchas pequeñas penas, muchas heridas...
Todo está en querer.
Es por esto que el amor conyugal, el familiar y el de una buena amistad, debe prevalecer por encima de cualquier sentimiento hostil que acaba con la unión que había sido tan hermosa y que creímos perdurable.
No puedo quejarme. La vida me ha dado todo: una infancia feliz, una juventud hermosa, inigualable, un trabajo profesional al que amé; un matrimonio casi perfecto, una vida familiar que puedo decir mucho. Todo lo material es nada, si lo tenemos o nos falta, con tal que tengamos amor y yo siempre me sentí querida por los míos, por los que me han rodeado y he sido capaz de olvidar e ignorar cualquier maldad que hayan querido hacerme.
Me considero, pues, una mujer que ha vivido una vida completa y pienso seguir haciéndolo por muchos años más. No creo tener enemigos y los que me envidian por algo, no me llega y le pido a Dios que se la quite.
El amor y la amistad es lo más bello que existe en el universo. Cuando estas cosas se terminen, terminará la felicidad de un mundo con sensibilidad y afecto.
marisin@movistar.com.pa
Pero la ola de aumentos fue expansiva, puesto que partió de los nuevos precios de combustible de automóviles (gasolina y diesel) que fue el tono de arrebato para la subida calculada de todos los demás precios. El bolsillo del habitante común no resistiría las nuevas exacciones o aumentos totalitarios. Es decir, en todos los productos. Mal anda hoy el bolsillo, tanto de los pobres como de los ricos (aunque con menor fuerza en éstos), pues se ha generalizado ya la evidencia de que los gastos semanales y mensuales que toda persona debe hacer, a menos que esté idiotizado, ya no resisten los cálculos de lo que diariamente gastamos o gastaremos, por la sencilla razón de que el aumento sigue siendo general. Y estamos sufriendo la realidad de que todo sube y nada baja, en materia de precios que sufre el consumidor, el ciudadano corriente. El resultado fantástico es el de que en la mayoría de los casos, el sueldo o la jubilación, ya no resisten para las oleadas de aumentos de precios que continuamos experimentando en carne viva.
Añoramos el control de precios, que todavía figura en la Constitución, y que un Presidente eliminó de un plumazo (cosa insólita frente a una Carta Magna), porque llegó a pensar que cuando ya era un hecho la objeción popular a su reelección, él se dedicaría a comprar "juguetitos" (un helicóptero, un yate, etc.), y que con sus medidas de precios al consumidor, él mismo estaría libre de controles. Sin embargo, la verdad es la de que por lo menos tratándose de la canasta diaria, el control de precios sí cumplía, aunque en parte, su función y era valladar para los aumentos, pesas alteradas, etc., de los mercaderes del templo, que ahora están de plácemes, en razón de la orgía de aumentos.
Volviendo al bolsillo de cada cual, ya estamos sufriendo la realidad de que no nos alcanzan las partidas de nuestro gasto mensual, y nos encontramos gastando más, mucho más de lo que gastábamos algunos meses antes. Como nuestro ingreso es fijo (jubilación), ya comenzamos a experimentar la medida de hacer recortes de gastos, para no sufrir una crisis catastrófica, consistente en que no nos alcanzará el chequecito quincenal. Y ojalá que no lleguemos a tal extremo, aunque no acostumbramos a comprar "juguetitos" y otros artículos suntuarios.
Gastamos en comidas y en medicinas, cuando necesitamos estas últimas. Pero sus precios en alza nos hacen preguntarnos qué harán los jubilados que "gozan" de una estrecha jubilación, cuando deben satisfacer los aumentos a cada rato, de las medicinas que les son indispensables. Mejor ni pensar en lo que debe hacer próximamente, porque la cosa no se detiene, sino que la flecha de los gastos sigue disparándose. Otra confrontación difícil de una enfermedad, que exige la visita a un hospital. No sabemos qué harán los que padecen más bien de ingresos reducidos. Creemos que, incluso en vida, experimentarán las torturas de un verdadero infierno dantesco personal.
Algunos ilusos creen en los argumentos propagandísticos de la Autoridad del Canal, en cuanto a los miles de empleos que traerán las nuevas esclusas. Pero ya la prensa diaria viene señalando que para trabajos propios de esa "tabla de salvación", en Panamá no hay técnicos preparados.
Y como este último párrafo comienza a pisar por otros rumbos, mejor dejamos en paz al bolígrafo (antes era pluma), para que próximamente podamos escribir en forma un tanto más halagüeña y esperanzadora.
Podemos, con nuestras atenciones y cariño, hacerle más llevadera su enfermedad a la tía anciana, al abuelo inválido, al hermanito retrasado...
Podemos curar muchas angustias, muchas pequeñas penas, muchas heridas...
Todo está en querer.
Es por esto que el amor conyugal, el familiar y el de una buena amistad, debe prevalecer por encima de cualquier sentimiento hostil que acaba con la unión que había sido tan hermosa y que creímos perdurable.
No puedo quejarme. La vida me ha dado todo: una infancia feliz, una juventud hermosa, inigualable, un trabajo profesional al que amé; un matrimonio casi perfecto, una vida familiar que puedo decir mucho. Todo lo material es nada, si lo tenemos o nos falta, con tal que tengamos amor y yo siempre me sentí querida por los míos, por los que me han rodeado y he sido capaz de olvidar e ignorar cualquier maldad que hayan querido hacerme.
Me considero, pues, una mujer que ha vivido una vida completa y pienso seguir haciéndolo por muchos años más. No creo tener enemigos y los que me envidian por algo, no me llega y le pido a Dios que se la quite.
El amor y la amistad es lo más bello que existe en el universo. Cuando estas cosas se terminen, terminará la felicidad de un mundo con sensibilidad y afecto.
marisin@movistar.com.pa