Benigno Amaya Bárcenas
Es una dicha llegar a vivir ochenta y seis (86) años. Quien quiera que haya gozado sana y familiarmente, una existencia de casi un siglo ha sido una persona afortunada.
Este periodo de tiempo abarca más de ocho décadas que el beneficiado, con esta suerte de longevidad, pudo ver transcurrir muchos episodios históricos de la patria; pensar y hacer muchas cosas útiles por el fortalecimiento y engrandecimiento de su casa; aconsejar y conducir a toda su familia por el sendero del estudio, trabajo y honradez; sobre todo, brindarle infinidad de besos, abrazos, caricias y felicidad a su compañera conyugal de más de sesenta y cinco (65) años de matrimonio.
Todos estos comentarios póstumos se los rindo a Don Benigno Amaya Bárcenas, fallecido el pasado sábado 22 de mayo.
Una larga y grata amistad he sostenido con la familia Amaya-Magallón Bárcenas, razón por la cual me hago eco solidario con el corregimiento de Arraiján cabecera, que llora la muerte de uno de su más preclaro habitantes; por su catolicismo humanista y porque junto a esposa, convirtieron su residencia en un oasis de generosidad, donde cualquier vecino o visitante recibía cariño y atención esmerada.
Por ello, todos los que conocimos a "Abalo" -como lo llamábamos cariñosamente- nos unimos al dolor que aflige a sus seres queridos.
Este periodo de tiempo abarca más de ocho décadas que el beneficiado, con esta suerte de longevidad, pudo ver transcurrir muchos episodios históricos de la patria; pensar y hacer muchas cosas útiles por el fortalecimiento y engrandecimiento de su casa; aconsejar y conducir a toda su familia por el sendero del estudio, trabajo y honradez; sobre todo, brindarle infinidad de besos, abrazos, caricias y felicidad a su compañera conyugal de más de sesenta y cinco (65) años de matrimonio.
Todos estos comentarios póstumos se los rindo a Don Benigno Amaya Bárcenas, fallecido el pasado sábado 22 de mayo.
Una larga y grata amistad he sostenido con la familia Amaya-Magallón Bárcenas, razón por la cual me hago eco solidario con el corregimiento de Arraiján cabecera, que llora la muerte de uno de su más preclaro habitantes; por su catolicismo humanista y porque junto a esposa, convirtieron su residencia en un oasis de generosidad, donde cualquier vecino o visitante recibía cariño y atención esmerada.
Por ello, todos los que conocimos a "Abalo" -como lo llamábamos cariñosamente- nos unimos al dolor que aflige a sus seres queridos.