Banda de ladrones
Está mal visto que un gobernante exprese su pensamiento con total honestidad. Días atrás el presidente de Uruguay, Jorge Batlle, dijo que los políticos argentinos son "una banda de ladrones del primero al último" y que "el idioma que hablan no se escucha en ningún lado del mundo".
"Duhalde -aseguró- no tiene apoyo político y no sabe a dónde va". Algunos argentinos se sintieron ofendidos, pero no podrán negar la realidad de sus expresiones. Es la pura verdad.
El presidente Batlle, sin duda alguna, faltó al protocolo que rige las relaciones entre los Estados, aunque no hay error en su análisis. El presidente Duhalde, no sólo es incapaz, sino que carece del apoyo político necesario porque no fue electo por el pueblo. No tiene la legitimidad que reclama el difícil momento. La revista The Economist considera que Duhalde debe renunciar, pues se ha mostrado demasiado débil para realizar los cambios que requiere la Argentina.
En cinco meses de gobierno, aún no tiene un programa económico creíble. Y para cumplir exigencias del FMI debió amenazar a sus partidarios con renunciar si no apoyaban los cambios.
En la Argentina no hay signos de recuperación. Por el contrario, la situación sigue empeorando. El sistema financiero y bancario está en ruinas y el gobierno no ha decidido qué hacer con los depósitos congelados en el "corralito". Nadie quiere cargar con el costo político de una solución que será impopular e implicará sacrificios, tales como la reducción de funcionarios y licuación de ahorros. Las provincias siguen agrandando el enorme déficit fiscal. El desempleo está cerca del 25%. El país que era el más rico de América Latina tiene ahora la mitad de su población sumida en la pobreza. Los políticos han puesto a la Argentina entre los países más corruptos del mundo.
Pero lo más asombroso de lo que dijo Batlle es que sus declaraciones se aplican, palabra por palabra, al Paraguay y nuestros políticos. Aunque no es cierto que todos los políticos sean ladrones, muchos lo son. Al igual que Duhalde, el presidente paraguayo González Macchi no fue electo por el pueblo y es obvio que "no tiene apoyo político y no sabe a dónde va". Además, repetidas veces amenazó a sus partidarios con renunciar. La política económica del gobierno paraguayo tampoco tiene rumbo. No hay un programa de reactivación ni un equipo técnico capaz de llevarlo adelante y la corrupción es incluso mayor que en la Argentina.
El Paraguay sufre desgracias parecidas a la Argentina y sigue sus pasos hacia la violencia y el caos. El gasto político también es excesivo y se dilapida en el pago de salarios, prebendas y privilegios. El déficit fiscal se financia con endeudamiento, se corre el riesgo de incumplir la deuda, las reservas están agotadas y el guaraní se ha devaluado drásticamente en los últimos meses. La producción se ha paralizado y se multiplican los cierres de rutas y manifestaciones violentas.
222Aunque no es cierto que todos los políticos sean ladrones, muchos lo son. Al igual que Duhalde, el presidente paraguayo González Macchi no fue electo por el pueblo...
Paraguay arrastra seis años de recesión y Argentina cuatro. La creciente inseguridad ahuyentó del país gran parte del ahorro, deprimiendo aún más la inversión. Unas pocas corridas de bancos podrían bastar para que el gobierno declare un feriado bancario y durante el mismo sancione una ley de emergencia que establezca un "corralito" a los ahorros y la nacionalización de los depósitos en dólares (60% del ahorro). No ingresan nuevas inversiones al país porque el gobierno suspendió las privatizaciones y la reforma del Estado.
Pero lo que es más alarmante, los políticos paraguayos también tienen un discurso estatista y populista que según Batlle ya "no se escucha en ningún lado del mundo" y que no ofrece esperanza alguna de encontrar una solución futura a la crisis económica, sino más bien presagia un prolongado decaimiento socialista. Es difícil imaginar que de la creciente politización de la sociedad pueda resultar una mayor libertad económica, la reforma y achicamiento del Estado, la privatización de las empresas estatales y la apertura de los mercados, condiciones esenciales para el progreso del país.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com
"Duhalde -aseguró- no tiene apoyo político y no sabe a dónde va". Algunos argentinos se sintieron ofendidos, pero no podrán negar la realidad de sus expresiones. Es la pura verdad.
