Autores nacionales conocen mejor nuestra realidad
Con motivo de la aprobación en tercer debate de la Ley No. 128, que regula el uso de textos escolares y obras complementarias nacionales y extranjeras, en los centros de educación inicial y especial, así como en las escuelas básicas oficiales y particulares, se han dejado escuchar algunas voces de distinguidas personalidades solicitando a la presidenta de la República, Mireya Moscoso, vetar dicho proyecto de Ley porque consideran que es contraproducente para nuestro sistema educativo. Entre éstos, cito al Dr. Aristides Royo, ex ministro de Educación, cuando dice (La Prensa del 29 de junio) que dicha ley es una nueva forma de "chauvinismo educativo", y a la Dra. Rosa María Britton, presidenta del Patronato de la Biblioteca Nacional, cuando afirma que de aprobarse esta ley, los estudiantes serán los más perjudicados porque "se verán condenados a una eternidad de panameñismo mal entendido" (El Siglo del 1 de julio).
En verdad, ambas opiniones nos parecen totalmente contradictorias, por decir lo menos, ya que las mismas provienen de personalidades que se han distinguido precisamente por publicar numerosas obras y trabajos literarios (ambos autores), tan buenos como los de cualquier extranjero, cada uno en sus respectivas ramas. Lástima que ellos piensen que son los únicos que lo pueden hacer, y que nosotros los autores de textos y obras didácticas no somos capaces de crear un libro que sea tan bueno como cualquier texto extranjero; o peor aún, creen que porque ya grandes literatos y científicos plasmaron buenas obras, los demás no podemos hacerlo. Es como pensar que porque Cervantes escribió El Quijote, ya no debe escribirse nada más; entonces no hubiésemos tenido las obras de Gabriel García Márquez, pues según este principio no debió escribir ni publicar sus obras, y no existiese Cien Años de Soledad; La Boina roja, de Rogelio Sinán; Desertores, de Ramón H. Jurado, y Gamboa Road Gang de Joaquín Beleño.
Es incomprensible que el señor ex ministro de Educación, que debería apoyar e incentivar a sus connacionales a escribir y publicar obras didácticas para beneficio de nuestra cultura y quien en su período gestó y apoyó una reforma educativa, en donde, en ese momento histórico sí le parecieron buenos los autores que colaboraron con su proyecto, ahora piense todo lo contrario. También nos resulta contradictorio que la Presidenta del Patronato de la Biblioteca Nacional, quien igualmente debiera promover y ayudar a quienes hacemos lo posible por escribir, para que los autores nacionales ocupemos un sitial importante en los archivos de nuestra primera institución bibliotecaria, y lograr que más obras como las mencionadas acompañen a El ataúd de uso y El señor de la lluvia y de los vientos, de su autoría, sea precisamente la que aboga por ahogar el esfuerzo de los autores de obras didácticas.
Lo triste de toda esta controversia es que la Ley 128 en cuestión, nunca ha pretendido cerrar la entrada al país a ninguna obra extranjera de ningún género. Sólo pretende dar preferencia en la fase inicial y media de nuestra educación, a los autores nacionales que son quienes conocen mejor nuestra realidad, nuestro medio y nuestra idiosincrasia; y los que en apego a las directrices que plantean los programas del Ministerio de Educación, escriben obras de textos y complementarlas 100 % basadas en dicho programas y en verdad luchan por cumplir con el artículo 89 de la Constitución Política de la República de Panamá, el cual "Reconoce que es una finalidad de la educación panameña fomentar en el estudiante una conciencia nacional, basada en el conocimiento de la historia y los problemas nacionales".
Tampoco se ha pretendido hacer extensiva esta ley a las universidades, pues como nos lo sugiere su nombre buscan la universalidad, pero siempre conservando las particularidades propias de cada país.
Igual que nuestros ministro de Educación y Presidenta del Patronato de la Biblioteca Nacional quienes añoran al Baldor, hace más de 40 años recibí buena parte de mi formación matemática de esa excelente obra; y también la utilicé hace 30 años para formar a mis estudiantes; pero de esa época a nuestros días se han integrado a la educación matemática nuevas corrientes, como la teoría de conjuntos, la etnomatemática; y hoy, es cada vez mayor la preocupación de la matemática educativa, buscar la forma de brindar al estudiante nuevas metodologías didácticas para estudiar y aprender esta asignatura que aún sigue siendo una de las que presenta más dificultades en el estudiantado.
