Bajas calificaciones
¿Por qué la mayoría de los encuestados le pone bajas calificaciones al gobierno en su conjunto (órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial)?. La tendencia general en Panamá y la región en la que nos encontramos, es a expresar un bajo apoyo específico al desempeño de la democracia, aunque aún prevalecen niveles superiores - no eternos- de apoyo difuso al sistema.
La valoración del desempeño parece venir más bien de un balance subjetivo, como resultado de la comparación que hace la población de las expectativas generadas en el momento electoral (1999), con la percepción que ella tiene del cumplimiento de esas expectativas en el momento de la encuesta. No existen elementos para afirmar que existe un balance objetivo, producto del desempeño real de las instituciones de gobierno, en términos de la calidad o cantidad de sus logros efectivos, en un período determinado. Esta desilusión con el desempeño de la democracia es una expresión de la pérdida de centralidad de la política, y de una decepción cada vez más profunda producto de la percepción creciente de una realidad caracterizada por "la fragmentación política, el clientelismo, el caudillismo, la ausencia de partidos democráticos, el cambio de bando, los proyectos políticos personalistas, la ausencia de programas y de reglas del juego internas, y otros males, que son el pan de cada día... (Pedro Santana)
La mala nota expresa la percepción que el saldo actual que arroja el gobierno en su conjunto es negativo, proyectando el descontento ante la ineficacia de los políticos en solucionar problemas básicos que afectan a la gente, en consultar y dar participación a la población más allá del juego electoral. Subyace irritación respecto a una democracia formalista con pocos espacios de participación ciudadana, y la ineficacia de las acciones gubernamentales para resolver los problemas que afectan a la población.
El Estado posee cada vez menos capacidad de respuesta, producto del adelgazamiento en su capacidad de generar políticas públicas, como producto de los ajustes económicos y la falta de eficacia en la utilización del gasto social. Además, el debilitamiento de la economía deteriora las condiciones de vida y limita la capacidad de movilidad social.
Lo grave del asunto es que ningún órgano del Estado o partido se escapa de esta situación en la medida que son penalizados todos los poderes del Estado, y al mismo tiempo es preocupante, pues la impugnación puede algún día volcarse sobre la democracia, abriendo la puerta a la búsqueda de salidas autoritarias. Según Huntington, deben existir tres condiciones funcionales para construir sostenibilidad democrática: una cultura política democrática, un desarrollo del marco institucional y legal, y un consenso mayoritario sobre el proyecto nacional inclusivo, que debe ser una visión de desarrollo para el país, compartida por la mayoría de la población. El nivel de especificación de esta visión es diferente para la elite que para el conjunto de la población. El proyecto es inclusivo si con el desarrollo económico mejoran efectivamente las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población. Nuestra cultura política es débil, nuestro marco institucional legal es precario y somos huérfanos de un proyecto incluyente.
El diálogo nacional en curso es una buena oportunidad para comenzar a cambiar estas percepciones que el público panameño tiene del gobierno en su conjunto y de los/las políticos(as). Eso sí, siempre y cuando se produzcan acuerdos nacionales de fondo, que respondan a las aspiraciones y necesidades de la población, y no se quede en pactos políticos de interesadas conveniencias. ¿Cuál cree Ud. que será el resultado? (raulleisr@hotmail.com)
La valoración del desempeño parece venir más bien de un balance subjetivo, como resultado de la comparación que hace la población de las expectativas generadas en el momento electoral (1999), con la percepción que ella tiene del cumplimiento de esas expectativas en el momento de la encuesta. No existen elementos para afirmar que existe un balance objetivo, producto del desempeño real de las instituciones de gobierno, en términos de la calidad o cantidad de sus logros efectivos, en un período determinado. Esta desilusión con el desempeño de la democracia es una expresión de la pérdida de centralidad de la política, y de una decepción cada vez más profunda producto de la percepción creciente de una realidad caracterizada por "la fragmentación política, el clientelismo, el caudillismo, la ausencia de partidos democráticos, el cambio de bando, los proyectos políticos personalistas, la ausencia de programas y de reglas del juego internas, y otros males, que son el pan de cada día... (Pedro Santana)
La mala nota expresa la percepción que el saldo actual que arroja el gobierno en su conjunto es negativo, proyectando el descontento ante la ineficacia de los políticos en solucionar problemas básicos que afectan a la gente, en consultar y dar participación a la población más allá del juego electoral. Subyace irritación respecto a una democracia formalista con pocos espacios de participación ciudadana, y la ineficacia de las acciones gubernamentales para resolver los problemas que afectan a la población.
El Estado posee cada vez menos capacidad de respuesta, producto del adelgazamiento en su capacidad de generar políticas públicas, como producto de los ajustes económicos y la falta de eficacia en la utilización del gasto social. Además, el debilitamiento de la economía deteriora las condiciones de vida y limita la capacidad de movilidad social.
Lo grave del asunto es que ningún órgano del Estado o partido se escapa de esta situación en la medida que son penalizados todos los poderes del Estado, y al mismo tiempo es preocupante, pues la impugnación puede algún día volcarse sobre la democracia, abriendo la puerta a la búsqueda de salidas autoritarias. Según Huntington, deben existir tres condiciones funcionales para construir sostenibilidad democrática: una cultura política democrática, un desarrollo del marco institucional y legal, y un consenso mayoritario sobre el proyecto nacional inclusivo, que debe ser una visión de desarrollo para el país, compartida por la mayoría de la población. El nivel de especificación de esta visión es diferente para la elite que para el conjunto de la población. El proyecto es inclusivo si con el desarrollo económico mejoran efectivamente las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población. Nuestra cultura política es débil, nuestro marco institucional legal es precario y somos huérfanos de un proyecto incluyente.
El diálogo nacional en curso es una buena oportunidad para comenzar a cambiar estas percepciones que el público panameño tiene del gobierno en su conjunto y de los/las políticos(as). Eso sí, siempre y cuando se produzcan acuerdos nacionales de fondo, que respondan a las aspiraciones y necesidades de la población, y no se quede en pactos políticos de interesadas conveniencias. ¿Cuál cree Ud. que será el resultado? (raulleisr@hotmail.com)