Basta de demagogia
Jamás debemos pretender que somos los dueños de la verdad y los únicos que nos preocupamos por la suerte del país.
Hay que considerar que todos los gobiernos tienen su metodología y sus proyecciones y seguramente quien tenga el poder en democracia tratará de hacer lo mejor ante la vista del público, porque gobernar no sólo es hacer las cosas bien hechas, sino procurar tener la aceptación de los electores, que son los que dirán la última palabra a la hora de las elecciones.
Se tiene la costumbre de hablar mal de todo lo que hace el gobierno de turno, específicamente los que están ubicados en la línea de oposición, sin hacer un análisis sesudo de todo lo que acontece. Cada vez que nos referimos a los adversarios les estamos dando prominencia y actualidad, si hablamos por hablar o escribimos por escribir, como suelen suceder en muchos casos.
Decía el Dr. Arnulfo Arias M. que él no pagaba propaganda política, porque ésta se la hacían sus adversarios y los que tuvimos la suerte de ser sus amigos sabíamos que era parte de su actuar diario.
Estoy de acuerdo con señalar los errores, pero más objetivo sería iniciar campañas para recomendar los correctivos y presentar un plan para evitarlos.
Lo que más conviene es poner la casa en orden. Las luchas intestinas que se vienen suscitando a nivel de los partidos de oposición, son gabelas que se están dando a los grupos en el poder.
¿Por qué han surgido estas luchas? Cuando se llega a la posición cimera en los partidos, los directores se creen irremplazables y actúan irresponsablemente, manteniéndose arriba, sin importarles la suerte que corra su grupo político. Sus asesores que hacen la venia para no perder canonjías, se aprovechan de la ignorancia de muchos de ellos. Además la mayoría de los dirigentes no se han acostumbrado a delegar. Los trabajos en equipo producen muchos beneficios y si se practican, se verán los resultados a todos los niveles.
A la dictadura en los partidos políticos hay que ponerle fin. La era en que tenían dueños pasó a la historia. Los reglamentos establecidos en la Ley Electoral, si se cumplen a cabalidad, permiten ver bien claro que el soberano es el pueblo y no quienes ocupan los cargos directivos. Ejemplo clásico son las elecciones primarias.
Decir por doquier que preocupa la situación del conglomerado es una falacia. El pueblo siempre llevará la carga y recibirá la peor parte.
Procurar conseguir fuentes de trabajo para la población antes que se realicen las elecciones sí es ayuda positiva, tomando en consideración que existen cantidades de capitales inmovilizados, tal vez por la inseguridad para las inversiones.
Es importante realizar un plan agresivo en el cual participen todos los inversionistas que mantienen su capital estancado en los bancos, que bien puede ser mediante la creación de pequeñas y medianas empresas, siempre y cuando se tenga la seguridad que el gobierno les dará la protección necesaria y así se capitalizará gran cantidad de votos independientes, que lógicamente coadyuvará al triunfo de quienes los ayuden.
Hay que considerar que todos los gobiernos tienen su metodología y sus proyecciones y seguramente quien tenga el poder en democracia tratará de hacer lo mejor ante la vista del público, porque gobernar no sólo es hacer las cosas bien hechas, sino procurar tener la aceptación de los electores, que son los que dirán la última palabra a la hora de las elecciones.
Se tiene la costumbre de hablar mal de todo lo que hace el gobierno de turno, específicamente los que están ubicados en la línea de oposición, sin hacer un análisis sesudo de todo lo que acontece. Cada vez que nos referimos a los adversarios les estamos dando prominencia y actualidad, si hablamos por hablar o escribimos por escribir, como suelen suceder en muchos casos.
Decía el Dr. Arnulfo Arias M. que él no pagaba propaganda política, porque ésta se la hacían sus adversarios y los que tuvimos la suerte de ser sus amigos sabíamos que era parte de su actuar diario.
Estoy de acuerdo con señalar los errores, pero más objetivo sería iniciar campañas para recomendar los correctivos y presentar un plan para evitarlos.
Lo que más conviene es poner la casa en orden. Las luchas intestinas que se vienen suscitando a nivel de los partidos de oposición, son gabelas que se están dando a los grupos en el poder.
¿Por qué han surgido estas luchas? Cuando se llega a la posición cimera en los partidos, los directores se creen irremplazables y actúan irresponsablemente, manteniéndose arriba, sin importarles la suerte que corra su grupo político. Sus asesores que hacen la venia para no perder canonjías, se aprovechan de la ignorancia de muchos de ellos. Además la mayoría de los dirigentes no se han acostumbrado a delegar. Los trabajos en equipo producen muchos beneficios y si se practican, se verán los resultados a todos los niveles.
A la dictadura en los partidos políticos hay que ponerle fin. La era en que tenían dueños pasó a la historia. Los reglamentos establecidos en la Ley Electoral, si se cumplen a cabalidad, permiten ver bien claro que el soberano es el pueblo y no quienes ocupan los cargos directivos. Ejemplo clásico son las elecciones primarias.
Decir por doquier que preocupa la situación del conglomerado es una falacia. El pueblo siempre llevará la carga y recibirá la peor parte.
Procurar conseguir fuentes de trabajo para la población antes que se realicen las elecciones sí es ayuda positiva, tomando en consideración que existen cantidades de capitales inmovilizados, tal vez por la inseguridad para las inversiones.
Es importante realizar un plan agresivo en el cual participen todos los inversionistas que mantienen su capital estancado en los bancos, que bien puede ser mediante la creación de pequeñas y medianas empresas, siempre y cuando se tenga la seguridad que el gobierno les dará la protección necesaria y así se capitalizará gran cantidad de votos independientes, que lógicamente coadyuvará al triunfo de quienes los ayuden.