El Baldor fue y será siempre un buen libro de texto y nunca pretenderemos cerrarle las puertas de Panamá, pero honestamente creo que la didáctica y la metodología utilizada en nuestros textos de matemática ha mejorado la aplicada hace más de 40 años por el mismo.
En verdad, ambas opiniones nos parecen totalmente contradictorias, por decir lo menos, ya que las mismas provienen de personalidades que se han distinguido precisamente por publicar numerosas obras y trabajos literarios (ambos autores), tan buenos como los de cualquier extranjero, cada uno en sus respectivas ramas. Lástima que ellos piensen que son los únicos que lo pueden hacer, y que nosotros los autores de textos y obras didácticas no somos capaces de crear un libro que sea tan bueno como cualquier texto extranjero; o peor aún, creen que porque ya grandes literatos y científicos plasmaron buenas obras, los demás no podemos hacerlo. Es como pensar que porque Cervantes escribió El Quijote, ya no debe escribirse nada más; entonces no hubiésemos tenido las obras de Gabriel García Márquez, pues según este principio no debió escribir ni publicar sus obras, y no existiese Cien Años de Soledad; La Boina roja, de Rogelio Sinán; Desertores, de Ramón H. Jurado, y Gamboa Road Gang de Joaquín Beleño.
Es incomprensible que el señor ex ministro de Educación, que debería apoyar e incentivar a sus connacionales a escribir y publicar obras didácticas para beneficio de nuestra cultura y quien en su período gestó y apoyó una reforma educativa, en donde, en ese momento histórico sí le parecieron buenos los autores que colaboraron con su proyecto, ahora piense todo lo contrario. También nos resulta contradictorio que la Presidenta del Patronato de la Biblioteca Nacional, quien igualmente debiera promover y ayudar a quienes hacemos lo posible por escribir, para que los autores nacionales ocupemos un sitial importante en los archivos de nuestra primera institución bibliotecaria, y lograr que más obras como las mencionadas acompañen a El ataúd de uso y El señor de la lluvia y de los vientos, de su autoría, sea precisamente la que aboga por ahogar el esfuerzo de los autores de obras didácticas.
Lo triste de toda esta controversia es que la Ley 128 en cuestión, nunca ha pretendido cerrar la entrada al país a ninguna obra extranjera de ningún género. Sólo pretende dar preferencia en la fase inicial y media de nuestra educación, a los autores nacionales que son quienes conocen mejor nuestra realidad, nuestro medio y nuestra idiosincrasia; y los que en apego a las directrices que plantean los programas del Ministerio de Educación, escriben obras de textos y complementarlas 100 % basadas en dicho programas y en verdad luchan por cumplir con el artículo 89 de la Constitución Política de la República de Panamá, el cual "Reconoce que es una finalidad de la educación panameña fomentar en el estudiante una conciencia nacional, basada en el conocimiento de la historia y los problemas nacionales".
Tampoco se ha pretendido hacer extensiva esta ley a las universidades, pues como nos lo sugiere su nombre buscan la universalidad, pero siempre conservando las particularidades propias de cada país.
Igual que nuestros ministro de Educación y Presidenta del Patronato de la Biblioteca Nacional quienes añoran al Baldor, hace más de 40 años recibí buena parte de mi formación matemática de esa excelente obra; y también la utilicé hace 30 años para formar a mis estudiantes; pero de esa época a nuestros días se han integrado a la educación matemática nuevas corrientes, como la teoría de conjuntos, la etnomatemática; y hoy, es cada vez mayor la preocupación de la matemática educativa, buscar la forma de brindar al estudiante nuevas metodologías didácticas para estudiar y aprender esta asignatura que aún sigue siendo una de las que presenta más dificultades en el estudiantado.
El Baldor fue y será siempre un buen libro de texto y nunca pretenderemos cerrarle las puertas de Panamá, pero honestamente creo que la didáctica y la metodología utilizada en nuestros textos de matemática ha mejorado la aplicada hace más de 40 años por el mismo.