El presidente Batlle, sin duda alguna, faltó al protocolo que rige las relaciones entre los Estados, aunque no hay error en su análisis. El presidente Duhalde, no sólo es incapaz, sino que carece del apoyo político necesario porque no fue electo por el pueblo. No tiene la legitimidad que reclama el difícil momento. La revista The Economist considera que Duhalde debe renunciar, pues se ha mostrado demasiado débil para realizar los cambios que requiere la Argentina.
En cinco meses de gobierno, aún no tiene un programa económico creíble. Y para cumplir exigencias del FMI debió amenazar a sus partidarios con renunciar si no apoyaban los cambios.
En la Argentina no hay signos de recuperación. Por el contrario, la situación sigue empeorando. El sistema financiero y bancario está en ruinas y el gobierno no ha decidido qué hacer con los depósitos congelados en el "corralito". Nadie quiere cargar con el costo político de una solución que será impopular e implicará sacrificios, tales como la reducción de funcionarios y licuación de ahorros. Las provincias siguen agrandando el enorme déficit fiscal. El desempleo está cerca del 25%. El país que era el más rico de América Latina tiene ahora la mitad de su población sumida en la pobreza. Los políticos han puesto a la Argentina entre los países más corruptos del mundo.
Pero lo más asombroso de lo que dijo Batlle es que sus declaraciones se aplican, palabra por palabra, al Paraguay y nuestros políticos. Aunque no es cierto que todos los políticos sean ladrones, muchos lo son. Al igual que Duhalde, el presidente paraguayo González Macchi no fue electo por el pueblo y es obvio que "no tiene apoyo político y no sabe a dónde va". Además, repetidas veces amenazó a sus partidarios con renunciar. La política económica del gobierno paraguayo tampoco tiene rumbo. No hay un programa de reactivación ni un equipo técnico capaz de llevarlo adelante y la corrupción es incluso mayor que en la Argentina.
El Paraguay sufre desgracias parecidas a la Argentina y sigue sus pasos hacia la violencia y el caos. El gasto político también es excesivo y se dilapida en el pago de salarios, prebendas y privilegios. El déficit fiscal se financia con endeudamiento, se corre el riesgo de incumplir la deuda, las reservas están agotadas y el guaraní se ha devaluado drásticamente en los últimos meses. La producción se ha paralizado y se multiplican los cierres de rutas y manifestaciones violentas.
222Aunque no es cierto que todos los políticos sean ladrones, muchos lo son. Al igual que Duhalde, el presidente paraguayo González Macchi no fue electo por el pueblo...
Paraguay arrastra seis años de recesión y Argentina cuatro. La creciente inseguridad ahuyentó del país gran parte del ahorro, deprimiendo aún más la inversión. Unas pocas corridas de bancos podrían bastar para que el gobierno declare un feriado bancario y durante el mismo sancione una ley de emergencia que establezca un "corralito" a los ahorros y la nacionalización de los depósitos en dólares (60% del ahorro). No ingresan nuevas inversiones al país porque el gobierno suspendió las privatizaciones y la reforma del Estado.
Pero lo que es más alarmante, los políticos paraguayos también tienen un discurso estatista y populista que según Batlle ya "no se escucha en ningún lado del mundo" y que no ofrece esperanza alguna de encontrar una solución futura a la crisis económica, sino más bien presagia un prolongado decaimiento socialista. Es difícil imaginar que de la creciente politización de la sociedad pueda resultar una mayor libertad económica, la reforma y achicamiento del Estado, la privatización de las empresas estatales y la apertura de los mercados, condiciones esenciales para el progreso del país.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com