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Benedicto XVI, el costo de una posición justa


La Iglesia Católica está haciéndole frente a una escalada en su contra, después de las denuncias sobre pedofilia masiva en EE.UU., Irlanda, Alemania e Italia, entre otros países. Son hechos espeluznantes considerando los millares de niños abusados por décadas, con la complicidad de sus congregaciones religiosas. Conocer el hecho y denunciarlo ha requerido, sin dudas, de una tremenda valentía. Y Benedicto XVI tan sólo le ha dado el trato que merecía, denunciándolo y pidiendo perdón en nombre de la más alta jerarquía eclesiástica. Curas inescrupulosos se olvidaron de su misión cristiana y agredieron a quienes debieron proteger. Ahora resulta que al denunciante se le propone renunciar. Si Benedicto XVI no hubiese denunciado el hecho, la humanidad seguiría sin conocerlo. Una carta que redactó Benedicto XVI sobre un caso estadounidense de pedofilia, antes de convertirse en Papa, refleja la prudencia del entonces Cardenal Ratzinger, y no le imputa ninguna culpabilidad. Allí expresa la rabia que le provocaban los clérigos corruptos que han manchado "los ropajes y el rostro" de la Iglesia… "Cuánta inmundicia hay en el seno de la Iglesia, e incluso entre aquellos que, dentro del sacerdocio, debían pertenecer enteramente a Él (Jesucristo)", escribió. Sectores afectados por la posición papal pretenden ahora convertir en acusado, a quien se ha atrevido a develar la hipocresía de sacerdotes que no merecen llevar los hábitos, y que debían estar ante los tribunales.

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