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Bayley, Osama y Rice


Bayley es considerada una de las tradicionales tiras cómicas de los diarios estadounidenses. El lector promedio de este personaje le permitía, pese a ser soldado, actitudes como quedarse dormido a mitad de cualquier ejercicio. El representa un arquetipo de una cultura promovida por la caricatura, parte del mundo de imágenes que acoge con beneplácito una sociedad que hoy -más que en la agitada década de l960- es multicultural e influida por poderosos medios de comunicación.
Al igual que la caricatura, el orgullo americano se rinde también ante la criatura impresa, como con ironía, define Fernando Díaz Plaja, un cronista de la vida norteamericana, a este miembro del Cuarto Poder. Así, dice el autor de Los Siete Pecados Capitales en U.S.A, ellos y ellas leen los diarios como si su contenido fuera la palabra eterna que contiene la Biblia (en sus diferentes versiones).
Díaz Plaja enlaza sus planteamientos en pleno auge de la Guerra de Vietnam. Hoy, el medio televisivo se ha abierto camino, apuntalado por cable/tv, en esta lucha por el liderazgo de los medios, lo que sintetiza el cuadro de millones de familias frente a la pantalla que, sin tener nada que decirse, se reúne frente a un aparato. Esto bien se puede denominar un círculo de sordos.
Este entorno cultural ha resultado favorable para que el gobierno norteamericano haya encajado la libertad de información en la denominada doctrina de la seguridad nacional. De este propósito y a raíz de los atentados perpetrados a las torres gemelas y al Pentágono(los dos más divulgados) no se han escapado la ABC, CBS y NBC, las potentes cadenas de televisión norteamericanas.
J. González Bedoya, en su obra Manual de Deontología Informativa, resume en interesantes citas el concepto de doctrina de seguridad nacional: ¨Ronald Ziegler, portavoz de la Casa Blanca durante la presidencia de Richard Nixon, mantuvo que la prensa ¨ tiene derecho a publicar y ésto ha de ser entendido por el gobierno¨, aunque especificó que ¨el Estado debe tomarse en serio la seguridad nacional y mantener algunos temas de extrema importancia en secreto, para el bien común¨.
Nixon recibió la guerra y la derrota de Estados Unidos en Vietnam, pero también las innumerables protestas frente a la Casa Blanca y en diferentes puntos del territorio norteamericano. Decenas de miles de jóvenes, exigieron el retiro norteamericano y la firma de la paz. Los antecedentes sobraban: El gobierno de su antecesor, del Partido Demócrata, Lyndon B. Johnson -mediante respaldo del congreso- gastó 700 millones en l965 tan sólo en la adquisición de helicópteros y otros elementos de combate. En agosto de ese año, el mismo cuerpo legislativo aprobó mil 700 millones de dólares, destinados a hacer frente a los gastos de la campaña.
En su interesante obra, González Bedoya recuerda lo publicado por el diario El País (de España) el 19 de junio de l985. "Joseph Latin, quien fuera ayudante de prensa del presidente Lyndon B. Johnson, se mostró a favor de una prensa responsable que no desvelara secretos de Estado. El propio Latín lanzó la siguiente pregunta al público: "Mentí en alguna ocasión cuando era portavoz del gobierno. Si lo hice, fue para salvar la vida de alguien, pero no para salvarle a nadie la piel".
Pero veamos lo nuevo. La asesora de seguridad nacional de la administración de George Bush (hijo), Condoleezza Rice llamó a los principales medios de comunicación de su país para evitar las transmisiones en vivo de Osama bin Laden o sus subordinados. La respuesta no se hizo esperar. Seis cadenas -incluyendo ABC, CBS y NBC-accedieron a limitar esas transmisiones.
Estas presiones, coincidimos con analistas sobre el tema, son ingenuas en un mundo en que la tecnología -el Internet y los satélites- borró las fronteras. No obstante, nos atrevemos a decir que las bombas y la propaganda (por supuesto esta última de carácter político y a favor de Estados Unidos) han condicionado a millones de receptores. Todo esto, favorecido por la coyuntura favorable de la doctrina de seguridad nacional a que apeló Rice en un momento apropiado a los intereses de su gobierno.

101 años de Panamá América

 
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