Aún no perdemos la confianza
SON tantos los problemas que enfrenta la Nación que es necesario un cambio de actitud y la participación de toda la ciudadanía, a fin de que el régimen en el poder, pueda ir dando solución a cada uno de ellos, con verdadera responsabilidad y plena vocación de patria. No caben en estos momentos los intereses partidistas para dar a la República, la paz, la tranquilidad y la seguridad que permitan el trabajo constructivo y permanente para el desarrollo y bienestar de la comunidad nacional.
Aún no hemos perdido la confianza de que Panamá alcanzará en un futuro no lejano, el desarrollo y progreso integral, porque seguimos creyendo en los hombres y mujeres de este suelo; en aquellos que tienen como sostén y guía la presencia de valores éticos y morales; en aquellas organizaciones cívicas y de trabajadores que han tenido su origen en el deseo supremo de aportar a la nación los mejores esfuerzos y sueños para que alcance la realización de sus ideales; no hemos perdido la confianza, porque el gobierno nos habla con mucha insistencia de una Patria Nueva, de un cambio de actitud, de una reflexión que nos permita evaluar ejecutorias y, de esa manera, darnos cuenta si estamos actuando como lo exige la Nación, como debe hacerlo el panameño responsable y digno de haber nacido en este suelo; un cambio de actitud que nos lleve a pensar en todos los sectores de la República y a trabajar por su mejoramiento integral.
Gobierno, empresa privada, trabajadores y comunidad en general, tienen que identificarse frente a los graves problemas que está confrontando el país, de manera sincera y pensando, firmemente, en el futuro de Panamá. No es el momento para la crítica destructiva, para los análisis llenos de egoísmos que en lugar de ayudar a la solución de los problemas económicos y sociales que estamos confrontando, deterioran más la incipiente democracia que tenemos y que necesitamos fortalecer con la participación de todos los interesados en el futuro de Panamá.
Ahora cuando nos encontramos frente a uno de los proyectos de mayor envergadura económica y social, como lo es la ampliación del Canal, pueblo y gobierno tienen que actuar con toda responsabilidad histórica, con verdadera inspiración patriótica, con anhelos supremos de que el país se encamine por las sendas que lo lleven a su verdadero progreso y bienestar, con el interés de que el proyecto en mención se maneje con honestidad, con profundo sentido de patria y, de esa manera, despertar la confianza y credibilidad y de una nación que decidirá con su voto, la realización o rechazo de esta gran obra.
En el actual período de análisis y de estudio del proyecto, no tenemos que caminar deprisa; dediquemos gran parte de nuestro tiempo a conocer el documento y libre de todo prejuicio o interés partidista, dispongámonos a participar en este referéndum que decidirá la ampliación del Canal de Panamá.
Son muchos los problemas que está confrontando el gobierno actual convencido de que sólo habrá Patria Nueva, si se logra el adecentamiento de todas las instituciones públicas; si tenemos frente a cada dependencia estatal a hombres probos que no fallarán en el momento de defender los caros intereses de la nación.
El momento que vive la República es preocupante y demanda la acción urgente de una ciudadanía consciente y capaz de producir los cambios que son necesarios para llevar bienestar y felicidad a miles de panameños que así lo están reclamando.
Sin embargo, es esperanzador que después de una compleja situación geopolítica futura de caos económico y guerra internacional, la humanidad pueda comprender desde el poder político-económico, en virtud de un examen de conciencia de la comunidad internacional, de la necesidad imperativa de reformar el sistema actual por un modelo de desarrollo económico sostenible, derechos humanos y relaciones internacionales justas, pues toda crisis otorga la posibilidad del cambio.
Aún no hemos perdido la confianza de que Panamá alcanzará en un futuro no lejano, el desarrollo y progreso integral, porque seguimos creyendo en los hombres y mujeres de este suelo; en aquellos que tienen como sostén y guía la presencia de valores éticos y morales; en aquellas organizaciones cívicas y de trabajadores que han tenido su origen en el deseo supremo de aportar a la nación los mejores esfuerzos y sueños para que alcance la realización de sus ideales; no hemos perdido la confianza, porque el gobierno nos habla con mucha insistencia de una Patria Nueva, de un cambio de actitud, de una reflexión que nos permita evaluar ejecutorias y, de esa manera, darnos cuenta si estamos actuando como lo exige la Nación, como debe hacerlo el panameño responsable y digno de haber nacido en este suelo; un cambio de actitud que nos lleve a pensar en todos los sectores de la República y a trabajar por su mejoramiento integral.
Gobierno, empresa privada, trabajadores y comunidad en general, tienen que identificarse frente a los graves problemas que está confrontando el país, de manera sincera y pensando, firmemente, en el futuro de Panamá. No es el momento para la crítica destructiva, para los análisis llenos de egoísmos que en lugar de ayudar a la solución de los problemas económicos y sociales que estamos confrontando, deterioran más la incipiente democracia que tenemos y que necesitamos fortalecer con la participación de todos los interesados en el futuro de Panamá.
Ahora cuando nos encontramos frente a uno de los proyectos de mayor envergadura económica y social, como lo es la ampliación del Canal, pueblo y gobierno tienen que actuar con toda responsabilidad histórica, con verdadera inspiración patriótica, con anhelos supremos de que el país se encamine por las sendas que lo lleven a su verdadero progreso y bienestar, con el interés de que el proyecto en mención se maneje con honestidad, con profundo sentido de patria y, de esa manera, despertar la confianza y credibilidad y de una nación que decidirá con su voto, la realización o rechazo de esta gran obra.
En el actual período de análisis y de estudio del proyecto, no tenemos que caminar deprisa; dediquemos gran parte de nuestro tiempo a conocer el documento y libre de todo prejuicio o interés partidista, dispongámonos a participar en este referéndum que decidirá la ampliación del Canal de Panamá.
Son muchos los problemas que está confrontando el gobierno actual convencido de que sólo habrá Patria Nueva, si se logra el adecentamiento de todas las instituciones públicas; si tenemos frente a cada dependencia estatal a hombres probos que no fallarán en el momento de defender los caros intereses de la nación.
El momento que vive la República es preocupante y demanda la acción urgente de una ciudadanía consciente y capaz de producir los cambios que son necesarios para llevar bienestar y felicidad a miles de panameños que así lo están reclamando.
Sin embargo, es esperanzador que después de una compleja situación geopolítica futura de caos económico y guerra internacional, la humanidad pueda comprender desde el poder político-económico, en virtud de un examen de conciencia de la comunidad internacional, de la necesidad imperativa de reformar el sistema actual por un modelo de desarrollo económico sostenible, derechos humanos y relaciones internacionales justas, pues toda crisis otorga la posibilidad del cambio.