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Aún nos falta orgullo nacional


Hace poco, recibí una nota del Consejo Nacional de la Empresa Privada, (CoNEP), sobre un tema tan común y silvestre que lo he olvidado. Sin embargo, capturó mi atención, de manera muy especial, la leyenda que al final de la hoja, como parte del membrete de la organización, invitaba: "Por Panamá: hagámoslo un poquito mejor". No. No era la primera vez que leía o veía la frase. Es más, en mi condición de Asesor de la Junta Directiva en el año de 1989, fui parte del esfuerzo creativo que concibió el mensaje, a raíz de la solicitud del entonces presidente de la cúpula empresarial, en su deseo de estimular el mejor desempeño de los panameños en las distintas labores que ejecutan, para el mejoramiento de la productividad nacional y, por ende, de la economía del país.
Recuerdo que uno de los argumentos que más nos convenció a que teníamos que inculcar este tipo de comportamiento, casi dogmático, pero también de orgullo nacionalista y pragmático, fue el encontrar coincidencia unánime en las experiencias de usuarios entrevistados sobre el servicio de reparaciones: "Todo hay que llevarlo por segunda vez. Nada queda bien reparado a la primera". Esto era igual para aparatos electrónicos o automóviles, para plomería o ebanistería, para herrería o albañilería o mecánica e incluía hasta la adquisición de bienes y servicios, sin descartar los médicos.
¿Por qué se daba esta situación? ¿Era acaso producto del juega vivo, del ningún temor a leyes o compromisos contractuales, o era un comportamiento atávico y rencoroso contra todo el que tiene algo? ¿Falta de bondad, descarrío mental, la maldad por la maldad misma, irresponsabilidad congénita, pésima orientación en el hogar y en la escuela, el materialismo y el consumismo desmedido, el afán por la riqueza fácil, el ejemplo de corrupción impune en todos los niveles de nuestra sociedad, el desbocado emigrar de nuestros campesinos?. Fueron muchos los ámbitos del comportamiento humano que tratamos de analizar y muy poco el tiempo disponible para proyectarlo como programa a largo plazo en una organización de este tipo. Lamentablemente, sólo se pudo avanzar hasta la frase, tema de este artículo y la promesa de seguir buscando respuestas y soluciones.
Hoy, buenos años después, como dijo el bardo, "revuelvo la mirada" y verdaderamente siento espanto al ver y analizar la realidad social panameña. Cada día es mayor la agresividad entre los panameños, ahora reforzados con extranjeros especializados en matar. La pornografía, el comportamiento vulgar, el irrespeto por los demás, los enfrentamientos con armas entre estudiantes, la destrucción y perjuicios a la propiedad pública y privada en la supuesta lucha por los intereses de algunos. Los múltiples delitos sin castigo. Una clase política en permanente desprestigio y pésimo ejemplo para la juventud emergente.
En fin, una etapa de tanta gravedad que requiere, cuanto antes, la toma de decisiones para ayudar a re evaluar nuestro presente y destino. Pero, desde la perspectiva de la razón de ser de este escrito, el panameño no siente orgullo o satisfacción por su trabajo; no lo ejecuta con dedicación y pleno uso de sus innegables conocimientos, lo hace como para salir del paso, del encargo, para cobrar lo que pueda y no en pocos casos, dejando algo en el aire o dañando algún otro punto para hacer regresar al cliente y cobrar de nuevo. Y otro tanto habría que apuntar a muchos pseudo empresarios.
Hace muchos años, durante la fratricida guerra civil salvadoreña, emigraron muchos nacionales de ese país con el propósito de ponerse a resguardo de las balaceras que se producían en cualquier parte de la pequeña nación. Llamaba la atención que no todos los que emigraban eran de clase social alta, también huían ciudadanos de estratos pobres, ciertamente en busca de seguridad, pero también de empleos que no se daban en su patria por las mismas razones de la guerra. A mi casa llegaron dos de estos hombres. Eran personas calladas, humildes en su trato y muy respetuosos. A diferencia de los menesterosos, (los ahora "piedreros") que pasaban por casa exigiendo trabajo, estos ofrecían su labor, no importaba cual fuera, a cambio de comida. Después de una amena conversación, me ofrecieron losar el patio de mi residencia en tiempo muy corto y a costos muy convenientes. Yo compraba el material y ellos ponían su labor.
