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¡Ay Dios mío, Roberto!


Eso fue lo que exclamé cuando terminé de leer el escrito de mi amigo Roberto N. Méndez, "No sólo los fanáticos adversan la teoría sobre la evolución" en el cual trató de refutar mi artículo sobre el trasfondo político de la oposición del cardenal Schönborn a la teoría evolucionaría de Darwin ("El caso del cardinal incauto", Panamá América, 26 de julio 2005).
La interpretación que mi amigo hizo de las referencias que cité y la sorprendente conclusión de su escrito me hicieron entender que mi amigo armó su argumento en base a un prejuicio personal: "Mi posición es que la tesis neo-darwinista al respecto de la evolución de las especies (al igual que su hermana, la teoría de la "gran explosión" que da origen al universo) no es más que una teoría no demostrada y, lo que es mucho peor, que es una teoría que contradice la razón y la experiencia científica. Por esta razón no sólo considero que carece de fundamento sino que es absurda" (Panamá América, 4 de agosto 2005).
"¡Ay Dios mío, Roberto!", exclamé porque de un plumazo mi amigo había descartado los más importantes avances científicos hasta la fecha. Pensando en la enorme cantidad de artículos, libros y hasta videos que biólogos, paleontólogos, astrónomos, geólogos y otros científicos brillantes han producido sobre experimentos y descubrimientos reales que sustentan no sólo dichas teorías sino también la evolución del mismo globo terráqueo, me acordé del dicho, "No hay peor ciego que el que no quiere ver". Seguidamente me pregunté: "¿Qué hago? Si no respondo, los lectores de este diario creerán que no pueden confiar en mí. Pero por otra parte, ¿cómo voy a dejar mal a un compañero en la lucha contra la dictadura, a un amigo por el cual siento admiración y respeto?".
Que Roberto N. Méndez tenga una opinión contraria a teorías que son la base de la ciencia contemporánea no debe restar del hecho que merece ser reconocido como patriota. Siendo estudiante del Colegio Javier, por protestar contra la dictadura de los militares y sus socios civiles cuando desapareció el padre Gallego, los gorilas le propinaron una golpiza brutal. Pero los golpes no lograron doblegarlo. Economista y profesor universitario, Roberto N. Méndez tiene a su haber no sólo el ejemplo de valentía que dio en su juventud. Terco e incapaz de claudicar, ha mantenido una larga y activa trayectoria en la defensa de sus principios y el bienestar de la Patria.
No obstante, los hechos que relaté en mi artículo son ciertos. El cardenal Schönborn escribió el artículo contra de la teoría de la evolución que fue publicado por el New York Times a instancias de Mark Ryland, un católico perteneciente al Discovery Institute, institución que pretende echar por tierra la teoría evolucionaria y es financiada por el multimillonario Howard F. Ahmanson Jr. y su esposa Roberta, quienes se proponen establecer un sistema político basado en una versión sui generis de lo que dice la Biblia. Además el artículo fue colocado en ese diario por la agencia publicitaria Creative Response Concepts que representa al Discovery Institute.
Probablemente acordándose del error garrafal que cometió la iglesia cuando la Inquisición condenó a Galileo Galilei por aseverar que la tierra gira alrededor del sol, tres eminentes científicos de Estados Unidos, dos de ellos católicos, han pedido formalmente a Benedicto XVI que esclarezca la posición de la iglesia en relación con el escrito del cardenal Schönborn. Dichos científicos aseguraron que es de vital importancia que la iglesia Católica no vaya a crear nuevamente una brecha entre el método científico y la creencia religiosa (Internacional Herald Tribune, 14 de julio 2005).
Fortalece mi argumento de que la jerarquía católica muestra una alarmante tendencia a incurrir abiertamente en el terreno político de Estados Unidos, la reciente declaración del presidente Bush a favor del bando anti-evolucionario de los fundamentalistas que apoyan a Bush, bando en el cual se ha colocado el cardenal Schönborn. Ya el año pasado antes de las elecciones, varios obispos objetaron públicamente al candidato presidencial John Kerry por su posición en relación al aborto y amenazaron con excomunicar a los católicos que votaran por Kerry. Así contribuyeron a la victoria del candidato Bush.
La tendencia de la jerarquía católica a incurrir en el terreno político debe alertar a los panameños al hecho de que, si es ratificado el acuerdo con la Santa Sede sobre el ordinariato de la Fuerza Pública, es posible que en determinada campaña electoral los miembros de la Fuerza Pública se vean sometidos a fuertes presiones por parte de una poderosa influencia político-religiosa dentro de su propia institución. Problemas suficientes tenemos. No debemos añadir otro.

101 años de Panamá América

 
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