¿Autonomía o separatismo vasco?
El Presidente del Parlamento Vasco, el Lehendakari, ha presentado al gobierno central de España un reflexivo documento titulado “Nuestro compromiso con la paz y la solidaridad”, el que formula agudas críticas al régimen y propone una mayor ampliación de la autonomía vasca en el conglomerado de la sociedad española.
Mientras la banda terrorista ETA busca un separatismo vasco a golpe de bomba y metralla, el gobierno vasco autonómico asume una posición de paz , pero firmemente opuesta a lo que el Lehendakari llama en el documento una concepción de estado nacional español “con una cultura dominante dueña del Estado”. El documento rechaza la ley de partidos y la ilegalización de Batasuna, considerando que “la exclusión no es la solución”.
Pero las discrepancias no son sólo de orden político. El gobierno regional vasco recusa el modelo de desarrollo neoliberal del partido en el gobierno y se ratifica en el autogobierno sustentado en Euskadi un modelo propio de construcción social edificado sobre el desarrollo sostenible y de solidaridad.
Algunos observadores de la sociedad española conceptúan que el documento del Lehendakari refleja que los vascos mayoritariamente eligen el camino del diálogo pacífico y democrático para plantear su inserción en la república española, reconociéndosele su especificidad cultural y política. Otros ven un separatismo en marcha cada vez más nítido y preocupante para la integración nacional.
“Nuestro pueblo quiere ser dueño de su destino, sin violencia, sin imposiciones y sin chantajes” proclama el Lehendakari, pero sin poner de manifiesto un separatismo explícito que, por lo demás, sería un golpe mortal a la unidad española cimentada en la pluralidad autonómica después del fin del régimen franquista.
Mientras la banda terrorista ETA busca un separatismo vasco a golpe de bomba y metralla, el gobierno vasco autonómico asume una posición de paz , pero firmemente opuesta a lo que el Lehendakari llama en el documento una concepción de estado nacional español “con una cultura dominante dueña del Estado”. El documento rechaza la ley de partidos y la ilegalización de Batasuna, considerando que “la exclusión no es la solución”.
Pero las discrepancias no son sólo de orden político. El gobierno regional vasco recusa el modelo de desarrollo neoliberal del partido en el gobierno y se ratifica en el autogobierno sustentado en Euskadi un modelo propio de construcción social edificado sobre el desarrollo sostenible y de solidaridad.
Algunos observadores de la sociedad española conceptúan que el documento del Lehendakari refleja que los vascos mayoritariamente eligen el camino del diálogo pacífico y democrático para plantear su inserción en la república española, reconociéndosele su especificidad cultural y política. Otros ven un separatismo en marcha cada vez más nítido y preocupante para la integración nacional.
“Nuestro pueblo quiere ser dueño de su destino, sin violencia, sin imposiciones y sin chantajes” proclama el Lehendakari, pero sin poner de manifiesto un separatismo explícito que, por lo demás, sería un golpe mortal a la unidad española cimentada en la pluralidad autonómica después del fin del régimen franquista.