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Avanzando hacia el pasado


Creen que el "neoliberalismo" es el causante de nuestra pobreza y de la desigualdad patente de las sociedades latinoamericanas; piensan que el Estado es el mejor administrador de los servicios básicos y de los recursos naturales de nuestras tierras, que de otro modo caen en manos del "imperialismo" explotador que se enriquece a costa de nuestra pobreza; explican la inflación como maniobras inconfesables de acaparadores y especuladores que lucran expoliando a la población; sostienen que la mejor forma de ayudar al pueblo es fijar los precios de la canasta básica, limitar o prohibir las exportaciones y repartir dinero a la gente para que salga de la pobreza; creen que hay que decidir el valor de los intereses y establecer el control de cambios: son la nueva oleada de políticos latinoamericanos que ya detentan el poder en Venezuela, Bolivia y Argentina, que pronto podrán tenerlo en Perú y tal vez en Nicaragua o Ecuador.
La famosa crisis de la deuda de los años ochenta no se produjo por la rapacidad de unos bancos que nos "obligaron" a tomar enormes préstamos sino porque las políticas que seguían llevaron a la bancarrota a los gobiernos: las empresas públicas producían poco y prestaban servicios de mala calidad, mientras acumulaban inmensas deudas; los subsidios generalizados y el aumento incesante del empleo público -utilizado como recompensa para los partidarios del gobernante- creaban déficit imposibles de manejar; crecía el desempleo y la inflación había llegado, en varios países (precisamente en Perú, Argentina, Bolivia y Nicaragua) a multiplicar los precios varios centenares de veces en un año.
Las reformas que se hicieron, aunque tímidas y a veces mal orientadas, no fueron impuestas por el Fondo Monetario Internacional, como creen algunos, sino que resultaron inevitables ante economías que habían colapsado por completo. No fue un neoliberalismo salvaje el que creó la desigualdad y la pobreza: las sociedades latinoamericanas han sido siempre pobres y pavorosamente desiguales desde hace muchas décadas y esos problemas no disminuyeron, sino que aumentaron, cuando se cerraron sus economías, se dio importantes privilegios a sindicatos y grupos empresariales locales y se promovió un gasto público desordenado y totalmente ineficaz.
El mismo ciclo, lamentablemente, parece estar reiniciándose ahora en muchos países y no dudamos que los resultados volverán a ser los mismos: más pobreza, más desigualdad y un futuro de crisis que arrojará por la borda el poco crecimiento conseguido en estos años. Lo peor es que ahora, con la nueva democracia tipo chavista que se está extendiendo por el continente, no tendremos siquiera la posibilidad de cambiar de gobernantes por la vía pacífica del voto, la que sirviera en su momento para arrojar del poder a los Alfonsín, los Siles Zuazo, los Daniel Ortega y los Alan García. Nuestro futuro, si seguimos así, se parecerá cada vez más al de Cuba, que en medio de la miseria soporta la dictadura más larga de la historia.
(*) Doctor en ciencias sociales y profesor de la Universidad Francisco Marroquín.
www.aipenet.com

En cambio, para el constitucionalista, Humberto E. Ricord debería motivarnos el libro nacional y las informaciones de nuestra realidad y del nacionalismo panameño.
Ricord cree que la gran cantidad de libros extranjeros nos perjudica por la escasa venta de la obra panameña. "En la última Feria Internacional del Libro se dio mucho espacio y propaganda al libro extranjero".
En cuanto a preferencias, la Biblia sigue en un sitial singular, según dio a conocer Guillermo Herrera, presidente de la Sociedad Bíblica de Panamá.
Herrera señaló que la sociedad se dedica a promover la lectura de la Biblia en todas sus acepciones. La Sociedad Bíblica de Panamá forma parte de una organización mundial que surgió hace más de 200 años en Inglaterra.
Todo empezó cuando una niña quería leer la Biblia y no la podía obtener, lo que llevó a un grupo de religiosos a buscar la forma de que el libro sagrado estuviera al alcance del mundo.
El movimiento salió del Reino Unido y recibió el nombre de Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, pero posteriormente se conoció como Sociedades Bíblicas Unidas con sede en Reading, Inglaterra, añadió Herrera.
Aclaró que no es una entidad religiosa, no es una iglesia, es una entidad sin fines de lucro que se dedica a la distribución, promoción de la lectura y estudio de la Biblia con el propósito primordial de poner el libro sagrado al alcance de todos con precios accesibles, traducción de los textos originales a diferentes idiomas y distribución correcta.
Herrera explicó que algunos sectores no religiosos e inclusive algunas iglesias ordenan la confección de biblias y ubican estos libros según les convenga, pero al final el contenido es el mismo.
Actualmente la sociedad está presente en 360 países del mundo.

101 años de Panamá América

 
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