¿Avanza el Plan de Desarrollo Nacional?
Nadie en su sano juicio podrá decir que no se necesita un Plan de Desarrollo Nacional. Ni mucho menos negar que el mismo deba estar legítimamente consensuado por todas las fuerzas políticas y sociales de la sociedad panameña. La oportunidad se presentó el año pasado, pero en medio del debate del referendo del Canal de Panamá. ¿Por qué entonces, y no antes, o después?
De la aproximación a una posible respuesta va surgiendo un enjambre de opiniones enfrentadas que enturbia el proyecto que trata de sobrevivir al amparo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sin embargo, el Plan parece destinado al fracaso o, por lo menos, a la nada que es más de lo mismo.
Lo cierto es que los partidos políticos, que deberían dirimir sus diferencias conceptuales a lo interno del debate nacional, no han sido capaces de considerar la importancia de promover un gran proyecto nacional que mantenga el perfil de nación que todos deseamos. En cambio, lo cual no es nada nuevo, frente a la primera crisis disertan y se largan de la mesa del diálogo según el estrecho criterio de la coyuntura.
Por otra parte, voceros del gobierno "recalientan" sus viejas promesas que llegan tarde, teñidas de desconfianza y torcidas en el tiempo. Un análisis cercano a algunos hechos que se están dando en el diálogo muestran las huellas de prácticas políticas, donde el oportunismo se asocia con la inestabilidad y la falta de consenso. Así no hay nadie que pueda avanzar.
De la aproximación a una posible respuesta va surgiendo un enjambre de opiniones enfrentadas que enturbia el proyecto que trata de sobrevivir al amparo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sin embargo, el Plan parece destinado al fracaso o, por lo menos, a la nada que es más de lo mismo.
Lo cierto es que los partidos políticos, que deberían dirimir sus diferencias conceptuales a lo interno del debate nacional, no han sido capaces de considerar la importancia de promover un gran proyecto nacional que mantenga el perfil de nación que todos deseamos. En cambio, lo cual no es nada nuevo, frente a la primera crisis disertan y se largan de la mesa del diálogo según el estrecho criterio de la coyuntura.
Por otra parte, voceros del gobierno "recalientan" sus viejas promesas que llegan tarde, teñidas de desconfianza y torcidas en el tiempo. Un análisis cercano a algunos hechos que se están dando en el diálogo muestran las huellas de prácticas políticas, donde el oportunismo se asocia con la inestabilidad y la falta de consenso. Así no hay nadie que pueda avanzar.