Bases militares, soberanía o retórica chauvinista
En el umbral del nuevo milenio, los panameños nos enfrentamos con el gran reto de "administrar" una de las vías interoceánicas más importantes del orbe, pero muchos se preguntan: ¿Qué pasará con nosotros cuando las bases norteamericanas cierren sus puertas en nuestro territorio?
Unos dicen con gran nacionalismo: "yankees go home", pero no se lleven el dólar. Otros se preguntan: ¿podrán los gobiernos de turno llenar el vacío que las bases suplían? Bueno, esto está por verse.
Por otra parte, surge el resquemor como consecuencia de las amenazas lanzadas por los paramilitares de Colombia contra nuestra integridad nacional, desestabilizando nuestra seguridad en la frontera oriental y no muy lejos en todo el territorio mediante el cual nos obligaría a destinar gran parte de nuestros recursos que son necesarios en otras áreas tan críticas, y por qué no decirlo, que mediante este hecho histórico serviría a algunos como base para incubar el germen más bochornoso y oscuro de nuestra historia republicana.
Creo que es tiempo que nos dejemos de esas retóricas y nimiedades nacionalistas que nada producen y nos sentemos a negociar, de una forma patriótica, lo que más le conviene a nuestro pueblo, porque soberanía no sólo la debemos interpretar como la autoridad suprema de una nación sin el control de otra, ya que si nos basamos en esos términos seremos en poco tiempo más soberanos que grandes naciones como Inglaterra, Italia, Bélgica y Holanda, todas con bases estadounidenses dentro de sus fronteras, claro está, con un beneficio a cambio que también podemos obtener.
Hace poco tiempo, personalidades manifestaron "Que el pueblo no come carreteras" y es muy lógico, sin embargo, sería un craso error pensar que una nación pueda desarrollarse sin buenas vías de comunicación. Además, es del conocimiento de todos que dichas infraestructuras son muy onerosas para dedicarle todos los recursos al existir tanto desbalance en otras áreas sociales
Estoy convencido que es hora de empezar a negociar con una verdadera disposición patriótica nacionalista y no partidista, por el bienestar de las grandes mayorías de nuestro país, mas no verlo como un favor ni mucho menos porque es muestra posición geográfica del completo interés del País del Norte, especialmente para controlar el flagelo de las drogas, que tanto daño le hace a él y a toda la región.
Al negociar las bases dejemos de pensar en los pagos en efectivo al Estado, que como todos sabemos el gobierno que esté de turno no lo destinará donde más se necesita, disipándose en las más altas esferas, o en inversiones y gastos completamente innecesarios.
Señores, negociemos a cambio de su estadía, otro tipo de inversiones como infraestructuras tan necesarias en áreas remotas y de difícil acceso que los gobiernos no están en la capacidad de resolver en corto ni mediano plazo, así el Estado podrá concentrar sus esfuerzos en otros sectores vitales, como: salud, educación, desempleo, justicia y el fortalecimiento de aquella inversión extranjera beneficiosa para nosotros (turismo etc.), mediante la modernización del Estado, eliminando la excesiva burocracia que actualmente existe.
Por otra parte, la política de mercados abiertos, donde nuestros pequeños, medianos, grandes productores e industriales tengan la oportunidad de comerciar con sus bienes sin ningún tipo de restricción (cuotas) a uno de los mercados más grandes de la Tierra. Otro renglón, sería la creación de escuelas de capacitación tecnológica en diversas áreas y el otorgamiento de becas para elevar el conocimiento de actuales y futuros profesionales.
No obstante y para terminar es preciso recordar que el destino de una nación lo decide su pueblo, que es el soberano absoluto y no unos cuantos que en la mayoría de los casos que hemos vivido pasan a la Historia sin dejar un legado digno de recordar a sus futuras generaciones.
Unos dicen con gran nacionalismo: "yankees go home", pero no se lleven el dólar. Otros se preguntan: ¿podrán los gobiernos de turno llenar el vacío que las bases suplían? Bueno, esto está por verse.
Por otra parte, surge el resquemor como consecuencia de las amenazas lanzadas por los paramilitares de Colombia contra nuestra integridad nacional, desestabilizando nuestra seguridad en la frontera oriental y no muy lejos en todo el territorio mediante el cual nos obligaría a destinar gran parte de nuestros recursos que son necesarios en otras áreas tan críticas, y por qué no decirlo, que mediante este hecho histórico serviría a algunos como base para incubar el germen más bochornoso y oscuro de nuestra historia republicana.
Creo que es tiempo que nos dejemos de esas retóricas y nimiedades nacionalistas que nada producen y nos sentemos a negociar, de una forma patriótica, lo que más le conviene a nuestro pueblo, porque soberanía no sólo la debemos interpretar como la autoridad suprema de una nación sin el control de otra, ya que si nos basamos en esos términos seremos en poco tiempo más soberanos que grandes naciones como Inglaterra, Italia, Bélgica y Holanda, todas con bases estadounidenses dentro de sus fronteras, claro está, con un beneficio a cambio que también podemos obtener.
Hace poco tiempo, personalidades manifestaron "Que el pueblo no come carreteras" y es muy lógico, sin embargo, sería un craso error pensar que una nación pueda desarrollarse sin buenas vías de comunicación. Además, es del conocimiento de todos que dichas infraestructuras son muy onerosas para dedicarle todos los recursos al existir tanto desbalance en otras áreas sociales
Estoy convencido que es hora de empezar a negociar con una verdadera disposición patriótica nacionalista y no partidista, por el bienestar de las grandes mayorías de nuestro país, mas no verlo como un favor ni mucho menos porque es muestra posición geográfica del completo interés del País del Norte, especialmente para controlar el flagelo de las drogas, que tanto daño le hace a él y a toda la región.
Al negociar las bases dejemos de pensar en los pagos en efectivo al Estado, que como todos sabemos el gobierno que esté de turno no lo destinará donde más se necesita, disipándose en las más altas esferas, o en inversiones y gastos completamente innecesarios.
Señores, negociemos a cambio de su estadía, otro tipo de inversiones como infraestructuras tan necesarias en áreas remotas y de difícil acceso que los gobiernos no están en la capacidad de resolver en corto ni mediano plazo, así el Estado podrá concentrar sus esfuerzos en otros sectores vitales, como: salud, educación, desempleo, justicia y el fortalecimiento de aquella inversión extranjera beneficiosa para nosotros (turismo etc.), mediante la modernización del Estado, eliminando la excesiva burocracia que actualmente existe.
Por otra parte, la política de mercados abiertos, donde nuestros pequeños, medianos, grandes productores e industriales tengan la oportunidad de comerciar con sus bienes sin ningún tipo de restricción (cuotas) a uno de los mercados más grandes de la Tierra. Otro renglón, sería la creación de escuelas de capacitación tecnológica en diversas áreas y el otorgamiento de becas para elevar el conocimiento de actuales y futuros profesionales.
No obstante y para terminar es preciso recordar que el destino de una nación lo decide su pueblo, que es el soberano absoluto y no unos cuantos que en la mayoría de los casos que hemos vivido pasan a la Historia sin dejar un legado digno de recordar a sus futuras generaciones.