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Barbarie o el derecho a decir ¡no a la guerra!


Escribió José Ortega y Gasset en su obra "La Rebelión de las Masas" que "la barbarie es ausencia de normas y de posible apelación". Manifestaba que "la civilización no es otra cosa que el ensayo de reducir la fuerza a ultima ratio."
En la guerra en Irak, la barbarie se ha lanzado, a pesar del rechazo de la mayor parte de la comunidad y de la opinión pública internacional. En efecto, la intervención militar se desarrolla con todas sus manifestaciones de destrucción, sangre y rabia. La guerra es comprensible sólo si aceptamos que ella se ha convertido en la única vía, en la prima ratio de la resolución de los conflictos, lo cual es lamentable por su discrecionalidad y por la frecuente ausencia de justeza. Ello sugiere que la fuerza ha sustituido nuevamente al Derecho Internacional, por lo que, al decir de Ortega y Gasset, ahora "es ella la norma que propone la anulación de toda norma, que suprime todo intermedio entre nuestro propósito y su imposición. Es la Charta Magna de la barbarie".
La guerra ha sido objeto de rechazo. Ejemplo de ello lo constituyó Francia que, sin ambages, ha sostenido que nada justifica, en las circunstancias actuales, el renunciar al proceso de inspecciones y de recurrir al uso de la fuerza, fuera del marco de las Naciones Unidas. Basados en sus convicciones y en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas, Francia ha estimado, en palabras de su presidente Jacques Chiraq (discurso del 18 de marzo de 2003) que "sólo se puede recurrir a la fuerza en última instancia, cuando se hayan agotado todas las demás opciones."
En contra partida, la intolerancia, se ha manifestado con la reciente ola de "francofobia" de algunos que han expuesto su hermetismo intelectual y su limitada visión del mundo, olvidando que ellos son causa y efecto, y que Estados Unidos (EU) es el primer cliente petrolero iraquí con el 40,9% de las exportaciones. Tal reacción es irracional, tanto por la carencia de argumentos, como en la historia. No falta más que recordar los hechos. Los argumentos franceses no se dirigen a atacar a EU, sino a defender el orden internacional y el valor de sus instituciones, sus posiciones se inspiran en sus propias concepciones morales e ideológicas y en el análisis de las consecuencias de sus acciones y no en una posición antiestadounidense.
Desde el punto de vista histórico, cabe recordar que en los hechos, EU no existiría sin Francia. Desde 1776, cuando Benjamín Franklin reclamó el apoyo francés para su causa ante el Rey Luis XVI, quien lo otorgó gracias a la intervención del Marqués de Lafayette, siendo nombrado luego como "Comandante de la Revolución"; la ayuda francesa salvó a Jorge Washington de la derrota en 1777, en Morristown; en 1778, la firma del Tratado de Amistad y Comercio garantizó la protección francesa a la recién nacida nación, lo que supuso la declaratoria de guerra entre Francia e Inglaterra.
Numerosas fueron las intervenciones francesas en la guerra de independencia norteamericana, como la realizada por la flota de Francia en el puerto de Nueva York, comandados por el antepasado del expresidente Valery Giscard d"Estaing (Charles Héctor d"Estaing) en 1778; o la efectuada en el puerto de Virginia en 1780, comandados por el almirante De Grasse, quien junto a las fuerzas del Conde de Rochembeau y de Jorge Washington derrotaron al comandante inglés Cornwallis, sellando la independencia. Recordemos que la Estatua de la Libertad en Nueva York representa el obsequio del pueblo francés a EU, para celebrar la relación de amistad profunda entre ellos.
En este marco, es obligatorio mencionar que el presidente francés fue el primer mandatario extranjero en visitar Washington después del 11 de septiembre de 2001 para expresar sus condolencias y su solidaridad en la lucha contra el y terrorismo.
La posición francesa no es una postura fácil ni antojadiza, mucho menos antiestadounidense. Ella representa la manifestación del derecho a la propia autodeterminación y a la libertad, y tal como lo manifestó la ministra francesa de Defensa, Michelle Alliot-Marie, ser aliado y amigo no significa sumisión, es respetar el derecho de señalar cuando se está equivocado y a decir ¡no!. El reconocimiento francés a la ayuda prestada por los norteamericanos en las dos guerras mundiales es sin ambages. Pero ello no significa sometimiento.
Francia nunca ha rehuido sus obligaciones internacionales, como en la primera Guerra del Golfo, donde participó con 10,000 hombres al lado de EU, bajo la bandera de la ONU, o como en los Balcanes, en África, en Afganistán o en Costa de Marfil. Asumir sus responsabilidades es saber cuando decir sí y cuando decir no. Pero, hacer la guerra es el último recurso, la civilización lo requiere; lo contrario es claudicar en la construcción de un mundo más seguro y tolerante, más justo, en paz; pero, sobre todo, ella significa el fracaso de las instituciones internacionales.
Las consecuencias, son impredecibles, esperemos que no lo lamentemos luego. Por ello, mantengamos la dignidad y ejerzamos el derecho inalienable de decir: "¡No a la guerra!"

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