Bajo el terror y la violencia
El incremento de la violencia con su secuela de crímenes, asaltos a mano armada, secuestros, drogas y delincuencia juvenil, continúa en aumento provocando intranquilidad y temor en el seno de la sociedad panameña.
El hambre y el desempleo parecen ser causales de esta dura realidad, como también los malos programas que se proyectan en algunos canales de televisión que constituyen mensajes negativos para el fortalecimiento de nuestros valores éticos y morales de nuestra sociedad que está demandando, con urgencia, controles para evitar que se siga haciendo daño a la formación de nuestra niñez y juventud.
Día tras día se suceden casos de violencia con pérdida de vidas que causan luto y dolor a hogares panameños que claman por una más efectiva labor y protección de parte de la Policía Nacional y la PTJ, instituciones que pese a los esfuerzos que están realizando, aún no logran aminorar tales hechos delictivos.
Los panameños, en su gran mayoría, se abstienen de salir a la calle en horas de la noche por temor a los frecuentes atentados que se dan y existe gran preocupación por esta violencia que se registra en todo el territorio nacional.
Tal situación afecta el normal desarrollo económico del país, porque son muchos los inversionistas nacionales y extranjeros que se sienten atemorizados por la inseguridad y por la falta de un ambiente apropiado para el trabajo productivo. De ahí la urgencia de que el gobierno intensifique esfuerzos contra el narcotráfico, que está haciendo dañando a los adolescentes; contra el hampa y la exagerada cantidad de armas de todo calibre que, clandestinamente, están en en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos para el crimen.
La violencia que se registra en la república está demandando, con urgencia, la organización de un frente común para que pueblo y gobierno en una cruzada contra el vicio, el crimen y la droga, logren la paz y la tranquilidad que la familia panameña está necesitando.
La seguridad y protección de vida y bienes de los asociados es una prioridad de todo programa de gobierno que aspira una sociedad rica en valores morales e incentivar para el trabajo y desarrollo de la nación. Tal realidad en nuestro medio exige que todas las instituciones del Estado, en especial del Ministerio de Gobierno y Justicia a través de la Policía Nacional y la PTJ, continúe redoblando esfuerzos para ir acabando con el cáncer de la droga que ha degenerado en una lucha sin cuartel y en el peligro número uno para el futuro del país.
Desde hace algún tiempo la sociedad ha estado resintiendo la ausencia de tranquilidad y de una seguridad pública, de un clima de paz para el trabajo constructivo. El temor y la angustia se han apoderado de los panameños, porque la amenaza de la violencia y el crimen están presente para hacer daño a la vida y bienes de los asociados. La Policía pareciera impotente para cortar este grave mal. La colaboración de una comunidad organizada es inaplazable a fin de lograr éxitos en esta dura tarea de protección contra los robos, crímenes y asaltos.
Urge que los medios de comunicación, especialmente canales de televisión, sean más conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan a los panameños programas que contribuyan al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de nuestros valores humanos y al robustecimiento de una familia que, en la mayoría de los casos, no está en condiciones de orientar a niños y jóvenes que hoy se ven envueltos en esta ola de violencia que crece vertiginosamente en la nación.
El hambre y el desempleo parecen ser causales de esta dura realidad, como también los malos programas que se proyectan en algunos canales de televisión que constituyen mensajes negativos para el fortalecimiento de nuestros valores éticos y morales de nuestra sociedad que está demandando, con urgencia, controles para evitar que se siga haciendo daño a la formación de nuestra niñez y juventud.
Día tras día se suceden casos de violencia con pérdida de vidas que causan luto y dolor a hogares panameños que claman por una más efectiva labor y protección de parte de la Policía Nacional y la PTJ, instituciones que pese a los esfuerzos que están realizando, aún no logran aminorar tales hechos delictivos.
Los panameños, en su gran mayoría, se abstienen de salir a la calle en horas de la noche por temor a los frecuentes atentados que se dan y existe gran preocupación por esta violencia que se registra en todo el territorio nacional.
Tal situación afecta el normal desarrollo económico del país, porque son muchos los inversionistas nacionales y extranjeros que se sienten atemorizados por la inseguridad y por la falta de un ambiente apropiado para el trabajo productivo. De ahí la urgencia de que el gobierno intensifique esfuerzos contra el narcotráfico, que está haciendo dañando a los adolescentes; contra el hampa y la exagerada cantidad de armas de todo calibre que, clandestinamente, están en en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos para el crimen.
La violencia que se registra en la república está demandando, con urgencia, la organización de un frente común para que pueblo y gobierno en una cruzada contra el vicio, el crimen y la droga, logren la paz y la tranquilidad que la familia panameña está necesitando.
La seguridad y protección de vida y bienes de los asociados es una prioridad de todo programa de gobierno que aspira una sociedad rica en valores morales e incentivar para el trabajo y desarrollo de la nación. Tal realidad en nuestro medio exige que todas las instituciones del Estado, en especial del Ministerio de Gobierno y Justicia a través de la Policía Nacional y la PTJ, continúe redoblando esfuerzos para ir acabando con el cáncer de la droga que ha degenerado en una lucha sin cuartel y en el peligro número uno para el futuro del país.
Desde hace algún tiempo la sociedad ha estado resintiendo la ausencia de tranquilidad y de una seguridad pública, de un clima de paz para el trabajo constructivo. El temor y la angustia se han apoderado de los panameños, porque la amenaza de la violencia y el crimen están presente para hacer daño a la vida y bienes de los asociados. La Policía pareciera impotente para cortar este grave mal. La colaboración de una comunidad organizada es inaplazable a fin de lograr éxitos en esta dura tarea de protección contra los robos, crímenes y asaltos.
Urge que los medios de comunicación, especialmente canales de televisión, sean más conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan a los panameños programas que contribuyan al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de nuestros valores humanos y al robustecimiento de una familia que, en la mayoría de los casos, no está en condiciones de orientar a niños y jóvenes que hoy se ven envueltos en esta ola de violencia que crece vertiginosamente en la nación.