Aznar: no a la reelección
El gesto de José María Aznar es mucho más importante si consideramos que hará mutis por el foro dejando una España muy distinta a la que recibió de los socialistas, vale decir en posición ascendente desde el punto de vista económico, y políticamente cohesionada, no obstante la violencia subversiva de la banda terrorista ETA, a la que ha enfrentado con energía y decisión en sus períodos gubernamentales.
Por ejemplo, gracias a las medidas adoptadas por el gobierno de Aznar la incorporación del euro al torrente monetario español se desenvuelve sin traumas ni dislocaciones gracias a que la peseta previamente había profundizado su integración económica a los países de la comunidad europea, tal como lo ha conseguido el país en otras instancias del abanico integracionista.
Después de los excesos reeleccionistas del ex presidente Felipe González, quien se mantuvo en el poder por un lapso de 18 años continuos, Aznar reacciona con tino y realismo. El continuismo engendró la corrupción en las filas del Partido Socialista Obrero Español, minado por escándalos de malos manejos financieros de jerarcas civiles y militares y por el nepotismo. Fueron éstas y otras causas las que provocaron el rechazo de los españoles del PSOE y el ingreso al poder del Partido Popular, encabezado por el entonces muy joven José María Aznar. A la lucidez política de Aznar y el equipo de ideólogos del PP se atribuye también su distanciamiento gradual pero firme de las líneas modernistas del franquismo y su aproximación al social- cristianismo, tratando de conciliar los mecanismos de la economía de mercado con la preservación de los derechos de la persona humana y la búsqueda final de una economía social de mercado.
Es dentro de un contexto de apertura política incompatible con los vicios tradicionales del caudillismo continuista que imperaron en España antes y después de la II República y del franquismo, que debemos destacar la actitud anticontinuista de Aznar. Su gesto trasciende las fronteras ideológicas españolas y se proyecta a los países de Iberoamérica, donde los políticos se perpetúan, ya en la Presidencia de la República, ya en los parlamentos, en la función pública en general. En Panamá, verbigracia, aunque la Constitución prohíbe la reelección presidencial inmediata, el reeleccionismo subsiste sin límites constitucionales en la Asamblea Legislativa, donde por años las mismas personas ocupan los mismos curules sin otro beneficio que las ventajas personales de los continuistas profesionales por salarios y las sinecuras deploradas por la sociedad civil. El reeleccionismo legislativo es una lacra de antigua data en la república panameña, donde prevalecen las ambiciones personales y el desprendimiento político es una desconocida virtud.
Por ejemplo, gracias a las medidas adoptadas por el gobierno de Aznar la incorporación del euro al torrente monetario español se desenvuelve sin traumas ni dislocaciones gracias a que la peseta previamente había profundizado su integración económica a los países de la comunidad europea, tal como lo ha conseguido el país en otras instancias del abanico integracionista.
Después de los excesos reeleccionistas del ex presidente Felipe González, quien se mantuvo en el poder por un lapso de 18 años continuos, Aznar reacciona con tino y realismo. El continuismo engendró la corrupción en las filas del Partido Socialista Obrero Español, minado por escándalos de malos manejos financieros de jerarcas civiles y militares y por el nepotismo. Fueron éstas y otras causas las que provocaron el rechazo de los españoles del PSOE y el ingreso al poder del Partido Popular, encabezado por el entonces muy joven José María Aznar. A la lucidez política de Aznar y el equipo de ideólogos del PP se atribuye también su distanciamiento gradual pero firme de las líneas modernistas del franquismo y su aproximación al social- cristianismo, tratando de conciliar los mecanismos de la economía de mercado con la preservación de los derechos de la persona humana y la búsqueda final de una economía social de mercado.
Es dentro de un contexto de apertura política incompatible con los vicios tradicionales del caudillismo continuista que imperaron en España antes y después de la II República y del franquismo, que debemos destacar la actitud anticontinuista de Aznar. Su gesto trasciende las fronteras ideológicas españolas y se proyecta a los países de Iberoamérica, donde los políticos se perpetúan, ya en la Presidencia de la República, ya en los parlamentos, en la función pública en general. En Panamá, verbigracia, aunque la Constitución prohíbe la reelección presidencial inmediata, el reeleccionismo subsiste sin límites constitucionales en la Asamblea Legislativa, donde por años las mismas personas ocupan los mismos curules sin otro beneficio que las ventajas personales de los continuistas profesionales por salarios y las sinecuras deploradas por la sociedad civil. El reeleccionismo legislativo es una lacra de antigua data en la república panameña, donde prevalecen las ambiciones personales y el desprendimiento político es una desconocida virtud.