Ya no vivo en esa casa, pero por razones fortuitas debí transitar por ese patio enlosado y verlo en perfectas condiciones. Un trabajo bien hecho que dio gusto pagar por su esencia y que mantiene en mi mente la presencia de aquellos trabajadores que, entrada la razón y el respeto en El Salvador, volvieron a su tierra a hacer, no lo dudo, tan buen trabajo como el que hicieron para mí. Es más, en varias ocasiones he estado en esa república centroamericana y observado, ya sin sorpresa, la buena calidad de lo que en ella hacen sus ciudadanos. Es más, situación similar la he observado en los demás países del área que, sin duda, es básica en la aceptación de los productos en el competido mercado mundial, gracias a la participación obligada en la OMC. ¿Y los panameños?
Son muchas las muestras del trabajo mal hecho o hecho a desgano, sin orgullo alguno de la mano de obra nacional. Todo edificio nuevo, incluso viviendas unifamiliares, muestran durante la propia construcción, detalles defectuosos que si no son reclamados de inmediato, luego de mudados no hay quien responda. La simple labor de asfaltar las calles se ha convertido en un desastre, pésima aplicación, hundimientos, baches, sin la respectiva señalización si no meses después (si acaso).
Hace pocos días, se devolvieron a Panamá 105 mil cajas de bananos desde Europa, por carecer de la calidad mínima para el consumo usual, cuando antes exportábamos uno de los mejores guineos, reconocidos por todo el mundo. ¿Qué pasó? Pero no hemos presenciado, hasta el cansancio, las batallas entre empleados y empresas sobre mejoras salariales, mejores condiciones, rechazo de técnicas nuevas de producción y el sinnúmero de huelgas que paralizaban las fincas y ayudados en algunas ocasiones por unas condiciones climáticas, culpa de nadie, que requerían sacrificios para recuperarse de daños y que, aparentemente no fueron bien hechos.
Podría seguir enumerando ejemplos que demuestran la pérdida del interés del obrero panameño en hacer su trabajo bien, de mejorarse técnica, profesional y académicamente. Es cierto, hay excepciones.
Lamentablemente, en la necesidad por la instalación de nuevas empresas para obtener los puestos de empleo que necesitamos para mejorar la economía nacional, se requiere que la mayoría de los panameños, en todos los estratos sociales, tratemos de mejorar la calidad de nuestro trabajo para atraer esos capitales que luego de examinar las condiciones locales, deciden poner sus empresas en otros países de Centroamérica. Compatriotas... por Panamá: hagámoslo un poquito mejor.
Con todas las materias que estamos dando y los laboratorios, siento que hemos aprendido bastante.
Por parte de los estudiantes hace falta más madurez, porque de parte de los profesores y las materias todo está completo. Me siento preparada para ejercer.
Me motivó cuando estaba en el colegio. Practiqué en un negocio familiar en una farmacia y me gustó mucho, es interesante. Además de que no es lo común y uno puede encontrar trabajo más fácil, pero no solamente por eso sino porque es una carrera bonita y uno aprende bastante.
La carrera está completa y los profesores son buenos; a veces hace falta cosas en el laboratorio, pero eso hace falta en toda la universidad. Me siento preparada para ejercer la carrera y bastante segura.
Desde chiquito tenía el sueño de estudiar una rama científica. La carrera está completa y no tengo ninguna queja.
Me interesó porque es de investigación y el campo no está muy abierto en la química. Además, para que Panamá pueda salir adelante en este campo.
Hay campo, lo que no hay son estudiantes, porque hay bastante industrias privadas y del gobierno que necesitan químicos. Sólo llevo un año pero he adquirido buenos conocimientos. La Facultad hasta ahora está bien equipada con todos lo instrumentos, pero creo que le faltan algunos materiales.
Lo que me motivó fue su campo de aplicación, porque cubre demasiadas cosas, lo que es la electrónica, electricidad, fenómenos ópticos. Nos ayuda a comprender un poco mejor lo que es la naturaleza en sí y el porqué de las cosas.
Considero que nunca es suficiente lo que se aprende, que hay que seguir avanzando y que la licenciatura no es todo y hay que seguir a nivel de maestría y doctorado para llegar un poco más allá.
Para mejorar, las investigaciones son las que pueden aumentar el progreso del país, ya sea investigaciones en el área de geofísica, estudio de aguas subterráneas, hidrología, estudio de radiaciones ionizantes.
Se necesita apoyo económico para lo que es equipo, a veces hace falta equipo. Ultimamente hemos tenido ayuda del gobierno español con préstamos para adquisición de equipo, pero hace falta un poco más.
Toda persona que sale de aquí debiera estar preparada ya que el curriculum de Física en Panamá es bastante fuerte y casi todas las personas que salen graduadas y van afuera creo que hacen un buen papel, eso quiere decir, que el curriculum funciona.

101 años de Panamá América

 
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