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Balance político


La reunión del disidente arnulfista, Alberto Vallarino, con la presidenta Moscoso a finales de año, aun en plena crisis derivada del citado conflicto, constituyó todo un acontecimiento. Hasta ese momento, la mandataria no había permitido que ningún árbol creciera bajo su sombra y, en ese sentido, el encuentro envió al país y sobre todo a su partido, señales definitivas de que la líder máxima aceptaba a Vallarino como aspirante presidencial.
La incomodidad de otros potenciales aspirantes arnulfistas se hizo evidente. El vicepresidente arnulfista, Germán Vergara, aclaró que no "había ungidos", mientras que los ministros y potenciales precandidatos, Víctor Juliao y José Miguel Alemán, se esmeraron en reiterar, cada uno por su lado, sus propias pretensiones. De cualquier modo, el equipo de Vallarino no ocultó su regocijo al emerger con clara ventaja, estimándose que con sólo lograr la neutralidad de Moscoso y su color morado, se alzará con la candidatura presidencial oficialista. De paso, quedó claro que Vallarino no encabezará esta vez una tercera opción, consolidándose la noción del bipartidismo y la polarización de fuerzas en dos grandes bloques, lo cual podría fortalecer el abstencionismo.
Pese a lo anterior, el camino por recorrer es largo y complicado para Vallarino.
Sus allegados resumen su actual dilema con la curiosa expresión: "estar cerca del gobierno, pero lejos del poder", cerca para mantener beligerancia dentro del gobierno y la alianza oficialista, y lejos para no hundirse con el acelerado desgaste que experimenta. En ese sentido, su célula parlamentaria "saltamontes" fue decisiva para que Moscoso le ganara el pulso a la oposición por la ratificación de los magistrados. El visto bueno de la mandataria, le permite, sin embargo, ir preparando a sus 15 mil adherentes del Partido Popular para migrar hacia en arnulfismo y poner a tono su aparato electoral nacional para doblar el número y vencer a cualquier adversario que le salga al paso.
Por los lados del mayor partido de oposición, el PRD, la situación es crítica. El liderazgo de su Secretario General y principal figura presidencial, Martín Torrijos, ha quedado muy dañada tras la dolorosa derrota, y escisión legislativa resultante, que le infligió Moscoso con la ratificación de los nuevos magistrados.
En las sombras, se mueve a paso firme Juan Carlos Navarro, el alcalde capitalino, quien a baja voz ha dicho que derrotará a Torrijos en las primarias y hará igual con Alberto Vallarino en el 2004. Su historial de invencible no ha sido roto hasta ahora, y merece ser tomado en serio, sobre todo si se le acompaña con figuras de arraigo popular en San Miguelito y Colón, y del interior, como fórmula electoral. Navarro tiene la singular habilidad de moverse con igual destreza y ganar aceptación en todas las capas sociales, pero no ha trabajado San Miguelito y al interior.
Si nos permitiéramos hacer una proyección hacia el 2004, vemos a Alberto Vallarino y a Juan Carlos Navarro disputarse la presidencia de la República a la cabeza de dos grandes alianzas. Nunca antes habremos presenciado una final más estrecha ni una campaña más costosa y disputada, digna de la primera elección del nuevo siglo.


101 años de Panamá América

 
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